miércoles, 27 de junio de 2012

“Nuevos tipos” de golpe de estado y subversión permanente en América Latina


Han transcurrido 13 años desde que en América Latina y el Caribe, por voluntad de los pueblos, se abriera un período de constitución de gobiernos de izquierda y progresistas que, sin la existencia del campo socialista de la Europa del Este como contrapeso pero con la presencia activa y digna de Cuba, representan una condición de posibilidad para construir o al menos alterar el orden destructivo del capital.

Pero esos gobiernos revolucionarios y progresistas, producto de la combinación de las resistencias al neoliberalismo y al colonialismo -antes y después de la fundación de las repúblicas-, se desarrollan en un escenario caracterizado por el permanente asedio, abierto y encubierto, de las fuerzas capitalistas lideradas por el imperio más implacable que la humanidad haya conocido en su historia de miles de años.

No hay día que transcurra para los pueblos y los gobiernos que están protagonizando el tercer momento emancipador de América Latina y el Caribe, sin que cientos de obstáculos aparezcan en su camino: unos, complejos y numerosos por las grandes dificultades de desmontar más de cinco siglos de orden del capital; otros, construidos por la creatividad destructiva del imperio.

Las tareas son bastante grandes y difíciles. La transición se muestra, de esta manera, compleja y larga; no hay día que pase sin que la condición de posibilidad de avanzar hacia la emancipación no esté acompañada de la condición de posibilidad de la reversión de los procesos y la instalación de la contrarrevolución en sus peores formas.

A cada medida revolucionaria o de reforma social progresista que toman los gobiernos de izquierda, la derecha le responde con otra para frenar su materialización. Es la lucha permanente entre la vida y la muerte. Entre la construcción de una sociedad de nuevo tipo o el restablecimiento de los hilos ocultos de la dictadura del capital.

Desde 1999, cuando en Nuestra América se instala el gobierno bolivariano de Hugo Chávez, hasta la victoria de Fernando Lugo en Paraguay en 2008, las formas del asedio contrarrevolucionario han sido bastantes y todas comandadas por la Casa Blanca y la derecha internacional.

Por bastante empleadas que fueron en la década de los 70, cuando las dictaduras de la “seguridad nacional” asesinaron, torturaron e hicieron desaparecer a miles de personas, la táctica de los golpes de estado ha sido de la más utilizada en lo que va del siglo XXI, con la adiciónno menos importante de mecanismos permanentes de subversión, entendida como la alteración sistemática del nuevo orden que se pretende edificar. Una parte de los medios de comunicación privados juegan un papel importante en el desarrollo de la subversión amplificando los conflictos, tomando algunos elementos de la realidad para construir la realidad que quieren mostrar. Es decir, es la estrategia del desgaste prolongado.

Contra Chávez se desarrollaron dos modalidades de golpe: la patronal y la militar de nuevo tipo. En la primera se hizo uso del predominio de las formas privadas de concentración de la propiedad y la producción para desabastecer la provisión de alimentos y servicios y así generar un ambiente de desconcierto y desesperación de los sectores más amplios de la sociedad. En la segunda se utilizó a una parte de los destacamentos especiales de hombres armados (militares y policías) del estado capitalista para secuestrar al presidente legal y legítimamente constituido por voluntad popular. La segunda modalidad se caracteriza, a diferencia de la experiencia de las décadas de los 60 y 70, en que una fracción de los militares hace el trabajo sucio, pero los civiles asumen la dirección.

Esta segunda modalidad de golpe de estado de “nuevo tipo” ha sido desplegada contra Chávez y Manuel Zelaya en 2002 y 2009 respectivamente. La primera fue derrotada por la rápida reacción popular y por una correlación de fuerzas sociales internas desfavorables a los golpistas. La segunda salió exitosa a pesar de la inmediata reacción internacional liderada por los países del ALBA (que no existía cuando se pretendió liquidar la revolución bolivariana) y debido a la escasa cohesión social interna. Pero en ambos casos, correspondió a los civiles (dirigentes empresariales o políticos) asumir el mando: por no más de 48 horas en el caso de Venezuela (con Pedro Carmona) y por varios meses en Honduras con RobertoMicheleti.

Pero a las dos modalidades empleadas contra Chávez y Zelaya, se añade otra de aparente legalidad: el golpe de estado congresal, aunque una combinada con la participación de militares y otra de sola concurrencia parlamentaria. En el caso del presidente hondureño se emplearon ambas, pues el general Vásquez encabezó el golpe pero la conducción del país fue asumida por el presidente del Congreso Nacional. La variante de la sola participación parlamentaria fue experimentada el pasado viernes (22 de junio) en Paraguay, cuando en menos de 48 horas diputados y senadores abrieron y cerraron, respectivamente, un juicio político en el que el acusado (Fernando Lugo) no tuvo tiempo ni para defenderse. De ahí que fuera calificado como “Golpe parlamentario Express”. Aquí la condena internacional salió de UNASUR, MERCOSUR y el ALBA. La OEA -brazo político de EE.UU.-acompañó el golpe con su silencio.

Pero siempre en la línea de los golpes de estado, la América Latina y el Caribe del siglo XXI ha experimentado una cuarta modalidad: la del golpe cívico-prefectural, por hacer referencia ala combinación de fuerzas sociales conservadoras y autoridades subnacionales. Este es el caso de Bolivia, donde en 2008 el presidente Evo Morales enfrentó una arremetida ultraderechista focalizada en lo que se llamó “la media luna”, integrada por los departamentos orientales de Pando, Beni, Santa Cruz y Tarija. Se trataba de forzar el derrocamiento del presidente y líder indígena por la vía de dividir el país en dos. La ofensiva derechista fue derrotada, pero su ejemplo despertó la simpatía de las clases dominantes asentadas en el estado de Zulia en Venezuela y Guayaquil en Ecuador.

Pues bien, a los cuatro “nuevos tipos” de golpe de estado que la derecha ha puesto en juego en el siglo XXI, hay que sumar otra: la del amotinamiento policial. Todo empieza como protesta reivindicativa y va tomando en horas la forma de proyecto político. Le ha correspondido al presidente ecuatoriano Rafael Correa experimentar en 2010 y su derrota solo fue posible por la actitud valiente del jefe de estado y la rápida reacción de la mayor parte de la ciudadanía, además del rechazo internacional de UNASUR y el ALBA, pero también con el silencio de la OEA.

Si bien habrá que esperar a reunir los hechos y apreciar mejor el desplazamiento de los actores, una situación más o menos parecida se ha registrado ahora en Bolivia. Una protesta policial asentada en una demanda sectorial tomó la forma de un amotinamiento violento y que horas después se tradujo, a pesar de la convocatoria del gobierno al diálogo, en la toma de instalaciones, el saqueo y quema de documentación, el apedreamiento de dos Ministerios (de Gobierno y Justicia), la advertencia de abrir los recintos penitenciarios y la amenaza de poner fin al mandato del presidente Evo Morales.

La protesta policial se registra, casualidad o no, poco tiempo después que se descubriera el fallido intento de la embajada de Estados Unidos de trasladar armas, sin autorización alguna, del departamento del Beni a Santa Cruz, y del cambio del mando policial que desactivó el operativo estadounidense y en medio de la disputa por el ascenso a generales.

La respuesta del gobierno ha sido “encapsular” el conflicto en lo reivindicativo y solo algunas parcas declaraciones de las autoridades y una reacción de los movimientos sociales a través de los medios de comunicación, principalmente estatales, ha mostrado algunos componentes de lo político. En Bolivia no se ha registrado una alteración estructural del orden constitucional, pero que se construyó un escenario de golpe de estado es innegable.

Más de cinco golpes de estado de “nuevo tipo” desde 2002 -de los que dos han resultado exitosos-, muestran los grandes peligros que acechan a los gobiernos de izquierda y progresistas de América Latina y el Caribe. La transición no está llena de pétalos de rosa.

sábado, 16 de junio de 2012

Hay esperanza entre el despojo y los conflictos.


Marco A. Gandásegui, hijo
JUEVES, 14 DE JUNIO DE 2012
La película que estamos presenciando en nuestras pantallas gigantes a escala mundial reproduce un viejo guión ya conocido por los amantes del cine del siglo XX. Los directores y las estrellas – los actores sociales - cambian pero las historias son las mismas.

1. Con relación a los indígenas y campesinos, en la actualidad, los conflictos entre los gobiernos y estas comunidades son el resultado del despojo de sus tierras codiciadas para la explotación minera, hidroeléctrica, turística o de otro tipo. La política de los gobiernos de la región, en esta etapa que yo llamaría “pos-neo-liberal”, es de despojo territorial. Para los inversionistas, la fuerza de trabajo indígena-campesina perdió su valor para producir excedentes (plus-valor). Como consecuencia, ahora privilegian el despojo mediante la especulación y explotación de sus tierras.

2. Los conflictos de alto perfil que caracterizan las luchas campesino-indígenas a principios del siglo XXI (en toda la región) ya no se deben a una política de deprimir el costo de su mano de obra ya de hecho muy barata. Esta última política caracterizó la segunda mitad del siglo XX en que la fuerza de trabajo “marginalizada” indígena y campesina “semi-proletarizada” era súper-explotada (es decir, pagada incluso por debajo de su costo de reproducción, como lo demostró Ruy Mauro Marini).

3. Con relación a los trabajadores, en general, hay que aclarar que el “despojo” aplicado durante el período neoliberal (1980-2005) significó arrancarle a los trabajadores asalariados – mediante la desregulación, flexibilización y privatización - sus ahorros depositados en las instituciones de seguridad social. Igualmente, poniendo fin a la estabilidad laboral, disminuyendo los servicios de salud y la educación. En Panamá esta política se oficializó después de la invasión militar norteamericana en 1989. El gobierno de Pérez Balladares (1994-1999) desarticuló las organizaciones laborales y acabó con las capas medias. Los gobiernos promovieron el “empleo informal” (en la actualidad, el 40 por ciento de los empleados trabajan sin contratos ni seguridad social) y deprimieron los salarios por debajo del costo de la canasta básica, con horarios flexibles ajustables a las necesidades del empleador quienes ignoran las leyes y el derecho laboral.

4. El despojo pos-neo-liberal tiene carácter territorial y se alinea con la llamada “reprimarización” de las economías de la región. Es decir, la re-conversión de las economías en exportadoras agro-mineras para satisfacer las crecientes demandas del cambiante mercado mundial, especialmente del apetito industrial de China. Las demandas de las materias primas han favorecido a muchos países de América latina y sus balanzas comerciales. En el caso de Panamá, como ejemplos de estos despojos territoriales tenemos a Petaquilla y, en una espera nerviosa, a Cerro Colorado. También se destacan Cerro Quema (Los Santos) y Santa Rosa (Veraguas).

5. El oro que se extrae de Petaquilla tiene un precio en el mercado mundial que supera holgadamente los US$1500 la onza. La empresa canadiense dueña de la concesión calcula sus ventas anuales en mil millones de dólares. En el caso del cobre, que tiene un precio que oscila cerca de los US$800 la tonelada, los inversionistas canadienses y coreanos (en combinación con sus agentes gubernamentales nacionales) anuncian la próxima explotación de esa veta en Petaquilla. A su vez, estos mismos grupos están a la espera que se venda CODEMIN, empresa estatal dueña de los derechos de explotación de los ricos yacimientos cupríferos de Cerro Colorado.

6. Las políticas neoliberales colapsaron a escala global en 2008 al estallar la crisis financiera. Aún los países llamados “centrales” no se recuperan. EEUU inyecta los dineros de los demás países que capta mediante su política de endeudamiento (le debe a China cerca de US$ 900 mil millones) en sus bancos en bancarrota. Europa entró en una fase de recesión que obliga a sus 27 países miembros a montar una opereta de falsetes y engaños que pronto se desplomará en una debacle financiera.

7. Panamá ha sobrevivido los estragos económicos que golpean las economías del “centro” sobre la base de un crecimiento financiero artificial generado por la inyección de 5 mil millones de dólares en la ampliación del Canal, la expansión portuaria en ambos extremos de la vía acuática y las operaciones especulativas de su centro bancario. La prosperidad futura no está en manos del país. Depende del crecimiento de la demanda de materias primas de los países asiáticos, especialmente de China y de las exportaciones de este país a EEUU, que éste paga con deuda.

8. La parte final del guión está redactándose. Hay dos alternativas: Primero, en la medida en que se apliquen políticas de desarrollo nacional – mediante un plan cuidadosamente concebido – se puede aprovechar el crecimiento pasajero del sector no productivo de la economía y asegurar que los restos del modelo neoliberal (ya parte de la historia) tengan un aterrizaje suave, que le permita al país invertir en el sector productivo. Segundo, si no hay un plan, el modelo neoliberal se estrellará y entraremos en una fase recesiva de la economía (es decir, crecimiento negativo). No tendremos producción agropecuaria ni industrial. Además, el Canal no generará lo suficiente para arrastrar el resto de la economía, los puertos reducirán drásticamente sus actividades y la especulación bancaria perderá su capacidad de alimentar el espiral consumista de los sectores acomodados del país.

sábado, 9 de junio de 2012

LOS ESTUDIANTES Y LA CRISIS UNIVERSITARIA

MARCO A. GANDASEGUI 
Era un viernes y la semana llegaba a su fin en la Universidad de Panamá. Varios grupos estudiantiles tenían varias semanas de estar analizando la situación nacional que se deterioraba con el paso de cada día. Los estudiantes compartían las preocupaciones del pueblo panameño en torno a los escándalos de corrupción que remecían al gobierno y, además, los anuncios de mega-proyectos que endeudaban a las futuras generaciones. Lo que más incertidumbre crea en los sectores populares es el encarecimiento constante de la “canasta básica”. Los precios de los bienes fundamentales se alejan cada vez más del presupuesto de la familia panameña.


Los estudiantes decidieron salir a la calle a manifestar su protesta – en solidaridad con el pueblo panameño – contra el alto costo de la vida provocada por las políticas gubernamentales. Desde principios de la década de 1940 – hace 70 años – los estudiantes repudian las medidas antipopulares de quienes ostentan el poder político levantando su voz para que todos la escuchen.

Los gobiernos de turno no han titubeado con amenazar el cierre de la casa de estudios. Así ocurrió en 1947 cuando los estudiante encabezaron el rechazo al acuerdo Filós-Hines que convertía a la República en una base militar norteamericana. En la década de 1950 durante las operaciones “Soberanía” que sembraba banderas en la desparecida Zona del Canal. La década de 1960 fue un constante enfrentamiento entre los jóvenes estudiantes y los políticos que sólo tenían intereses mercantiles en la mente. El golpe militar de 1968 fue rechazado por los estudiantes, causando el cierre por un año de la Universidad.

Durante el gobierno militar – 1968 a 1989 – no pasaba un solo día en que los estudiantes repudiaban mediante sus escritos y acciones la falta de democracia y los manejos turbios. En el período más álgido, entre 1971 y 1977, condujo los destinos de la Universidad el rector Rómulo Escobar Betancourt, quien logró establecer un método de convivencia entre los tres estamentos universitarios: profesores, estudiantes y administrativos. El acuerdo, con sus quebrantos, se ha mantenido hasta la fecha. 

Incidentes graves han puesto en peligro la relación entre Universidad y gobierno, pero han sido resueltos a través de negociaciones que reflejan las condiciones cambiantes del país y de la Universidad. En muchas ocasiones las clases han sido suspendidas, para luego reiniciarse.

Quizás el capítulo más traumático que ha vivido la Universidad – al igual que el país – fue la invasión norteamericana a fines de 1989. La casa de estudios se preparó para lo peor: un cierre definitivo o una intervención militar extranjera. Sin embargo, los estamentos de aquella época se unieron y enfrentaron el reto con valentía. Incluso, el campus universitario “Octavio Méndez Pereira” vio los tanques norteamericanos, acompañados por soldados de infantería, penetrar sus predios para después retirarse.

El viernes, 26 de mayo de 2012, salieron los estudiantes a protestar y, como siempre, fueron reprimidos por la policía antidisturbios. Los enfrentamientos causaron daños materiales sustanciosos, como suele ocurrir cuando la Policía arremete contra quienes protestan. Habría que cuantificarlas y exigirle a las autoridades que repongan los costos de los daños ocasionados.

El Consejo Académico se reunió y rapidamente acogió una propuesta para cerrar el “campus” hasta que los ánimos se caldearan. Los miembros del Consejo ya están acostumbrados a estos cierres de 24 horas. Sin embargo, el cierre se prolongó por más de una semana. Entre medio, el Consejo Académico sancionó a seis estudiantes por su supuesta participación en el enfrentamiento con la policía antidisturbios. Esta decisión provocó otra protesta que fue contaminada por el ataque injustificado a un funcionario de la Universidad que filmaba a los estudiantes. 

Las autoridades antes de reiniciar las clases le pidieron a todas las Facultades que realizaran asambleas con sus profesores para que deliberaran sobre los acontecimientos. Por unanimidad todas pidieron que se abrieran las aulas y que se normalizaran las clases. Se pidió también que se hiciera una investigación prolija de los incidentes ocurridos tanto el viernes, 25 de mayo, como cuando fuera atacado el funcionario universitario.

Los estudiantes, a su vez, no se quedaron mudos. Entre los comunicados se destaca uno que denunciaba “que la paralización de clases y el bloqueo del ‘campus’ obedece al interés de cercenar cualquier forma de crítica en contra de la dictadura de Ricardo Martinelli, mientras se aprueba el Fondo Soberano y se masacran los manglares de la ciudad de Panamá mediante leyes insensatas”.

Hay que recordar que la Universidad es una institución con una vida orgánica muy rica y variada. Mientras forma nuevos profesionales que reciben sus licencias para ejercer sus especialidades, también está realizando investigaciones y proyecta una labor de extensión en todo el país. Según el sociólogo argentino, Juan Carlos Portantiero, la universidad tiene tres competencias a partir de las grandes reformas del siglo XX: “La formación de los líderes políticos, el debate ideológico y la promoción del cambio social”. 

La Universidad de Panamá ha cumplido con su responsabilidad y los estudiantes con los suyos, a pesar de enfrentarse muchas veces con situaciones desfavorables, producto de nuestra realidad nacional. A la institución fundada en 1935 sólo le queda seguir avanzando con la meta de consolidarse como conciencia crítica de la Nación. 

Panamá, 7 de junio de 2012

miércoles, 6 de junio de 2012

LA CRISIS POLÍTICA PANAMEÑA DE LA DÉCADA DE 1940

Por Olmedo Beluche

La década de 1940 se caracterizó por una gran inestabilidad política y una lucha a muerte entre las diversas fracciones de la burguesía por el control del aparato del Estado panameño. Esa crisis política es una continuación de un proceso conflictivo iniciado desde la segunda mitad de los años 20, con el fraccionamiento del Partido Liberal (chiaristas y porristas), el Golpe de Acción Comunal y las disputas electorales de 1932, 1936 y 1940.


El telón de fondo de la inestabilidad política, era la transformación profunda de las estructuras económicas de la sociedad panameña. La burguesía comercial – importadora, que había controlado al país desde 1903, y su forma de acumulación rentista, concentrada en extraer plusvalía del alquiler habitacional para los obreros del canal se agotó (Huelga Inquilinaria de 1925). La decadencia de este sector se reforzó con la crisis mundial de 1929, que se extendió hasta los años 30. Esa crisis va a dar origen a un nuevo sector, basado en la producción industrial para el mercado interno impulsado por los Tratados Arias – Roosevelt (1936), que abrieron el mercado de la Zona del Canal a la producción nacional de carne de res y cerveza.


Las disputas sangrientas entre liberales y “arnulfistas” (panameñistas), durante la década del 40, son una disputa entre dos fracciones de la clase dominante y dos modelos de país, pero no se expresaban como proyectos diáfanos, sino que a menudo se entrecruzaban intereses personales y económicos que hacen confuso el panorama. 


En el liberalismo, y sus diversas fracciones, se encontraban tanto los viejos sectores comerciales-importadores (oligarquía), como la naciente burguesía industrial, que fue adquiriendo cada vez más peso. Este último sector, estaba representado por el Partido Liberal Nacional de Chiari, que se impondría finalmente; mientras que los sectores decadentes se expresaban a través del Liberal Renovador (Pancho Arias), el Liberal Doctrinario (Domingo Díaz), el liberal Demócrata (Enrique A. Jiménez). 


Entorno a Arnulfo Arias, se agrupaban sectores conservadores del interior, con el apoyo de capas medias y populares, que expresaban un imaginario político antinorteamericano (nacionalista) pero defendiendo un país más bien agrario que moderno. En esas disputas, la izquierda panameña, constituida por socialistas (Demetrio Porras), comunistas (Hugo Víctor) y el Frente Patriótico de la Juventud (Jorge Illueca y otros) actuarían en las coyunturas claves como aliados de los liberales contra Arnulfo Arias, en quien veían a un fascista en ciernes.


La lucha entre liberales y arnulfistas se desenvolvió a lo largo de la década en dos momentos: el primer lustro, caracterizado por un auge económico gracias a la guerra y a la proliferación de bases norteamericanas; y un segundo lustro de crisis económica y fiscal.

La primera fase empieza con el Golpe de estado de 1941 contra Arnulfo Arias, en el que coaligaron la oligarquía tradicional (liberal), los norteamericanos y la cúpula de la Policía Nacional (José A. Remón Cantera), la cual empezaba a actuar como árbitro en los conflictos. Pero el golpe no saldó la situación, pues el gobierno de Ricardo Adolfo De la Guardia, se movía entre dos aguas, sufriendo conspiraciones tanto arnulfista como liberales, unos deseando el retorno del Líder y otros exigiendo barrer a los ministros que quedaban de su gobierno.


En una jugada para evitar que la Asamblea Legislativa lo sacara del poder, De la Guardia pactó una Junta de Gobierno compartida con Francisco Arias Paredes y Domingo Díaz, y convocó la Asamblea Constituyente en 1945. Pero la fracción arnulfista de la Asamblea designó a Jeptha B. Duncan como Presidente encargado. La Policía Nacional saldó la situación apoyando a De la Guardia, teniendo que exilarse en la Zona del Canal el Sr. Duncan.


La elección de la Constituyente tampoco canceló la crisis pues la alianza liberal se escindió a la hora de nombrar al Presidente Provisional, entre los que apoyaban a Eduardo Chiari (Liberal Nacional, Conservador y Nacional Revolucionario) y la fracción que se impuso en torno a Enrique Jiménez (Liberal Demócrata y Doctrinario de Domingo Díaz).


Promulgada la Constitución en 1946, la siguiente crisis se produce porque Jiménez se niega a dejar la Presidencia Provisional y convocar elecciones. Hubo un intento de la Asamblea Legislativa de sacarlo, pero nuevamente la Policía Nacional decide a favor de éste, que gobernó hasta las elecciones de 1948.


Las elecciones de 1948 son una continuación de la crisis, quedando marcadas por la violencia y el fraude. Arnulfo Arias vuelve a ser candidato confrontado por una alianza liberal encabezada por Domingo Díaz, Daniel Chanis y Roberto Chiari. Como pasaban semanas y no se proclamaban los resultados electorales se abrió una crisis teñida de movilizaciones callejeras y enfrentamientos sangrientos. En esas circunstancias, la Asamblea Nacional intenta destituir a Enrique Jiménez y suplantarlo por Herique de Obarrio, el 12 de julio. Pero nuevamente, Remón inclina la balanza hacia la fracción gobernante que proclama a Domingo Díaz ganador.

Díaz gobierna un año, hasta que muere en agosto del 49, cuando es reemplazado por el primer vicepresidente Daniel Chanis, quien gobierna en medio de una gran crisis económica. En este momento se rompe la alianza gobernante en medio de la disputa por el control del matadero, que vendía carne a la Zona del Canal,. Se acusa a Remón Cantera y al Partido Liberal Doctrinario de controlar diversos negocios, como el matadero, en desmedro de otros productores.


El 19 de noviembre de 1949, en medio de una gran conmoción nacional, Chanis le exige la renuncia a Remón, pero éste se encierra en el Cuartel Central y, a su vez, exige la renuncia de Chanis bajo a menaza de sacarlo a la fuerza. Pero la Asamblea no aceptó la renuncia de Chanis. Por lo cual, de manera inusitada, Remón pacta con Arnulfo Arias y el 25 de noviembre, la Junta Electoral hace un “recuento de actas” reconociéndolo como Presidente.


Arnulfo Arias gobernó desde noviembre del 49 hasta mayo del 51, aduciendo que cargaba en su bolsillo la renuncia de los comandantes de la Policía, pero nunca la hizo efectiva. El final de su gobierno llegaría acicateado por una gran crisis fiscal, en la que se rumoraba respecto a la crisis de los bancos estatales. Como intento de saldar la situación emitió el 7 de mayo de 1951 un decreto por el cual suspendía la Constitución de 1946 y restituía la del 41, declaraba la suspensión de las garantías individuales, y arrestaba a numerosos opositores.


Las protestas estallaron, hubo violencia en las calles, y una marcha popular terminó en el Cuartel Central pidiéndole a Remón que depusiera a Arias. Pese a que el 9 de mayo el presidente derogó el decreto, no se evitó el sangriento Golpe de Estado del 10 de mayo. Alcibíades Arosemena asumió la presidencia, creándose así las condiciones para que José A. Remón Cantera pasara de árbitro de conflictos por una década a actor central del gobierno panameño, presentando la Coalición Patriótica en las elecciones de 1952.

Aunque el gobierno, autoritario y macartista, de Remón impuso por la fuerza cierta paz social durante tres años, su asesinato y las conmociones políticas posteriores, indican que las diputas no desaparecieron sino que quedaron adormecidas por breve lapso. En este proceso, adquirió un peso cada vez mayor del sector que impulsaba la industrialización sustitutiva, el más modernizante de la burguesía, pues se apoyaba en el modelo de capitalismo impulsado desde Estados Unidos a mediados del siglo. Este sector se expresaba principalmente a través del Partido Liberal Nacional.


Sin embargo, las disputas interburguesasa por el control del Estado panameño persistieron a lo largo de los años sesenta, saliendo a flote en las coyunturas críticas: fraude electoral de 1964 y en la crisis de 1967-68. 


Esta última marcó una nueva ruptura de la fracción gobernante, expresada en el rechazo del conjunto de la oligarquía a la reforma tributaria del candidato presidencial David Samudio (del PLN). Razón por la cual, fracasado el intento de deponer a Marcos Robles, padrino electoral de Samudio, la oligarquía optó por pactar con su enemigo histórico, Arnulfo Arias, siguiendo un esquema parecido al de Remón Cantera en 1949. Las disputas interburguesas no se resolverían hasta el Golpe de Estado de octubre de 1968.

lunes, 28 de mayo de 2012

LOS HABITOS BURGUESES: ARMAS DEL ENEMIGO Y DE ABORTOS PSEUDOREVOLUCIONARIOS

Por: Nicolás Morantes - PCCC Suroccidente de Colombia

“Nosotros no hacemos la guerra por la guerra, lo que buscamos es eliminar lo que ha generado esa guerra”.             Comandante Jorge Briceño

El comportamiento cotidiano de los revolucionarios es y debe ser siempre coherente con la dinámica ejemplar del Nuevo Hombre y la Nueva Mujer que empuñan las armas y las herramientas de la construcción de la Nueva Colombia, por eso es que seguimos en la lucha diaria las huellas que en campos y ciudades han dejado camaradas como Manuel Marulanda, Jorge Briceño y Alfonso Cano, el mismo camino edificador de los cimientos de la Nueva Colombia que hoy representa como comandante de las luchas del Ejército del Pueblo Colombiano el camarada Timoleón Jiménez, destacamento otorgado al ser humano consecuente con las necesidades de su patria, certero en el combate y ejemplo concreto de la ética y la moral revolucionaria. 

El legado ético y moral de los grandes obreros constructores del socialismo en Colombia es arrollador por su contenido humano y sobre todo por su coherencia con la disciplina proletaria, un trabajo constante por destacar con el menudo ejemplo los valores engendrados en las luchas y victorias de la clase trabajadora de todo el planeta, por ello es que en las filas de la lucha del pueblo Colombiano se trabaja bajo los valores de la solidaridad, la disciplina, la humildad, el respeto, la camaradería y sobre todo en el ejercicio constante de la crítica y la autocrítica constructiva y propositiva. Todas las anteriores, tareas inmediatas que debemos asumir quienes luchamos y cabalgamos en las sendas bolivarianas que conducirán al socialismo. 

De igual forma debemos hablar de algunos comportamientos que van en contra del avance del pueblo hacia la transformación social que anhela y necesita, pues son hábitos erróneos, tan reaccionarios y caducos como la burguesía y su capitalismo. 

El ejercicio constante de la burguesía, apoyada en su aparato de control psicológico y de destrucción ideológica: los medios masivos de comunicación, es promover una serie de conductas basadas en el egoísmo, el consumismo, el despilfarro, la concepción de “belleza” propia de la publicidad gringo-europea, entre otros. Actuaciones que caracterizan a esa clase retardataria del progreso social.

Por eso quien en la práctica cotidiana responde a las dinámicas de ésta clase reaccionaria no puede y mucho menos debe autoproclamarse revolucionario. La revolución no es cuestión de discurso, ni de fachada, ni de moda... comprarse una camiseta del che y dejarse crecer la barba a nadie convierte mágicamente en revolucionario, tampoco leerse diez libros a la semana y salir el sábado a emborracharse a nombre de la revolución, mucho menos conformar un grupo de profesionales expertos en logística de fiestas, licor y drogas que se saben críticas de libros y nombres de comandantes guerrilleros mecánicamente cual canción de reggaetón, o conformar un ejército de fanáticas enamoradas a punta de verborradicalidad pseudorevolucionaria, o participando grandilocuentemente de los debates intelectualoides acompañados de un cafecito en las cavernas universitarias tratando de desprestigiar teóricamente  la lucha armada del pueblo desde sus aposentos tronales haciéndole la tarea a las clases dominantes mientras estos “intelectualísimos” se masturban la lengua y el espíritu hablando a nombre de la revolución. Nada de esto sirve, y nunca ha servido para forjar un militante de la revolución que camina en dirección del Socialismo.

Ya bien lo decía el camarada Jorge Briceño: “El ser guerrillero es una altísima responsabilidad, aquí lo que hacemos es moderar, mejorar el carácter, el pensamiento de la gente que llega de una  sociedad capitalista, una sociedad chismosa, ladrona, marihuanera y corrompida, para que vayan sabiendo repetidas veces que todo lo que se enseña en nuestra línea, con el estatuto el reglamento las normas de comando… es lo que tiene validez, lo demás es la propaganda del enemigo, para hacer guerra psicológica para que el pueblo no nos apoye”, mejor descripción del estado actual de las cosas en la sociedad no pudo haber, que forma más clara y concreta de ejemplificar todos los males que obedecen a la superestructura del Estado Burgués que repercuten en el retraso de la revolución en nuestro país, que manera más exacta de castigar cual Tisífone griega, usando el látigo de la denuncia irrefutable del comportamiento de esos burgueses y pseudorevolucionarios que conforman por igual esa “sociedad capitalista (…), sociedad chismosa, ladrona, marihuanera y corrompida”.

Y que bien invita a asumir la responsabilidad de ser guerrillero, la máxima expresión y cualidad del revolucionario, el deber de “moderar, mejorar el carácter, el pensamiento de la gente que llega de una  sociedad capitalista(...)”, por supuesto hace referencia a dar con fortaleza la pelea más difícil que debemos dar los revolucionarios, la pelea que afrontamos ideológicamente en nuestro interior, la lucha que se desempeña en nuestra mente por destruir el pensamiento burgués y darle paso a la ideología revolucionaria, las concepciones proletarias, el método dialectico de manera que en la práctica, en la cotidianidad, en la vida común seamos ejemplo de la nueva sociedad, de los hombres y mujeres de la Nueva Colombia.

Debemos acabar con el fraccionalismo que generan esos elementos burgueses y pequeñoburgueses de la “sociedad chismosa”, terminar el amiguismo producto de la “sociedad corrompida”, para acoger en el seno del pueblo una nueva moral que sea superior, como diría Álvaro Cunhal en su libro “Un partido con paredes de cristal”: “la moral comunista se afirma en una base objetiva que determina su naturaleza de clase (…), la base material de la moral comunista son las condiciones de trabajo y de vida del proletariado, su lucha contra el capital.” He aquí lo que caracteriza el comportamiento de los revolucionarios, pues las bases que determinan en la práctica la coherencia obedecen a condiciones materiales de trabajo constante, de disciplina, de trabajo colectivo. Mientras a los acomodados burgueses y pequeñoburgueses todos valores les son ajenos y distantes pues toda su vida ha sido erguida bajo el fundamento social del capitalismo: el egoísmo.

Así, debemos practicar a luz de sol y luna, en todo momento y lugar los valores revolucionarios que ejemplifican el deber ser del pueblo que se encamina hacia la revolución. Estos valores son (apoyándonos en el camarada Cunhal miembro de Partido Comunista Portugués -PCP-): “la cohesión, la solidaridad, la ayuda recíproca, la abnegación, la generosidad, la combatividad, la decisión, la capacidad de sacrificio, la disciplina, la confianza en sí mismo y en el futuro (...)”, con estos ejemplos es fácil saber quiénes son camaradas y compañeros, y a la vez detectar los elementos pequeñoburgueses que tanto daño le hacen al proceso de construcción de la Nueva Colombia pues hay una brecha gigante entre lo que somos nosotros y lo que compone a estos reaccionarios, “mientras que el capitalismo, el imperialismo, el chovinismo, el colonialismo, el neocolonialismo, el racismo, se expresan en el plano moral por conceptos y sentimientos de egoísmo, rapacidad, dominio ilegitimo, desprecio por los otros seres, la causa obrera inspira conceptos y sentimientos de generosidad, de fraternidad, de solidaridad, de amor por el ser humano” (Cunhal).
  
Caminar por las mismas sendas que nuestro Libertador Simón Bolívar cabalgo implica, como hemos visto, asumir la profunda responsabilidad ética que esto conlleva, proponerse dar la pelea por cambiar la sociedad capitalista es una tarea ardua que se debe realizar día a día y noche a noche sin cesar, enfrentar a la burguesía en el campo económico, político e ideológico es asumir que estamos dispuestos a poner nuestras vidas en manos del pueblo y la revolución, para ser coherentes con la disciplina debemos ser responsables en las “cosas grandes” y debemos serlo en las “cosas pequeñas”, en los actos cotidianos, fortaleciendo la ética y la moral revolucionaria. Todo esto lo hacemos con todo el orgullo proletario y con el mayor gusto, porque esto es lo que somos los integrantes del Movimiento Bolivariano, es lo que somos los militantes del Partido Comunista Clandestino de Colombia, es lo que somos los guerrilleros y guerrilleras de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, es lo que somos todo el pueblo que está construyendo la Nueva Colombia, de teoría y práctica... ¡somos Revolucionarios! 

lunes, 21 de mayo de 2012

El dilema árabe: entre el panarabismo y el panislamismo

Simón Saba.
 
El llamado “mundo árabe” se ubica entre el norte de África y Asia Occidental. En él se hablan diversos dialectos que tienen que ver con el origen de los idiomas anteriores a la invasión árabe que vino acompañada del islam, una nueva religión surgida en la península Arábiga y de tradición abrahámica, al igual que el judaísmo y el cristianismo. 
 
Los autóctonos de la mayoría de los países que hoy son árabes hablaban idiomas semíticos, como por ejemplo el sirio (o “arameo”) en la gran Siria, o de los derivados fenicios (también surgidos del arameo o cananeo), como en Túnez y Argelia. En la actual Iraq se hablaban los idiomas mesopotámicos (asirio, caldeo, etc.), también semíticos. Paramos aquí, pero quienes deseen ver más detalles sobre estos idiomas pueden consultar otras fuentes, como libros o enciclopedias sobre las familias idiomáticas.

Durante los primeros años de la expansión islámica casi todos los actuales territorios de los países árabes estuvieron bajo un gobierno único, al igual que lo estuvieron los países árabes y europeos durante el Imperio Romano. Pero las rivalidades y luchas dinásticas y sectarias fragmentaron al mundo árabe. En su mayoría, volvió a unificarse bajo el régimen otomano (con la salvedad de las actuales Marruecos, Mauritania y Somalía), hasta que comenzó a perder territorios, sea por independencia (Egipto) u ocupación de otras potencias (Argelia, Yemen, etc.), manteniéndose el ritmo de desintegración hasta la Primera Guerra Mundial, cuando todos los países árabes salieron del dominio otomano, para casi todos para caer bajo el dominio de las grandes potencias europeas y ser fragmentados hasta llegar a ser 22 países.

Es por ello que era de esperarse que llegaría el momento de alguien que promovería el retorno al pan-arabismo, o simplemente, arabismo, para revertir las divisiones y fragmentaciones en que había caído.

En Siria e Iraq surgieron los partidos Socialista Árabe (Baath) y el Nacionalista Social Sirio (Qawmi), con visiones que coincidían por un lado y diferían por el otro. El Baath era de izquierdas y el Qawmi era de derecha, pero coincidían en su visión arabista, aunque el Qawmi se limitaba al noreste árabe (conocido como “creciente fértil”), mientras el Baath tenía pretensiones más amplias.
En Egipto hubo una revolución nacionalista que fue encabezada por Gamal Abdel-Nasser, que también tenía intenciones pan-arabistas. Luego, en casi todos los países hubo movimientos similares, como en Libia, Argelia, Yemen del Sur, etc.

Los enemigos comunes de los árabes

Para los movimientos nacionalista árabes, hay que atender a los problemas y enemigos comunes de los árabes. Por el Magreb los enemigos eran Francia y España, hasta que se reunificó Marruecos y se independizaron Argelia, Túnez, y Mauritania. Hacemos un paréntesis para señalar que se mantiene el contencioso por la región saharawi, que fue colonia española hasta que la abandonó sin dejar un país atrás, y fue ocupada por Marruecos y Mauritania. Mauritania se retiró y Marruecos se quedó sola con el territorio, al momento que se mantiene una resistencia a la denominada ocupación, sin solución definitiva a la vista. También hay conflictos menores por Ceuta, Melilla y otros enclaves.

Libia estuvo bajo dominio italiano, pero al terminar la Segunda Guerra Mundial, aunque consiguió su independencia formal, en la práctica cayó bajo dominio anglo-americano. La Egipto monárquica junto al Sudán y Somalía estaban bajo dominio británico, al igual que Palestina, Jordania, Iraq, y casi todos los países de la Península Arábiga, con excepción de Arabia Saudita, nominalmente independiente pero que se sometió al dominio-protección norteamericana. Siria y Líbano estaban bajo dominio francés.

Pero las principales fuentes de enemistad son 3 hechos u ocupaciones de territorios árabes: 1) La presencia judía en Palestina donde se instaló el Estado de Israel. 2) La ocupación turca de territorios al noroeste de Siria, tanto inmediatamente al terminar la primera guerra como en 1938, cuando Francia entregó las tierras donde están las ciudades de Alejandreta (Iskanderún) y Antioquía. Y 3) La ocupación persa de un país árabe que se llamaba el Arabistán, actual Ahvaz iraní.

Pero debido a las alianzas con occidente, y a los límites y ubicación geográfica, el principal enemigo y el más emblemático es Israel, porque además es de otra religión, nuevos en la región, y ocupa los principales lugares religiosos musulmanes y cristianos, o sea, el corazón de las 2 principales religiones árabes.

Y contrariamente a los conflictos con Irán y Turquía, que están en las periferias del mundo árabe y que limitan con un solo país en cada caso, Israel tiene límites o está cerca de Egipto, Líbano, Siria, Jordania, el remanente de Palestina, Arabia Saudita e Iraq.

Esto se complementa a que sus correligionarios judíos en occidente tienen fuerte presencia en los sectores de poder en todos los países occidentales, lo que complica más la situación, porque su superficie y población no se compaginan con su poderío real que es mucho mayor, ya que tienen a casi toda la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a su disposición, o sea, tienen mando en la mayor alianza militar del mundo, que también representa más del 75% del presupuesto bélico del mundo.

En cambio, los árabes en Irán son musulmanes chiítas, al igual que la mayoría persa, mientras que en Turquía se combinó una limpieza étnica con una colonización de los territorios donde antes vivían árabes, armenios y arameos de religiones cristiana o alawita, hoy día casi exterminados, y se ha tratado de asimilar forzosamente al remanente.

La “no unidad” religiosa y étnica árabe

Algo que divide a los árabes es la falta de unidad primaria. Hace siglos que no se encuentran bajo un gobierno único, quizás desde la época de los califas omeyas. Luego, en el color de piel hay algunas diferencias, porque un rubio sirio puede ser tan “árabe” como un negro sudanés o mauritano.

Por otra parte, aunque todos dicen hablar árabe y escriben igual, en muchos casos los dialectos coloquiales no son inteligibles entre sí. Un sirio y un argelino no se entienden en sus respectivos dialectos coloquiales, y así podemos seguir dando ejemplos.

Y si bien la religión islámica es la mayoritaria, no es la única, porque los cristianos tienen una fuerte presencia (además, el cristianismo nació entre los árabes, más específicamente entre la Gran Siria y Egipto), muchos musulmanes descienden de cristianos, y el islam no es homogéneo. Predominan ampliamente los sunitas, pero luego dentro de los sunitas están las distintas escuelas o madhab.

Las cuatro escuelas sunitas son (consultadas de la Wikipedia):
■La hanafí, fundada por el imán Abu Hanifa, que vivió en Irak poco después de la muerte de Mahoma.
■La malikí, fundada por el imán Malik, contemporáneo del anterior aunque más joven y oriundo de Medina. Esta escuela concentra escuelas también de la primera ola como las de Damasco, Kufa, Basora y Medina. Es la dominante en el Magreb, entre otros lugares, y fue también la dominante en Al-Ándalus.
■La shafi'i, fundada por el imán Shafi`i, discípulo de Malik y Abu Hanifa.
■La hanbalí, fundada por el imán Ahmad ibn Hanbal, quien estudió con Shafi`i, por lo que hay grandes similitudes entre ambos madhabs.

A su vez, de los hanbalíes derivan los wahabitas, grupo muy fanático y extremista que cuenta con el apoyo financiero saudita, y que aspiran a ser la única interpretación auténtica del islam sunita.

Sumemos los grupos religiosos zaidíes e ibadíes, comúnmente asociados a los chiítas, al igual que los drusos. A su vez, en el mundo árabe hay otras religiones menores, como los Yazidíes (kurdos, no árabes, pero en países de mayoría árabe), los Bautistas (que se consideran seguidores de San Juan Bautista y no de Jesucristo), y otros aún más pequeños.

Dentro de todos ellos existen también los poco religiosos, los poco practicantes, los laicos, los poco creyentes y hasta los ateos, sumados a minorías ínfimas de los judíos, samaritanos y baha’istas.

Debido a la diversidad religiosa y étnica se propuso al pan-arabismo, nacionalismo árabe o simplemente arabismo, en distintas tendencias, como factor unificador de todos árabes, independientemente de su dialecto, religión u origen. Los arabistas engloban también a los grupos étnicos minoritarios (kurdos, armenios, circasianos, griegos, etc.), que tratan de asimilar pero respetan y no discriminan.

Tal vez por su posición geográfica, uno de los países más influyentes en el arabismo es Siria, que lo ha llevado a los niveles de que no se pregunta por las creencias en el censo (por lo que a ciencia cierta nadie puede dar porcentajes precisos sobre la adscripción religiosa en ese país), además de que el arabismo es el único factor unificador en un país tan diverso y fragmentado religiosamente. El otro estado que está más diversificado es el Líbano (una escisión de Siria), donde simplemente institucionalizaron las divisiones y el sectarismo, pero dieron como resultado un debilitamiento del gobierno central y de la institucionalidad.

La decadencia del “arabismo” y el surgimiento del “neo-islamismo”

Desde la época del dominio otomano y colonial europeo se puso de moda el arabismo, y tras la Segunda Guerra Mundial se creó la Liga Árabe, precisamente por iniciativa de Siria, siendo la segunda entidad regional del mundo después de la Organización de Estados Americanos (OEA). El arabismo marcó su apogeo durante el mandato de Gamal Abdel Naser en Egipto, que le permitió crear sus efímeras uniones nacionales con Siria y Yemen. Tuvo otras derivaciones en otros países, destacando Argelia.

Pero a finales de la década de 1970 e inicios de la década de 1980 comienza a decaer debido a varios hechos no fortuitos ni endógenos. En primer lugar, el gobierno egipcio de Anwar al Sadat rompe la alianza con los arabistas y con el mundo árabe en general y “pacta” (o mejor dicho, se entrega) a Israel y Estados Unidos. Siendo Egipto el país árabe más poblado, con casi el 30% del total de habitantes, fue un golpe muy fuerte que debilita a todos los nacionalistas árabes y laicos.

Casi en simultáneo, en el mismo año 1979, en dos países no árabes suceden 2 hechos. En Irán cae la monarquía pro-occidental de Muhammed Reza Pahlevi y es sustituida por una nueva revolución islámica chiíta. Por otra parte, en Afganistán se instaura un gobierno comunista que no puede mantenerse solo y pide la ayuda soviética, que invade a ese país, reviviendo los temores de la época de los imperios zaristas rusos y sus similares británicos.

Por si fuera poco, en 1980 un país árabe, musulmán y laico, Iraq, invade e inicia la sangrienta guerra contra el Irán ahora islamista que dura hasta 1988.

Debido a la rendición de Egipto con Anwar al Sadat, Israel se fortalece y mantiene escaramuzas continuas con los árabes, especialmente con el Líbano que desde 1975 estaba en una guerra civil multifactorial (sectaria, política, económica, de intereses extranjeros, etc.) donde estaban los comandos de los palestinos exiliados. Israel invade en 1982, y ocupa Beirut, expulsando a Yaser Arafat, que tuvo que alejar sus tropas hasta el Yemen y Túnez.

Con todos estos golpes y conflictos simultáneos, combinado con los intereses extranjeros (estamos casi que obviando totalmente el hecho de que un grupo de países árabes se habían enriquecido gracias a sus recursos petroleros), comienza a surgir una revisión interior, al mismo tiempo que había una mano impulsando la alternativa: el nuevo islamismo sustituiría al arabismo.

El arabismo se había acercado mucho a la Unión Soviética, reconocida por ser atea y anti-religiosa, por lo que casi desde su instauración, en la década de 1920, fue promovido el islamismo por los países occidentales para enfrentar a esta fuerza enemiga de la religión, y así es como surgió la Hermandad Musulmana, de la mano británica. Y con la invasión a Afganistán, ahora la URSS era vendida como anti-musulmana, por lo que no podían defenderla mucho sus países aliados (Siria, Yemen del Sur, Libia, Argelia, etc.). Antes de eso, en 1977 hubo la guerra entre Etiopía y Somalía donde la URSS apoyó a la cristiana Etiopía contra la musulmana Somalía, aunque el motivo del enfrentamiento no tuvo nada que ver con la religión. Pero fue la guerra de Afganistán la que desgastó a la URSS, cuyo final se fue acelerando, y que también alimentó masivamente este nuevo islamismo.
La mencionada invasión israelí al Líbano, sumado a sus conquistas de 1967, demostró la nueva debilidad del nacionalismo árabe, que no estuvo a la altura para frenarla.

Así se llegó a la masa crítica que empieza a promover el islamismo como alternativa para sustituir al nacionalismo árabe, y más que eso, el nuevo islamismo fue diseñado a la medida.
Para tener éxito, debía tener el apoyo económico e ideológico de un país que sea muy amigo de EEUU, y ese papel recayó en Arabia Saudita y las monarquías que lidera.

Además, debía ser anti-comunista y animar a sus militantes a ir a la guerra, y comenzó a reclutarse personal para combatir en Afganistán. Pero este neo-islamismo no solamente era anti-comunista, sino que había que enfrentarlo a la otra potencia islamista, Irán, por lo que también debería ser anti-chiíta. Para no ser un peligro real anti-Israelí ni anti-occidental, entonces sus prioridades deberían ser reformar y limpiar el islam desde adentro, dejando para algún futuro (que llegaría en algún momento indeterminado y seguramente muy lejano en el tiempo) un enfrentamiento real y mayor con los infieles cristianos y judíos, por lo que éstos pueden estar tranquilos por siglos (según sus diseñadores).

Sus aliados naturales, por “casualidad”, son todos países sunitas y aliados de occidente, como Turquía, Egipto, Arabia Saudita, Marruecos, etc. Pero para poder enfrentar a la URSS tuvieron que buscar instalarse en un país vecino a Afganistán, y resulta que Pakistán es un país muy poblado, pobre, relativamente atrasado, muy dedicado al sector militar para poder mantener el equilibrio con la India, y con muchas deficiencias educativas. Así, fue penetrado por este neo-islamismo con estas ideologías, además de que su gobierno, aliado de occidente, consintió eso porque también así recibiría un ingreso adicional que tanta falta le hace, y con tantas escuelas religiosas (madrasas) el resultado está hoy día a la vista.

Volviendo al mundo árabe, en los países laicos el islamismo fue ganando terrenos a nivel de las bases sociales, porque el nacionalismo estaba debilitado, el socialismo se les había esfumado, y la religiosidad fue una alternativa, pero cayendo en un islamismo político militante.

Ya en la década de 1990 Argelia fue objeto de una guerra civil promovida por los que habían estado combatiendo en Afganistán, de donde habían regresado al terminar ese conflicto. Costó muchas vidas, pero en ese momento el laicismo de su gobierno fue apoyado por la Francia de Francois Miterrand y Jacques Chirac. En otros países tuvieron que ir cediendo ante las demandas de los islamistas, como en Egipto y Sudán, entre otros, donde le dieron una pre-eminencia a la Sharia islámica (según su interpretación, por supuesto) sobre las leyes civiles, y a pesar de la presencia de importantes minorías religiosas. La Jamahiriya Libia migró del debilitado arabismo al “africanismo”.
En la Palestina ocupada cobraron auge los grupos islamistas como Hamas y la Yihad, pero por mucho tiempo se les vio más como un nacionalismo con bandera religiosa. Es de hacer notar que ambos grupos fueron promovidos por Israel para debilitar desde las bases a los grupos palestinos nacionalistas, laicos o izquierdistas (como El Fatah, FPLP, etc.).

En el año 2011 se decide dar el golpe de gracia. Caen rápidamente 2 gobiernos muy amigos de occidente, laicos en la cúpula, pero muy corruptos y sin otra ideología definida sino su entreguismo a los intereses occidentales. Y las fuerzas que emergen son las neo-islamistas de la tendencia creada en la década de 1980 bajo las égidas wahabitas.

En Libia se intenta una conspiración que no obtiene suficiente respaldo popular, por lo que la OTAN y las monarquías árabes aliadas tuvieron que intervenir con todo su poderío militar para derrocar al gobierno de Muammar Al Gaddafi, quedando un caos cuyas aguas aún no se calman, pero instaurándose un régimen de terror.

Se fortalecen los grupos radicales en el Yemen, se divide el Sudán, y el último bastión importante del nacionalismo árabe, Siria, está sufriendo una guerra declarada por parte de Arabia Saudita, Qatar, Turquía y los países occidentales, junto a sus aliados del fundamentalismo neo-islamista que incluyen a Al Qaeda.

Sin embargo, Siria ha recibido el apoyo abierto de Rusia, Irán y China, además de que la mayoría del pueblo, aunque si hay diferencias internas, se ha unido con su gobierno para enfrentar esta guerra, con lo que se ha frenado pero a un alto costo esta tentativa del nuevo islamismo absolutista de corte wahabita hecho a la medida de occidente e Israel para monopolizar todos los gobiernos árabes.

Perspectivas y conclusiones

“Los acontecimientos aún están en pleno desarrollo”, como diría el famoso periodista uruguayo-venezolano Walter Martínez, por lo que las conclusiones aún no están listas.

En esta parte del mundo confluyen los 3 continentes, que además contiene las mayores reservas de la materia prima más codiciada en el último siglo: el petróleo. Pero, ¿cuáles son los intereses de las partes? A los países occidentales, que no trabajan por sus propios intereses sino por los de Israel, les conviene mantener a los países árabes e islámicos divididos y empobrecidos para que nunca le hagan competencia, por aquello del milenarios dicho que reza “divide y vencerás”, además de que siempre el más adelantado y rico domina al más pobre y retrasado (el español Hernán Cortés conquistó al gran Imperio Azteca con apenas 200 hombres). El fanatismo religioso garantiza que se mantendrán tecnológicamente atrasados y la riqueza estará muy desigualmente redistribuida, además que las fortunas de sus líderes y élites estarán en occidente. Y para completar, también se favorece a los xenófobos y racistas occidentales porque al estar claramente diferenciados externamente, no será posible que un pueblo simpatice por el otro. Pero a largo plazo, dada la pobreza que reinará, inexorablemente aumentará la migración hacia Europa desde el mundo árabe, así que los problemas sociales europeos crecerán.

En cambio, las potencias alternativas Rusia, Irán y China, a pesar de sus propias características, no tienen otra salida que apostar por el nacionalismo laico, actualmente representado por Siria.

Lo que si podemos adelantar es que si se impone el gobierno sirio, el nacionalismo árabe puede resurgir de la mano con la democracia desde las bases sociales de los mismos países más conservadores, por lo que el conflicto seguiría pero ahora con nuevos escenarios. Pero si ganan los islamistas se habría impuesto el fundamentalismo apoyado por occidente e Israel, y nos estaríamos acercando a guerras de gran escala, especialmente contra Irán, Rusia y China.

Se pulsó una tecla que por décadas se habían abstenido de usar, porque al conspirar un país contra otro le da pie y legitimidad para que su contraparte haga lo mismo, y más en una región donde casi todos los gobiernos tienen problemas de aceptación social, y ningún país tiene homogeneidad étnica, religiosa o tribal. Han abierto la “caja de Pandora”.

simonsaba250@yahoo.com