lunes, 5 de enero de 2015

La captura de Noriega fue la excusa para imponer un proyecto neoliberal y nuevas bases militares.

Mario Hernandez: Entrevista a Olmedo Beluche.

M.H.: Buenas noches Olmedo Beluche en la Ciudad de Panamá. El motivo del llamado es recordar los 25 años de la invasión norteamericana a Panamá en la madrugada de un 20 de diciembre de 1989. Comenzaría este reportaje preguntándote cuál fue el motivo por el que Estados Unidos invade Panamá, ya que aquí se habla mucho de que el verdadero objetivo de la invasión fue la captura del General Noriega, hombre fuerte de las Fuerzas Armadas de Panamá, porque se había negado a colaborar con Estados Unidos para llevar a cabo una invasión contra Nicaragua. Estuve leyendo extractos de tu libro “La verdad sobre la invasión” en donde discrepás con esta versión.

O.B.: En primer lugar es falso que el objetivo fuera simplemente capturar a Noriega, porque previamente, el 3 de octubre de ese año hubo un golpe de estado contra el General Noriega quien fue detenido, apresado y se lo ofrecieron a los norteamericanos que estaban a unos kilómetros de allí en el Comando Sur, recordemos que en ese tiempo todavía habían bases militares en Panamá; y Estados unidos no lo quiso, entonces el problema de Noriega es una excusa para un proyecto más complejo que Estados Unidos ha llevado a cabo en Panamá en estos últimos 25 años.

Muchos olvidan que Noriega admitió haber sido agente de la CIA desde que era casi un suboficial de la Fuerza Pública panameña y a otros se les olvida que después que el General Torrijos muere en circunstancias extrañas, se da fin a la fase populista del régimen militar panameño y empieza la fase neoliberal. Esa fase, durante la década del ´80, la dirige desde las Fuerzas Armadas el General Noriega junto con Estados Unidos, inclusive 1984 había sido marcado como el año para la “restitución de las instituciones democráticas” y para eso Noriega y los Estados Unidos pactaron poner al frente un hombre que se llamó Nicolás Ardito Barletta que iba a ser el Carlos Menem de Panamá.

Mediante un fraude impusieron a este señor que empezó a aplicar estos planes neoliberales en Panamá y paralelamente empezó una época de huelgas y de luchas muy fuertes que paralizó la aplicación del modelo neoliberal y llevó a la gente a movilizarse contra el régimen y contra Noriega admitiendo que era un régimen militar y neoliberal.

En ese momento se utilizaba el concepto “neomilitarista”. Entonces, uno de los motivos fundamentales de la invasión norteamericana fue estabilizar un régimen político que tuviera apariencia democrática, que la gente votara cada 5 años, pero para aplicar los planes económicos dictados por el Fondo Monetario Internacional. En Panamá eso se impuso mediante un tratado seis meses después de la invasión donde se dictaban las empresas a privatizar, la cantidad de empleados públicos a despedir, etc.

El otro objetivo era tratar de evitar que se retiraran las bases militares que el tratado Torrijos- Carter había puesto como fecha el año 2000, ese objetivo se complicó posteriormente, ellos intentaron un proyecto con el gobierno de Pérez Valladares en el año 94/97 que fracasó y esa situación se transformó en una serie de acuerdos de seguridad que mantienen una presencia norteamericana muy solapada en las fronteras y en 12 bases militares que se han impuesto recientemente.

Esos fueron los dos objetivos centrales, un régimen aparentemente democrático para una política neoliberal y complaciente con Estados Unidos y el intento de mantener bases militares.

M.H.: Olmedo, para esta invasión Estados Unidos moviliza 26.000 efectivos, en lo que fue la mayor operación militar desde la guerra de Vietnam. ¿Cuáles fueron las consecuencias humanas que sufrió el pueblo panameño y en particular ese barrio humilde que alguna vez recorrí con nuestro común amigo Carlos Castillo, el barrio del Chorrillo?

O.B.: Fue la invasión más cruenta de todas las que ha habido por parte del ejército norteamericano en Panamá, con el cual nos hemos topado reiteradamente desde el siglo XIX, desde 1857 ha habido intervenciones militares norteamericanas en nuestro país.

Oficialmente han contabilizado cerca de 500 personas muertas con nombre y apellido, la mitad civiles, la otra mitad militares que combatieron, pero hay una sospecha de que hay varios cientos más que fallecieron producto del bombardeo, pero no se han abierto las fosas comunes en las que fueron enterradas en ese momento y hay señalizados varios lugares donde testigos aseguran que se enterraron cuerpos. Solamente se abrió una fosa común que tiene más de 100 cuerpos en un cementerio público. El funcionario responsable del Hospital Santo Tomás, el hospital público del centro de la ciudad, dice que había un registro de más de 800 cadáveres que los norteamericanos desaparecieron para que no se conociera la realidad.

Heridos hubo más de 2000, en el Chorrillo, que es el barrio popular que quedaba junto al cuartel central se quemaron sistemáticamente por parte de los norteamericanos, 3 o 4 calles completas con casas de madera donde habían habitado los trabajadores del Canal durante décadas y perdieron su hogar entre 18 y 20.000 personas, sin mencionar los daños materiales que sobrepasaban los U$S 4.000 millones.

Aquí han desprestigiado a las víctimas de la invasión como norieguistas y exaltado a los norteamericanos como demócratas

M.H.: ¿Qué investigaciones ha hecho el gobierno panameño respecto de esta situación que estás comentando?

O.B.: Absolutamente ninguna, en Panamá todos los gobiernos desde hace 25 años, sean de derecha liberal o socialdemócratas, incluso el del hijo de Omar Torrijos, Martin Torrijos, no han hecho ningún esfuerzo por esclarecer lo sucedido, por eso este año, cuando se abrió la tumba común en el cementerio, la novedad fue la presencia del actual presidente, Juan Carlos Varela, que aunque no hizo ningún pronunciamiento oficial, la presidenta del Comité de los familiares de los caídos aprovechó para hacerle cuatro demandas, en primer lugar, que el 20 de diciembre sea declarado día de duelo nacional, cosa que aquí los comerciantes no quieren hacer porque está cerca de Navidad y solamente piensan en la caja registradora. En segundo lugar, pidió una comisión investigadora para esclarecer la verdad en la cuantía de las víctimas de la invasión; en tercer lugar le exigió un monumento o un museo de la memoria porque aquí han querido desprestigiar a las víctimas de la invasión como norieguistas y exaltar a los norteamericanos y, finalmente, le exigió asesoría jurídica pagada por el Estado, para demandar al gobierno de los Estados Unidos ante los tribunales internacionales por parte de las víctimas. El presidente no respondió pero dijo que nombraría una comisión para tal efecto que estaremos fiscalizando en los próximos meses para que se cumpla.

M.H.: Además de estas expresiones que señalás, ¿qué otras actividades se desarrollaron al cumplirse estos 25 años de la invasión?

O.B.: Este año al ser una fecha significativa hubo más actividades, aunque quiero recordar que los primeros cuatro años, durante el régimen de ocupación de Guillermo Endara, las movilizaciones eran muy grandes, hacíamos marchas de más de 20.000 personas sobre todo en 1990. Estábamos recordando que al cumplirse seis meses de la invasión hicimos la primera manifestación por la ocupación que sobrepasaba las 20.000 personas. Sin embargo, en los años posteriores, sobre todo cuando gobernó la socialdemocracia, se redujo mucho la asistencia.

En este año ya hubo varios actos de diverso tipo, el jueves pasado hubo un debate en la Biblioteca Nacional en la que participamos junto a diversos sectores, el 19 en la noche hubo una vigilia en la avenida costanera donde se hizo un acto, una performance representando los hechos y luego se proyectó una película, y la gran marcha que fue el propio día 20 de varios cientos.

M.H.: Aprovecho esta oportunidad para consultarte cómo ha impactado la apertura de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos.

O.B.: Acá todos los antiimperialistas que es lo que los panameños conscientes somos, estamos muy contentos porque consideramos que es una victoria del pueblo cubano, una victoria indiscutible. El presidente Obama ha tenido que reconocer el fracaso de 50 años de política agresiva y el fracaso del bloqueo a Cuba y esto se hace aún bajo el reconocimiento de que Cuba es un país independiente, sin haber transado en absolutamente nada.

Por supuesto que Estados Unidos tendrá su proyecto de penetrar ideológica y económicamente en Cuba, pero hasta ahora todo se mantiene bajo el mismo curso, entonces estamos muy contentos por eso porque es un reconocimiento, así como la liberación de los cubanos que estaban presos injustamente en Estados Unidos, donde a aquéllos que vigilaban las acciones terroristas de los cubanos en Miami los metieron presos y, sin embargo, mantienen libre a un hombre que se llama Luis Posada Carriles que puso una bomba en un avión de Cubana de Aviación en Venezuela en la década del ´70 y que aquí en Panamá en el 2000 intentó volar el auditorio en el que muchos panameños estábamos reunidos con Fidel Castro cuando vino a una Cumbre Iberoamericana, así que esa doble moral de los Estados Unidos también ha quedado al descubierto.

Olmedo Beluche es profesor de la Universidad de Panamá y dirigente político.

viernes, 2 de enero de 2015

Cuba y Estados Unidos: "¡ni un tantico así!”

Atilio Borón

Escribimos estas líneas con la inmensa alegría que nos produjo la exitosa culminación de la campaña que el pueblo y el gobierno de Cuba lanzaron para repatriar a los cinco luchadores antiterroristas injustamente encarcelados por la “justicia” de los Estados Unidos, que jamás se preocupó por enjuiciar a connotados y confesos terroristas como Orlando Bosch y Luis Posada Carriles o a un financista y ejecutor de atentados terroristas como Jorge Mas Canosa. Refiriéndose a “Los 5” Fidel dijo en su momento “volverán” y volvieron; como antes, en el incidente del niño Elián González, cuando también aseguró que Elián volvería a Cuba, y volvió. Dicho esto quisiéramos compartir una reflexión sobre las razones que explican el cambio en la política exterior de Estados Unidos en relación a Cuba y lo que esto podría significar para la Isla y América Latina y el Caribe. 

El absoluto fracaso de más de medio siglo de bloqueo y agresiones es uno de los factores más evidentes que originaron el viraje de Washington. La Revolución Cubana resistió a pie firme, dignamente y sin concesiones, tamaña agresión y al final del día el Goliat del planeta tuvo que reconocer su derrota, algo que muy rara vez hace la siempre arrogante superpotencia. Lo hizo el presidente Barack Obama en su discurso y de modo todavía más enfático su Secretario de Estado, John Kerry, cuando al pronunciar el suyo, un par de horas más tarde, dijo que “durante medio siglo aplicamos una política para aislar a Cuba y los que terminamos aislados fuimos nosotros.” Claro está que otros factores también jugaron un papel: la intervención del Papa Francisco fue mucho más allá de una piadosa exhortación o una “gestión de buenos oficios”, tal como convencionalmente se la entiende. Fue una mediación en donde la influencia papal para arribar a un acuerdo parece haber sido más gravitante que lo normal en este tipo de mediaciones. El tiempo permitirá calibrar con precisión las características de esa gestión. Además, el reiterado repudio que la política del bloqueo cosechaba año tras año en la Asamblea General de las Naciones Unidas, e inclusive en el seno de la OEA, fue debilitando la firmeza de la política anticubana. Otro factor fue la honrosa insistencia de los países latinoamericanos y caribeños sin excepción para exigir el fin del bloqueo y la liberación de “Los 5”. El papel de la UNASUR y la CELAC también fue de importancia para precipitar esta reorientación de la política de la Casa Blanca. Pero lo que a nuestro juicio fue decisivo para producir este viraje fue el cálculo geopolítico realizado por los estrategas del imperio, que recomendaba acabar con una política que no sólo era inefectiva -como las torturas de la CIA, según el reciente Informe del Senado- sino que además era contraproducente para garantizar la seguridad nacional estadounidense en momentos tan críticos como el que actualmente atraviesa el sistema internacional. En las páginas que siguen trataremos de desarrollar en cierto detalle este argumento.

La Transición Geopolítica Mundial y sus Desafíos para la Estabilidad del Imperio
Estados Unidos se enfrenta a un deteriorado cuadro geopolítico mundial que suscita una enorme preocupación en su clase dominante, sus representantes políticos e ideológicos, el Pentágono y sus agencias de inteligencia. En 1997, pocos años después del derrumbe de la Unión Soviética, uno de los más lúcidos (y cínicos) intelectuales orgánicos del imperio, Zbigniew Brzezinski, escribió un libro que resumía la visión estratégica dominante en ese momento y proponía un conjunto de recomendaciones para encarar con realismo –en lugar de las autocomplacientes ensoñaciones de los miembros del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, gran parte de los cuales integraron las filas del gobierno de George W. Bush- los desafíos de los años venideros. [1] En El Gran Tablero Mundial su autor descartaba la posibilidad de un debilitamiento del poderío global de Estados Unidos dado que su país aparecía, una vez desintegrada la Unión Soviética, como “la única e, indudablemente, como la primera potencia realmente global” en la historia del planeta. A partir de esta premisa el objetivo que se trazó fue formular una geoestrategia global e integral para preservar el papel central de Estados Unidos como “arbitro político” en todo el mundo, pero prestando especial atención a Eurasia ya que es ese y no otro “el tablero en el que la lucha por la primacía global” seguirá jugándose. Un continente fundamental que contaba para 1997 con el 75% de la población y el 60% del PNB mundiales, y las ¾ partes de los recursos estratégicos conocidos. Para ser exitosa dicha estrategia debía basarse en la construcción de “una comunidad global basada en las relaciones de cooperación”. [2] No obstante, a Brzezinski no se le escapaban las acechanzas que podían originarse como consecuencia de potenciales “contingencias relacionadas con los futuros alineamientos políticos (…) que intenten empujar [a los Estados Unidos] fuera de Eurasia”. 
 
En ese escrito Brzezinski identificaba tres escenarios que podrían plantear tales retos a lo largo del siglo veintiuno: el primero era un acuerdo entre Rusia y los principales países europeos, que debilitaría los vínculos entre Estados Unidos y Europa y mellarían la fortaleza de la Alianza Atlántica y en particular de la OTAN. Pero tranquilizaba a sus lectores diciendo que la probabilidad de esa contingencia era “bastante remota” (si bien no totalmente descartable), no habiendo por lo tanto razones para alarmarse. La segunda amenaza era un posible acuerdo entre China y Japón, por entonces la segunda economía del mundo y puntal de la presencia estadounidense en el Pacífico y en el mundo asiático. Probabilidad: también muy baja, porque los históricos conflictos que separaban a ambas naciones serían un obstáculo muy difícil de remontar. Había que monitorear los movimientos, los gestos y las iniciativas de esos dos países pero sin perder la serenidad. El tercer escenario, “el potencialmente más peligroso sería el de una gran coalición entre China, Rusia y quizás Irán, una coalición ‘antihegemónica unida no por una ideología sino por agravios complementarios’.” [3] Sin embargo, las probabilidades de que esta amalgama política pudiera cristalizarse eran, según Brzezinski, remotas. Ahora bien: los pronósticos de este consejero áulico del imperio fueron impiadosamente refutados por la historia ya que ese escenario -el menos deseado, el más temido y el más improbable- fue el que en estos últimos años irrumpió con fuerza en el sistema internacional. A mediados del 2014 Rusia y China firmaron importantísimos acuerdos –económicos, políticos y militares- de largo plazo, a los cuales se unió poco después Irán. En Septiembre la India solicitó formalmente su adhesión al Acuerdo de Cooperación de Shanghai y a finales de este mismo año Rusia selló un muy importante acuerdo con Turquía, cerrando de este modo una alianza que cambia radicalmente la correlación de fuerzas en el tablero de la geopolítica mundial en perjuicio de Estados Unidos, sus aliados europeos y Japón. Con la integración de la India y Turquía el panorama geopolítico euroasiático no podría ser más desventajoso para lo que Brzezinski denomina “Occidente.” 
 
En el año 2012, es decir, poco antes de que emergiera esta nueva coalición y quince años después de la publicación del Gran Tablero Mundial , Brzezinski dio a conocer su más reciente obra: Strategic Vision. [4] En ella el tono general del análisis se sitúa en las antípodas de su por momentos triunfalista texto de 1997. Ahora la preocupación es otra. En la primera parte de ese libro propone una sorprendente y muy significativa exploración histórica en torno a la “declinante longevidad de los imperios”, una reflexión insólita en relación al supuesto fundamental de la obra: Estados Unidos no es un imperio sino una potencia, la única potencia global. No obstante, este inesperado comienzo revela que en su fuero íntimo Brzezinski no se engaña, ni engaña a sus jefes y patrones, y sabe que Estados Unidos es la cabeza de un vasto sistema imperial y que, además, la lógica que decretó la declinación de todos los imperios anteriores, sin excepción, difícilmente exceptúe al americano. Como estudioso que es sabe muy bien que este no podrá ser eterno y duda de que siquiera pueda mantenerse más allá de unas pocas décadas. De ahí que las cuatro preguntas fundamentales que plantea en las páginas iniciales del libro sean las siguientes:
1) ¿Qué implicancias tienen la cambiante distribución del poder global desde Occidente hacia Oriente y el despertar político de la humanidad?
2) ¿Por qué decayó el atractivo de los EEUU, cuáles son los síntomas de su declinación doméstica e internacional y por qué se desperdició una oportunidad tan excepcional como el desenlace pacífico de la Guerra Fría?
3) ¿Qué consecuencias geopolíticas tendrían lugar si Estados Unidos perdiera su primacía en el ámbito del poder global? ¿Podría China ocupar su lugar en el 2025?
4) ¿Cómo debería EEUU redefinir sus objetivos geopolíticos a largo plazo, y cómo atraer, apoyándose en sus aliados europeos, a Rusia y Turquía a los efectos de construir un “Occidente” más inclusivo y vigoroso?
En resumen, el autor se formula interrogantes impensables una década atrás. Lo que antes se asumía como una verdad inconmovible, la primacía internacional de Estados Unidos, ahora es objeto de múltiples conjeturas, y por lo tanto las opciones estratégicas diseñadas en el pasado deben ser radicalmente re-examinadas.

Un mundo convulsionado
En este impensado escenario, en donde los rivales de Washington unen fuerzas, y los antiguos aliados –fervientes, como Turquía, o tibios, como la India- se pasan al otro bando, la rápida degradación de la situación internacional plantea enormes desafíos al imperio. La agenda exterior de la Casa Blanca se enfrenta con numerosos “puntos calientes” en los cuáles Estados Unidos está fuertemente involucrado, tiene muchos intereses en juego y se ve forzado a hacer apuestas cada vez más riesgosas y de incierto desenlace. En Oriente Medio la situación está fuera de control: después de haber avivado la hoguera del fundamentalismo sunita como ariete para hostigar a Irán y Siria, el trágico resultado de esa política fue la aparición del Estado Islámico, una organización criminal que dispone de los enormes recursos financieros derivados de su control sobre las zonas petroleras de Siria e Irak, y dispuesto a afianzar su dominio apelando a cuantas atrocidades sean imaginables. Originalmente formado por mercenarios reclutados por Estados Unidos y Arabia Saudita, financiado y armado por estos dos países, el genio se salió de la botella (como antes Osama bin Laden y Saddam Hussein) y, previsiblemente, comenzó a desarrollar una política propia que no es precisamente la que mejor favorece los intereses de Washington en la región. A la explosiva situación de esa parte del mundo, hundida en un interminable baño de sangre, hay que agregar la acelerada fascistización de Israel, que ha convertido a su estado en un engendro neonazi en donde el genocidio de los palestinos pasó a ser una práctica habitual ejercida con total impunidad e indiferente ante la repulsa casi universal que suscitan sus acciones. Más hacia el Oriente, en Asia Central, área donde se anuda una densa red de oleoductos y gasoductos de vital importancia para el mercado mundial de energéticos, la permanente inestabilidad de una zona surcada por ancestrales rivalidades y conflictos étnicos, religiosos y económicos de todo tipo se combina con periódicos estallidos de violencia que frustran de raíz cualquier posibilidad de establecer proyectos económicos de cierta envergadura para el aprovechamiento de sus enormes riquezas gasíferas y petroleras. [5] Más hacia el Este, al llegar al extremo del continente, la persistente disputa entre China y Japón por la delimitación jurisdiccional del Mar del Sur de la China agrega un condimento explosivo en el límite oriental de la antigua, y hoy altamente revalorizada, “Ruta de la Seda”. [6] 
 
¿Es todo? De ninguna manera. La situación del África Subsahariana es motivo de intensa preocupación, sobre todo por el arraigo que en algunos países proveedores de petróleo, como Nigeria, parece haber conseguido el islamismo radical. Pero, más al norte es donde se encuentra la fuente más importante y a la vez urgente de preocupaciones. En Europa hay una guerra en ciernes entre los países de la OTAN y Rusia. Las sucesivas sanciones económicas decretadas por Washington (y replicadas con deshonrosa obediencia por sus compinches europeos) junto al deliberado derrumbe de los precios del petróleo configuran, en términos prácticos, una declaración de guerra, y así lo ha entendido no sólo Moscú sino buena parte de la dirigencia política estadounidense. No sorprende, en consecuencia, que Rusia haya anunciado el 26 de Diciembre un significativo cambio de su doctrina estratégica, orientada ahora por la necesidad de contener las amenazas que se ciernen, desde Europa: la OTAN y el despliegue balístico norteamericano en ese continente, sobre su seguridad nacional. [7]
El dramático empeoramiento de la situación en Ucrania reconoce dos causas fundamentales: una, la expansión hacia el Este de las fronteras de la OTAN, en abierta violación de las promesas formuladas a los gobernantes rusos por sucesivos presidentes de los Estados Unidos y los jefes de estado europeos. La otra: la insistencia de la Unión Europea en incorporar a Ucrania y, de ese modo, penetrar por la puerta trasera en Rusia. Ambas iniciativas propiciaron la fulminante resurrección de la Guerra Fría, que se está recalentando aceleradamente. Un académico conservador norteamericano, John Mearsheimer , profesor de la Universidad de Chicago, culpó a Occidente por esta degradación del clima internacional. Era sabido, escribió, que Moscú jamás podía aceptar de brazos cruzados que la OTAN se extendiera hasta sus fronteras, y para colmo consentido por un gobierno impuesto en Kiev por un golpe de estado impulsado y financiado por Estados Unidos y sus aliados. [8] Esta irresponsable provocación es tan inadmisible para Rusia como lo hubiera sido para Estados Unidos si, en los años ochentas, Moscú y los países del Pacto de Varsovia hubiesen orquestado un golpe de estado en México e instalado sus tropas en la frontera con Estados Unidos. El desencadenamiento de la crisis en Ucrania desató como respuesta la reintegración al territorio ruso de la península de Crimea (anexada con el apoyo de sus habitantes) y alentó el separatismo de la población rusoparlante que reside en el este ucraniano. Las sanciones económicas aplicadas a Rusia por los países de la Alianza Atlántica tensaron la cuerda a grado tal que tiene escasos precedentes en la historia contemporánea. Moscú denunció estas maniobras y dijo que ellas son parte de una estrategia general cuyo objetivo es nada menos que precipitar el “cambio de régimen” en Rusia, ante lo cual Vladimir Putin ha dicho que su país no permanecerá indiferente ante esos designios y responderá con cuanto tenga a su alcance. Hay que recordar que Rusia dispone del segundo arsenal atómico mundial y que cuenta con unas fuerzas armadas muy bien equipadas. Como decíamos más arriba, si la OTAN llegara a lanzar un ataque con armas de destrucción masiva Moscú no vacilará en recurrir a su arsenal nuclear, lo que abre una atroz perspectiva para el futuro de la humanidad. [9] 
 
Trascendente papel de América Latina y el Caribe
En innumerables ocasiones Fidel y el Che afirmaron que Nuestra América es la retaguardia estratégica del imperio. Cuando Estados Unidos enfrenta graves desafíos en el frente internacional -como en los años setenta en el Sudeste asiático y muy especialmente en Vietnam- se vuelve sobre los países del área para desde allí tomar aliento y lanzar su arremetida. En aquella oportunidad lo que hizo fue sembrar dictaduras por toda la región, en donde salvo México, Colombia y Costa Rica, el resto de los países padecieron la instauración de regímenes cívico-militares que hicieron del terrorismo de estado una práctica cotidiana de ejercicio del poder, para lo cual contaron con el auspicio, colaboración, protección y financiamiento de Washington. 
 
En la actualidad la Casa Blanca continúa actuando bajo los lineamientos de la misma premisa, procurando acabar con la Revolución Cubana, liquidar a los gobiernos bolivarianos, terminar de domesticar a los de la “centro-izquierda” del Cono Sur y reforzar, vía la Alianza del Pacífico, a los regímenes neocoloniales y conservadores del área. Téngase en cuenta que en el turbulento tablero geopolítico internacional Nuestra América brilla como una envidiable, y única, zona de paz. Lo único que perturba este panorama es el conflicto interno en Colombia y la desestabilización de México, pero ambas son situaciones que se constituyen en el ámbito doméstico. [10] Sólo Colombia podría, si fracasaran las negociaciones de paz en curso en La Habana, alterar significativamente los equilibrios internacionales del área. No obstante, en el caso de México no habría que descartar que si se acelerara y profundizara la descomposición de la situación interna debido a la explosiva combinación entre el creciente poderío del narco -que podría llegar a someter a su arbitrio a las diversas ramas del aparato estatal- y una repotenciada protesta social los Estados Unidos podrían, en tal eventualidad, considerar muy seriamente la posibilidad de invadir y ocupar una parte de la frontera norte mexicana con el pretexto de preservar la “seguridad nacional” estadounidense amenazada por el caos al sur del Rio Grande. Lo hicieron en el pasado y nada autoriza a pensar que no volverían a hacerlo una vez más si lo considerasen conveniente. Hipótesis extrema, pero que en función de las enseñanzas de la historia sería sumamente imprudente descartar. Va de suyo que una movida de ese tipo tendría enormes repercusiones internacionales, que reverberarían mucho más allá del hemisferio americano. [11] 
 
Es a causa de todo lo anterior que Washington está poniendo cada vez más empeño en “reordenar” una región que desde el triunfo de Chávez en las elecciones presidenciales de 1998 ha ido progresivamente emancipándose de la pegajosa tutela y control que Estados Unidos ejerció sobre lo que con indisimulado desprecio se llama, en los círculos oficiales de ese país, su “patio trasero”. La oleada bolivariana desencadenada por Chávez facilitó la supervivencia de la acosada Cuba y tuvo reflejos concéntricos en el mundo andino: Bolivia y Ecuador se plegaron a la misma y, en el litoral atlántico, surgieron gobiernos más moderados en Argentina, Brasil y Uruguay pero que, pese a la tibieza de algunas de sus iniciativas, en el terreno internacional aportaron un apoyo decisivo para, entre otras cosas, hacer naufragar el proyecto más importante que el imperio tenía reservado para América Latina y el Caribe: el ALCA, sepultado en Mar del Plata en Noviembre del 2005. 
 
El cambio de política hacia Cuba tiene por objetivo neutralizar un permanente factor de perturbación de las relaciones hemisféricas y abrir el paso a una política más eficaz para recuperar el control las díscolas naciones del sur. El objetivo es claro: garantizar la estabilidad y la complicidad de la retaguardia imperial para que Washington pueda actuar en los “puntos calientes” arriba señalados sin temor a que su distracción en lejanos teatros de operaciones desate una radicalización tan indeseable como incontenible en los países de América Latina y el Caribe. Para enfrentar con éxito esta tercera guerra mundial en gestación es esencial retomar el control de Venezuela, donde al día de hoy se alojan las mayores reservas comprobadas del mundo. Pero dicho objetivo no se alcanzará manteniendo la vieja y fracasada política hacia Cuba, que provoca la repulsa del resto de las naciones del hemisferio. Por eso el presidente Barack Obama dió el primer paso para “normalizar” las relaciones con la Isla pero al día siguiente redobló su ataque a la República Bolivariana promulgando un proyecto de ley, impulsado nada menos que por el Senador Bob Menéndez (conocido por sus estrechas vinculaciones con la mafia anticastrista de Miami) [12] que establece sanciones económicas a gobernantes y políticos venezolanos “responsables por violaciones de los derechos humanos de manifestantes antigubernamentales” que entre Febrero y Abril del 2014 tomaron las calles y mediante violentas manifestaciones exigían la renuncia del presidente Nicolás Maduro. Ni a este impresentable senador ni a Obama les importó que los autores o instigadores de actividades violentas –incluyendo asesinatos, robos, incendios, destrucción de edificios y bienes públicos, etcétera- que busquen alterar el orden constitucional o remover autoridades apelando a la violencia serían acusados del delito de sedición en Estados Unidos (y en casi todo el mundo) y pasibles de ser sancionados con durísimas penalidades que, en este país, incluirían la prisión perpetua. Pero como se trata de recuperar a la Venezuela Bolivariana de cualquier forma, los autores intelectuales y apologistas de esos actos de salvaje vandalismo, como Leopoldo López y María Corina Machado, lejos de ser acusados por esos delitos son exaltados como figuras ejemplares, síntesis de los valores republicanos y libertarios, y elevados a la categoría de “combatientes por la libertad”. Poco importa que la mayor parte de las víctimas de aquel intento sedicioso fuesen miembros de los servicios de seguridad del estado y militantes chavistas, tal como ha sido reconocido por organizaciones independientes de derechos humanos radicadas en Venezuela. Para no hablar del doble rasero que significa sancionar a miembros del gobierno venezolano por preservar el orden constitucional del asalto de los sediciosos y no proceder de igual modo, por ejemplo, con las autoridades colombianas cuando informes inapelables certifican que el ejército ejecutó al menos a 5.763 civiles inocentes entre 2000 y 2010; o con las autoridades hondureñas, en donde después del golpe de estado de 2009 los asesinatos extrajudiciales se realizan con total impunidad; o con las de México, en donde es sabido que la desaparición de los 43 estudiantes normalistas en Ayotzinapa fue orquestada y ejecutada con la participación -o al menos la abierta complicidad- de autoridades civiles y militares de la Federación y del estado de Guerrero? [13]

La espina cubana
La “normalización” de las relaciones con Cuba tiene pues una tenebrosa contrapartida: liberar las manos del imperio para abalanzarse con fuerza para doblegar al gobierno chavista y recuperar el petróleo venezolano. [14] Además responde a una necesidad geoestratégica insoslayable, y ante la cual tanto la ruptura de relaciones diplomáticas como el bloqueo se convirtieron en molestos estorbos para Washington. Lo que se logró con ambas políticas fue facilitar la penetración de China y Rusia en la mayor de las Antillas y, por extensión, en la “tercera frontera” de Estados Unidos: el Mar Caribe. Todos los textos e informes recientes sobre la seguridad nacional norteamericana señalan una y otra vez que aquellos dos países son “enemigos” que es preciso vigilar, controlar y, de ser posible, someter o derrotar, toda vez que la recomendación de Brzezinski en el sentido de “atraer y seducir” a ambos países demostró ser un rotundo fracaso. Máxime cuando, en el Mare Nostrum norteamericano China ha emprendido sin consultar ni mucho menos pedir permiso a Washington un megaproyecto llamado a ejercer una extraordinaria influencia no sólo en el comercio internacional: un nuevo canal interoceánico a través de Nicaragua, obra para la cual el nuevo puerto cubano de Mariel asume una importancia estratégica. Rusia, por su parte, ha dado a conocer sus planes de impulsar la proyección global de su armada, lo que contempla, entre otras cosas, una mayor presencia en aguas caribeñas. Lo que estos dos países hacen en Cuba, y están haciendo en la zona del Gran Caribe, es un misterio para las agencias de inteligencia y las fuerzas armadas estadounidenses. ¿Hay proyectos militares en juego que subyacen a los crecientes relacionamientos económicos que China y Rusia desarrollaron en el área? De ser así, ¿cuáles son, donde están localizados y qué implicaciones tienen para la seguridad nacional de los Estados Unidos? ¿Cómo podrían ser neutralizados? ¿Cuál es el estado de la “sociedad civil” en Cuba? ¿Cuál debería ser la hoja de ruta para preparar el tan anhelado “cambio de régimen” que ponga fin a la Revolución Cubana? ¿Qué modelo aplicar: la “revolución de terciopelo”, al estilo checo, o hay condiciones para ensayar una fórmula más rápida y violenta, al estilo de los “cambios de régimen” practicados en Libia o Ucrania? Todas estas son cuestiones de enorme importancia que no pueden ser confiadas a “amateurs” como Alan Gross. Por el contrario, hay que desplegar en la isla un número suficientemente grande de agentes para obtener información sensible y confiable, para lo cual se precisa la cobertura de una embajada dotada de un numeroso personal que, bajo el paraguas diplomático, pueda realizar esas actividades de inteligencia. 
 
La política seguida a lo largo de más de medio siglo demostró ser, como decíamos más arriba, no sólo inefectiva sino contraproducente. Y Obama quiere corregir eso, pronto. Claro que la plena normalización diplomática exigirá que el Congreso levante el bloqueo, de lo contrario la iniciativa anunciada el 17 de Diciembre quedaría a mitad de camino, no sólo por la incoherencia que significa pretender “normalizar” las relaciones entre Cuba y Estados Unidos y, simultáneamente, mantener el bloqueo. Se dice que los sectores más reaccionarios del espectro político norteamericano en el Congreso se opondrán a esa iniciativa. Seguramente será así, pero no sería raro que junto a poderosos intereses comerciales -deseosos de establecer vínculos con Cuba- el lobby del Pentágono y la CIA convenza a los más recalcitrantes que la seguridad nacional norteamericana exige votar el fin del bloqueo, algo que hasta apenas ayer parecía imposible y que el propio gobierno de Estados Unidos promoverá no por razones de respeto a la legalidad internacional o solidaridad con el pueblo cubano sino exclusivamente en función de sus intereses estratégicos globales. Tanto Obama como Kerry lo dijeron con todas las letras: Washington no abandona su propósito de fomentar las fuerzas que dentro de Cuba pudieran precipitar un “cambio de régimen”, fomentar el activismo y la participación de la “sociedad civil”, y promover una “prensa libre” y el pluralismo político, preocupaciones estas que desaparecen como por arte de magia cuando el falaz régimen norteamericano habla de Arabia Saudita, país sin sociedad civil, sin prensa libre y en donde los partidos políticos están prohibidos. Sería inútil exigirle coherencia doctrinaria a un imperio cuyo objetivo excluyente es saquear los bienes comunes de nuestro planeta para mantener un patrón de consumo absolutamente irracional e insostenible, no ya en el largo plazo sino en la actualidad y mediante la militarización de las relaciones internacionales. Lo cierto es que, pese a toda la verborragia, el objetivo estratégico de Estados Unidos sigue siendo el mismo; lo que cambia es la táctica. Ahora se recurrirá al “poder blando”, eufemismo que significa tratar de apelar a los recursos derivados del supuesto atractivo de la sociedad norteamericana, sus también presuntos valores de igualdad, justicia, libertad, convenientemente manufacturados por la industria cultural basada en Hollywood pero desmentidos día a día por la realidad, para convencer a los cubanos mediante un intenso bombardeo propagandístico que una sociedad que mata afrodescendientes a destajo, que deja grandes segmentos al margen de toda atención médica y de la seguridad social, que impide que sectores de clase media puedan acceder a las universidades y que cuenta con la peor distribución de ingresos y recursos del mundo desarrollado es el espejo en el cual deben ver su propio futuro. “Poder blando”, aclarémoslo de entrada, que es apenas el reverso de la medalla en cuyo anverso se encuentra el “poder duro” de la mayor fuerza militar jamás conocida en la historia de la humanidad y dispuesta a ser aplicada sin mayores escrúpulos cuando sea necesario. 
 
Muchos observadores han expresado su preocupación por este cambio de la política norteamericana. ¿Representa o no un desafío para Cuba? ¡Por supuesto que sí!, pero aún peor es el reto emanado de la continuidad sine die del bloqueo, que ha causado enormes daños materiales a Cuba. Según las últimas estimaciones del Ministerio de Relaciones Exteriores de ese país el costo económico de esa política equivale a dos Planes Marshall en contra de la Isla, mientras que con un solo Plan Marshall se reconstruyó la Europa devastada por la Segunda Guerra Mundial. Ni se hable de los costos “no económicos” medidos en sufrimientos humanos, privaciones, frustraciones y otras secuelas de esa criminal política de agresión imperialista. Este fue un desafío que Cuba supo repeler, pero a un precio exorbitante. La continuidad indefinida del bloqueo obliga a preguntar cuanto tiempo más podría Cuba resistir esa situación sin erosionar la legitimidad del orden revolucionario, librando batalla en un terreno en el cual no tiene chances de prevalecer. En cambio, el desafío que plantearía la penetración norteamericana –económica pero también política y cultural- una vez eliminado el bloqueo podría ser respondido desde una posición mucho más favorable. Tal como lo recordara José Martí, “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”, y Cuba posee, gracias a Martí y a la incansable labor pedagógica de Fidel a lo largo de más de medio siglo, una formidable trinchera de ideas contra la cual se estrellará la propaganda norteamericana, el consumismo desenfrenado y las mentirosas ilusiones fomentadas por el American way of life que el pueblo cubano conoce muy bien desde 1898. Sin dudas, la densidad de la cultura cubana es incomparablemente más fuerte que la salud de su economía y librar la batalla en el terreno cultural, para derrotar al “americanismo”, como le llamaba Antonio Gramsci, es la táctica sin dudas más apropiada. La historia demuestra que Cuba puede derrotar a Estados Unidos desde la cultura y la política, no desde la economía. De los dos desafíos, por lo tanto, el más manejable es el que se abre con la normalización de las relaciones diplomáticas y el eventual fin del bloqueo. Si en la ex Unión Soviética “los espejitos de colores” del capitalismo fueron aceptados como buenos por su población fue porque allí no hubo ni un Martí ni un Fidel. No es el caso de Cuba, cuya población tuvo estos dos geniales maestros y además conoce el imperio como pocas, porque le tocó sufrirlo entre 1898 y 1958, y sabe muy bien que una cosa es la propaganda capitalista y otra completamente distinta el capitalismo “realmente existente”. 
 
Por eso, ante las novedades aportadas días atrás y para evitar una re-edición de la “Obamamanía” que tantas decepciones ocasionara entre los ilusos que cayeron en esa trampa, y que ahora creen que Washington cambió, que abandonó sus planes de hacer retroceder el reloj de la historia hemisférica hasta la medianoche del 31 de Diciembre de 1958, antes del triunfo de la Revolución Cubana, se impone recordar lo que dijera el Che: “al imperialismo no se le puede creer ni un tantico así, ¡nada!” Sería gravísimo desoír tan sabio consejo en una coyuntura como la actual, cuando la validez de las palabras del “guerrillero heroico” es mayor que nunca. 
 


[1] Cf. El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos  ( Madrid y Buenos Aires: Paidós, 1997)
[2] Para un examen de estos temas ver nuestro América Latina en la Geopolítica del Imperialismo (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, 2012 y nueva edición aumentada en 2014). Esta nueva edición está disponible en México, España, Venezuela, Cuba y, próximamente, lo estará en Chile, Bolivia y Ecuador). Véase asimismo “Pensamiento Estratégico Estadounidense”, la transcripción de la conferencia que el autor de estas líneas y Alexia Massholder ofrecieran en el ISRI (Instituto Superior de Relaciones Internacionales) del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, en el mes de septiembre del 2014 y que próximamente estará accesible en la web.
[3] El Gran Tablero , op. cit, pg. 63.
[4] Strategic Vision. America and the crisis of global power (New York: Basic Books, 2012)
[5] Sobre este tema ver Pepe Escobar, Globalistán: How the globalized world is dissolving into liquid war (Ann Arbor: Nimble Books, 2006) y su más reciente Empire of Chaos (Ann Arbor: Nimble Books, 2014)
[6] Sobre el tema de la nueva “Ruta de la Seda” ver Pepe Escobar, “Integración eurasiática contra el Imperio del Caos”, en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=193515
[7] Un indicio de la extrema gravedad de la situación actual se infiere del anuncio oficial de esta nueva doctrina, en cuya ocasión Moscú declaró que si bien esta es de carácter defensivo no renunciará al derecho utilizar su arsenal nuclear. El artículo 27 de la doctrina dice que "la Federación de Rusia se reserva el derecho a utilizar armas nucleares en respuesta a ataques con armas nucleares u otras armas de destrucción masiva en contra de Rusia y/o de sus aliados, así como en el caso de una agresión a la Federación de Rusia con armas convencionales que suponga una amenaza para la existencia del Estado". Nótese que entre los aliados sobresalen sus socios del BRICS: Brasil, India, China y Sudáfrica. Esta clase de afirmaciones no se escuchaban en Rusia desde los tiempos de la Unión Soviética. Ver “La nueva doctrina militar de Rusia cita a la OTAN como una de las principales amenazas”, en http://actualidad.rt.com/actualidad/161547-putin-modifica-doctrina-militar-rusia
[8] Ver su “Why the Ukraine crisis is the West’s fault” , en Foreign Affairs (Septiembre-Octubre 2014) http://www.foreignaffairs.com/articles/141769/john-j-mearsheimer/why-the-ukraine-crisis-is-the-wests-fault Hemos tratado este tema in extenso en nuestro “¿Rumbo hacia la Tercera Guerra Mundial?” en mi blog: www.atilioboron.com.ar y en http://www.telesurtv.net/bloggers/Rumbo-hacia-una-Tercera-Guerra-Mundial-20141217-0008.html
[9] Antes de llegar a la situación de los últimos días Noam Chomsky había alertado sobre la extrema peligrosidad de la actual situación internacional, que podría, en el “escenario del peor caso”, culminar con una guerra termonuclear que destruyera a sus iniciadores. Ver su “ World ominously close to nuclear war” en http://rt.com/news/202995-chomsky-rt-nuclear-war/
[10] Por supuesto, podría agregarse el caso de Honduras, un país que desde el golpe de estado que desalojó a Mel Zelaya del poder ingresó en una interminable espiral de violencia doméstica causada por el paramilitarismo -encargado de “disciplinar” a la población hondureña- y su aliado natural en todos nuestros países: el narcotráfico. También el de Haití, cuyo martirio parecería no tener fin. Pero aún así, estos dos casos no tienen, en el momento actual, condiciones para alterar decisivamente la situación del hemisferio.
[11] Recuérdese que con la firma del ASPAN, el Acuerdo para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte, Estados Unidos ya dispone de numerosos efectivos de sus cuerpos policiales, de inteligencia y de las propias fuerzas armadas actuando a plena luz del día y “legalmente” en territorio mexicano. Una invasión sería un salto en la magnitud de esa presencia más no una absoluta novedad.
[12] El 25 de Enero de 2014 la cadena televisiva NBC informaba desde Nueva York la ampliación de la investigación por crímenes federales que podría haber cometido el senador demócrata por New Jersey Robert “Bob” Menéndez, quien es un asiduo visitante de los juzgados de su país. En este caso el Departamento de Justicia está investigando las gestiones hechas por el senador a favor de William y Roberto Isaías, dos banqueros ecuatorianos fugitivos de la justicia por multimillonarias estafas cometidas durante las turbulencias de los años noventa en Ecuador. Los Isaías, al parecer, hicieron significativas contribuciones a favor de Menéndez a cambio de la protección mafiosa que este le prestó para que, a pesar de las requisitorias de la justicia ecuatoriana, pudieran radicarse sin problemas en Estados Unidos y desarrollar en ese país lucrativas actividades. Más en:
[13] Sobre esto ver Alexander Main, “ Un paso adelante y un paso atrás en la política de Estados Unidos hacia América Latina ” (Washington: Documento de Trabajo Center for Economic and Policy Research, 19 Diciembre 2014)
[14] Sobre esto ver el sugerente artículo de Rafael Bautista Segales., “¿Del bloqueo a Cuba al bloqueo al ALBA?”, en ALAI, 24 Diciembre 2014. http://alainet.org/active/79714
 
 

"Cinco lustros sin la dictadura militar que imperó durante 21 años.."

Miguel Antonio Bernal V.
Preocupante resulta la ausencia notoria en los medios y foros, de los 25 años transcurridos ‘en democracia’, desde la invasión armada que fuimos objeto los panameños.
Cinco lustros sin la dictadura militar que imperó durante 21 años, parecen no contar en nuestra sociedad en la que, ‘lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa’. La despolitización a la que hemos sido sometidos, pesa cada día más en que nos importa menos hacia dónde vamos, ni cómo vamos.
El balance que no quiere hacerse por parte de gobernantes y gobernados, es un botón de muestra de lo desconectados de la realidad y de lo domesticados que está la gran mayoría de ciudadanos. Mientras tanto, los canallas andan cada día más envalentonados, pisoteando lo poco de decencia que queda en la cotidiana impunidad e injusticia que nos envuelve.
El torrencial aguacero de mentiras despiadadas nos inunda de confusión y resignación, remedios malsanos que no contribuyen en nada a construir una sociedad moderna y realmente democrática. La perplejidad que aflora en los ciudadanos maltratados por la falta de luchas y la falta de derechos, nos pone como arrieras sin pestañas incapaces de distinguir la ausencia de legitimidad y la ausencia de gobernabilidad, como le llaman ahora a los espejismos de democracia que han ido montando durante todos estos años, los unos y los otros.
La reducción del Estado social, heredado de la constituyente del 46, ha crecido con el individualismo rampante y la privatización del sector público, la mercantilización de la vida, de la salud convertida en mercancía, la desregulación de la economía, de la partidocracia, el monopolio de los medios de comunicación, los modelos impuestos por transnacionales antipanameñas, ausencia absoluta de independencia judicial, la Policía militarizada y corrupta a la par del legislativo.
Todo ello envuelto en el celofán del Ejecutivo practicante del clientelismo, populismo, nepotismo, negociados, de los simuladores y farsantes que, durante 25 años, han secuestrado la democracia.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Cuba- EEUU y la política de la zanahoria y el garrote.

Jesús Rafael Gamarra. *
 
La decisión norteamericana de retomar relaciones con el gobierno revolucionario cubano se toma en el peor momento de su política exterior, lo que le está trayendo desgaste y deslegitimación; pero también en el marco de una profunda crisis interna agudizada por la violación de derecho humanos de afrodescendientes e inmigrantes. Es importante señalar algunos elementos de contexto.

El embargo comercial, económico y financiero de Estados Unidos en contra de Cuba o bloqueo fue impuesto en 1960 y convertido en ley en 1992. Para 1996, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la llamada Ley Helm, con la cual se eliminó la posibilidad de hacer negocios con el gobierno de Cuba por parte de ciudadanos estadounidenses.

Para finales de la década de 1990, el entonces presidente Bill Clinton amplió el bloqueo al prohibir a las filiales extranjeras de compañías gringas comerciar con Cuba, hecho que significó la primera ley transnacional en el mundo.

A pesar de los intentos de los distintos gobiernos de EEUU de mantener el control irrestricto sobre el bloqueo a nivel mundial, la política exterior de Cuba, la Revolución Cubana, rompió el cerco mediático, político y diplomático desde sus inicios pero cosechó los logros a partir de los primeros años de la década de 1990, cuando en el concierto de las Naciones Unidas comenzaba a rechazarse de manera unánime el sistema de sanciones estadounidense: Ha sido condenado 23 veces en la ONU en las últimas dos décadas.

Nuevo Estado-Continente

En América Latina y el Caribe han sucedido una serie de cambios que auguran una nueva época, que han logrado otra arquitectura geopolítica en la que Venezuela, gracias al liderazgo indiscutible del Comandante Chávez, ha ocupado un papel protagónico en su diseño y conducción.

Tenemos posicionados nuevos organismos estratégicos de dirección política que corresponden a nuestra identidad: CELAC, UNASUR y otros que enfatizan lo económico regional, ALBA-TP, MERCOSUR, BANCO DEL SUR y PETRO CARIBE. Esto ha permitido desplazar a la OEA -engendro de intervención directa gringa- de la dinámica política regional, pero también liquidar los tratados de libre comercio que venían siendo impuestos por EE.UU en su patio trasero desde los noventa.

A contrapartida de estas propuestas de integración regional que se orientan hacia la consolidación de un Estado-Continente (Álvaro García Linera), y en un intento de redimensión geopolítica, militar y económica de la doctrina Monroe, los Estados Unidos ha intentado levantar tienda aparte con otros organismos como la Alianza para el Pacífico; hasta hoy solo cuenta con el apoyo de Chile, Colombia, Perú y México

Pero EEUU ha quedado absolutamente aislado en la agenda política latinoamericana y caribeña, por fuera de todos los procesos de integración y al descubierto en innumerables propósitos y acciones desestabilizadoras en la región, valga recordar el golpe al presidente de Honduras Manuel Zelaya, a Fernando Lugo en el Paraguay, a Hugo Chávez en 2002 y la permanente y abierta injerencia en Venezuela.

Después de 54 años el imperio asume políticamente la derrota y reconoce los derechos naturales y consuetudinarios de la revolución cubana y de su pueblo y lo que es más asume el descalabro político producto de la avanzada diplomática en cada asamblea de las Naciones Unidas en donde se debatió y se votó a favor de la suspensión del embargo comercial, económico y financiero.

Retorno hegemónico imperialista

Hoy, EE.UU. busca abrirse espacio en el nuevo marco geopolítico latinoamericano y caribeño de donde fue excluido paulatinamente a la par de la OEA. Aún cuenta con aliados fuertes ubicados en la cuenca del Pacífico (Alianza del Pacífico), los que harán coro para que en una eventual Cumbre de las Américas resurja como el ave fénix y asuma la conducción de las relaciones multilaterales en la región.

Seguramente, si se diera este evento, Obama y sus aliados propondrían un organismo multilateral suprarregional de carácter político que obvie su aislamiento y lo relance como gendarme del continente.

Obama inicia un proceso de apertura política con Cuba, lo cual venía tratándose en conversaciones secretas desde hace aproximadamente un año, pero simultáneamente impone sanciones groseras a Venezuela demostrándose la permanencia de su política intervencionista en la región violatoria del derecho internacional y de los principios de la ONU. No es casualidad que en el momento que los estadistas presentes en Mercosur debatían y rechazaban las sanciones impuestas por EE.UU., Obama esté comunicando la apertura de las relaciones diplomáticas con Cuba. Este doble rasero indica qué origina y hacia dónde apunta la decisión que Obama toma. Paralelo al avance de los diálogos y acuerdos con Cuba seguirá apostando y empujando a la liquidación de la Revolución Bolivariana; flexibilizará la relación con Cuba y profundizará la guerra contra y en Venezuela.

La decisión del gobierno norteamericano está lejos de ser un gesto humanitario, solidario u obsecuente con las decisiones de ONU. Es un ágil movimiento táctico a través del cual quiere relegitimarse, cambiar la correlación de fuerzas que ahora es favorable a paradigmas alternos al capitalismo, entre otros al socialismo bolivariano. La nueva tendencia busca tender un manto que cubra los atropellos que adelanta contra el pueblo venezolano.

Espejismo y desbloqueo

Los avances en las relaciones diplomáticas Cuba-EE.UU., hacen pensar a la ultraderecha estadounidense y venezolana que existen condiciones subjetivas para, por ejemplo, liberar al político Leopoldo López, preso por incitar a un golpe de Estado a principios de 2014.

Lo más paradójico es que pretenden equiparar la liberación de los cinco héroes cubanos, el contratista y el agente de la Usaid, puestos en libertad por mutuo acuerdo entre los gobierno de Raúl Castro y Barak Obama; con la situación jurídica de los políticos presos de Venezuela, judicializados por delincuentes y terroristas que condujeron desde febrero de 2014 ecosidio, vejámenes, verdaderas masacres y crímenes horrendos.

La derecha venezolana especialmente piensa que es el momento propicio para reclamar al Gobierno venezolano y desarrollar la combinación de las tres formas de guerra (Guerra de IV Generación, Guerra Económica y Guerra Sucia o GBI). La política estadounidense del garrote y la zanahoria es lo que se intenta imponer en estos momentos en América: Garrote al pueblo venezolano y zanahoria hoy en las relaciones con Cuba.

Desde América Latina, con los gobiernos progresistas, los movimientos sociales, intelectuales, y demás individualidades y colectivos antiimperialistas, debemos continuar denunciando los crímenes de los Estados Unidos y su doble moral: Restablecer las relaciones con Cuba pretende ser para los gringos una visa con destino al paraíso del perdón.

Nuestros gobiernos, pueblos y organismos no deben olvidar que recientemente la CIA, con apoyo de Bush y Obama, respaldaron métodos de tortura en la base naval de Guantánamo; que US Army invadió y violó los Derechos Humanos en Irak, Afganistán, Libia, interviene en Siria y todo Oriente Medio, y lo mismo hace con Ucrania.

Ahora bien, desde la Revolución Bolivariana debemos desmontar estas matrices de la derecha nacional y la mayamera y cubano gusanera, y posicionar no solo una línea política diplomática mediática, sino de acción: Debemos seguir apoyando y empujando el parto de la Revolución Cubana.

En estos momentos de guerra económica contra Venezuela, se hace tangible y propio, en lo cotidiano, la tragedia y privación que ha significado el bloqueo económico a Cuba desde 1961.

Recordemos que las sanciones contra Cuba han dejado 116.800 millones de dólares en pérdidas, y que desde 2004 los Estados Unidos han impuesto sanciones por el orden de los 11.500 millones de dólares a bancos y empresas que han comerciado con Cuba.

Es momento de apoyar irrestrictamente a Cuba en el tema del restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, pero también es el momento de visibilizar que la posible victoria latinoamericana que significaría derrotar ese vil bloqueo, sería un freno para la arremetida que se desarrolla contra Venezuela.

La experiencia cubana para Venezuela

El pueblo cubano enfrentó y derrotó el desembarco de fuerzas norteamericanas el 17 de abril de 1961 en Playa Girón, Bahía Cochinos, ataque organizado por la CIA; soportó durante 54 años atropellos e improperios por parte del imperio norteamericano y aún en esas condiciones se mantuvieron las conquistas económicas, políticas, sociales y culturales de la revolución.

De igual manera sabrá sortear airosamente la agenda secreta de los gringos que ahora estarán abiertamente en la isla. Los cubanos y nosotros sabemos que inmediatamente empezarán a aplicar el método del golpe suave. Pero la nueva situación es una conquista de todo el pueblo, es un triunfo de América Latina y de los revolucionarios y demócratas del mundo.

Cuba sabrá avanzar con el enemigo dentro. Fidel y Raúl son estrategas y estadistas y conocen al enemigo; el pueblo todo creó este momento, lo disfrutará y lo aprovechará para consolidar la revolución cubana y latinoamericana.

Los venezolanos tenemos en el pueblo de Fidel un espejo para mirarnos y hacernos una serie de preguntas que nos ubiquen con relación a las exigencias del momento histórico. ¿Quién es nuestro enemigo? ¿Quién está conduciendo la guerra sucia? ¿Quién está detrás de la guerra económica? ¿Cuáles son los ejes de la guerra mediática y de cuarta generación? ¿Enfrentaremos un desembarco de fuerzas gringas? ¿Soportaremos las consecuencias de la guerra económica: ¿escases o desabastecimiento de productos básicos?, ¿Inflación galopante e inducida? ¿Sabremos construir alternativas a las tradicionales costumbres gastronómicas? ¿Variaremos los hábitos alimenticios? ¿Nos dedicaremos a producir alimento en nuestras casas para contrarrestar la guerra? ¿Masificaremos la medicina tradicional? ¿La situación actual es producto de la guerra impuesta? ¿La situación actual es producto de políticas de Estado? Las respuestas a estos interrogantes definirán por cuánto tiempo resistiremos los embates desestabilizadores del imperio y la oposición.

No tenemos otra alternativa que reinventar todas las formas de resistencia que hagan viable y posible el proyecto revolucionario de Chávez, el socialismo del Siglo XXI. La Revolución, desde su conducción estratégica, está tomando permanentemente decisiones acertadas y está autocríticamente corriendo otras. Y no olvidemos que después de ese arbitrario listado de venezolanos expuesto por EE.UU, también puede sobrevenir un bloqueo total con todas sus leyes a bordo.

En esta coyuntura política la CBG propone:

·  Celebrar el triunfo de la Revolución Cubana.
·  El órgano interlocutor con EE.UU. y Canadá debe continuar siendo UNASUR y CELAC. No es viable construir ningún otro organismo por encima de éstos.
·  Mantengamos desde los pueblos la iniciativa de liquidación de la OEA y la reforma en el Consejo de Seguridad de la ONU.
·  Mantengamos la lucha aniimperialista en la defensa de la revolución venezolana, del pueblo Palestino y de los pueblos del mundo.

Jesús Rafael Gamarra / Coordinador de la Corriente Bolivariana Guevarista
Corriente Bolivariana Guevarista
Venezuela, diciembre de 2014

El imperio del consumo.

Eduardo Galeano.

La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar. La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En las fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica. EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial.

«Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas».

Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar.

El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad grave» ha crecido casi un 30% entre la población joven de los países más desarrollados. Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos 16 años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, la diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico.

Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald’s, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.

El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald’s no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald’s dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald’s de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín.

Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald’s viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restaurante de Montreal en Canadá: el restaurante cerró. Pero en el 98, otros empleados e McDonald’s, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness.

Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra. Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece.

Los expertos saben convertir las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, tanto mejor: las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar?

El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente en la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas.

Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a 7.000 años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiende en las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio.

Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas?

El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial.

El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas.

La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad; las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.

Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error que se debe corregir, ni un defecto que se debe superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar un shopping center del tamaño del planeta.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Invasión 25 años. 20 de diciembre de 1989 - 2014.

Jamas olvidar que el tiburón sanguinario se ensaño con todo su potencial militar contra un país y su pueblo con la excusa de sacar del poder a Noriega. Ensayaron en la cruel y cobarde masacre de aquel día nuevos armamentos, helicópteros y los criminales DRONS que después utilizaron en Iraq ya probados en Panamá.

Deplorable es que aún luego de 25 años y salido a relucir interioridades reveladas por los actores protagónicos, cientos de miles de compatriotas panameños continúan hablando a favor de esa invasión y otros justific+andola.

Inaceptable es para mi y otros muchísimos mas que los gobiernos panameños, de todas las banderas, en estos 25 años se hayan negado a decretar el 20 de diciembre como día de duelo nacional. Que no hayan sido interpuestos ante los Estados Unidos de América y ante las instancias internacionales la correspondiente denuncia de la criminal ivasión-agresión y formuladas las reclamaciones de indemnizaciones a las victimas y al Estado Panameño.

Claro esta que ello no es mas del entreguismo de la inmensa mayoría de los politiqueros del patio y de los civiles adoradores de su amo gringo. 

Pareciera que a pesar de todos los ejemplos mundiales de las actuaciones de los norteamericanos no aprenden los connacionales quienes realmente son y que ellos "no tienen amigos sino intereses".

Federico Ardila Acuña

miércoles, 17 de diciembre de 2014

¿POR QUÉ ESTADOS UNIDOS INVADIÓ A PANAMA EN 1989?

Por Olmedo Beluche
(Extracto del libro La verdad sobre la invasión)
La invasión norteamericana a  Panamá, la madrugada del 20 de diciembre de 1989, fue la culminación y desenlace de un proceso de crisis política, económica y social que se originó va­rios años antes.  La década de 1980 estuvo mar­cada, en Panamá, por las crecientes luchas obre­ras y populares que se en­frentaron a los distintos gobiernos del régimen militar, a sus planes eco­nómicos, a su origen antidemocrático y a sus medidas represivas.
 
Las movilizaciones populares arreciaron y terminaron por liquidar la base social de susten­tación del régimen militar, que en 1984, mediante un pacto entre la embajada de Estados Unidos y la cúpula militar, impuso en la Presidencia de la República al ex vicepresidente del Banco Mundial, Nicolás Ardito Barletta.  La intención de imponer el gobierno de Ardito Barletta era la de llevar a cabo un plan de “democratización” controlado para aplicar las medidas eco­nómicas fondomonetaristas dicta­das por los intereses financieros del imperialismo norteame­ricano. 
 
Sin embargo, los trabajadores y las masas populares panameñas des­tro­za­ron con sus luchas este pacto (Reagan - Noriega).  Entre 1984 y 1987 se produjeron múltiples huelgas y movilizacio­nes contra los planes fondomonetaristas de Ardito Barletta y su sucesor Eric A. Delvalle.  
 
En ese período los trabaja­dores del sector privado, dirigidos por el Consejo Nacional de Trabajadores Organizados (CONATO), realizaron dos huelgas generales, la última de diez días de duración.  Los trabajadores del sector público realizaron siete pa­ros nacionales dirigidos por la FENASEP.  Los gremios médicos y magiste­riales llevaron a cabo al menos dos paros nacionales dirigidos por la Coor­dinadora Civilista Nacional (COCINA), uno de los cuales infringió la pri­mera de­rrota al plan fondomonetarista al lograr la derogación de la Ley 46 en octubre de 1984.  Esto sin contar con las huelgas sectoriales o por empresas e instituciones por motivos específicos, las protestas ba­rriales y las movilizaciones directamente políticas como las que se pro­dujeron a raíz del asesinato de Hugo Spadafora.
 
Este fue el clima de luchas sociales reinante durante el régimen encabe­zado por el general Manuel A. Noriega. A estas protestas populares se su­maron las contradicciones por el poder a lo interno del sector civil militar del régimen y las maquinaciones de la Alianza Democrática de Oposición. La combinación de todos estos factores estuvo presente en el momento del estallido popular que siguió a las declaraciones del coronel Roberto Díaz Herrera en junio de 1987. 
 
Las movilizaciones populares de junio, julio y agosto de ese año marcan el punto más bajo de credi­bilidad para el régimen político imperante. Credibilidad que Noriega y su régimen no volverían a recobrar. El régimen había hecho crisis y el imperialismo, la bur­guesía panameña y los mili­tares divergían sobre quién debía pagar los pla­tos rotos. Era necesario un recambio para estabi­lizar la situación y evitar que una verdadera e incontrolable revolución popular barriera el régimen. La clase dominante panameña, así como cada vez más el gobierno nortea­mericano, exigían la salida de Noriega para salvar la situación. Noriega no estaba de acuerdo.
 
La Cruzada Civilista organizada por los sectores empresariales pro im­perialistas al calor de esas movilizaciones buscaba, y lo logró, consti­tuirse en la dirección política del descontento de las masas que era en gran medida espontáneo, o dirigido por sindicatos y gremios que se queda­ban en los reclamos económicos sin plantearse la organización de una alternativa política de carácter popular en oposición al régimen militar.
 
La Cruzada Civilista y después la ADO - Civilista, se constituyeron en las fichas de recambio que el imperialismo quería para el desgastado régimen de Noriega.  La Cruzada se propuso eri­girse en dirección política de las ma­sas para luego impregnarlas de sus métodos de “lucha” ino­cuos (rezos, pa­ñuelos, caravanas y paros empresariales), y finalmente llevarlas a la des­movilización bajo la convicción de que de afuera vendría la “solución” a los problemas del pue­blo panameño.  Que los principales dirigentes sindicales y populares del país aparecieran res­paldando al impopular régimen de No­riega, así como el hecho de que no surgiera una  oposición masiva al régimen desde la izquierda, ayudó a los propósitos de la Cruzada Civilista y al impe­rialismo norteamericano.
 
El régimen de Noriega respondió a las presiones políticas del imperia­lismo, a sus sanciones económicas y a sus amenazas militares arreciando la represión a las libertades democráticas internas, haciendo recaer sobre los trabajadores el peso de la crisis económica y no tocando ni un centavo a las transnacionales yanquis y a sus socios panameños que aupaban la inter­vención norteamericana. Todo esto llevó a que, por primera vez desde 1903, un sector impor­tante de las capas medias y altas apoyaron abiertamente la intervención militar norteameri­cana. De esta manera se resquebrajó la tradición de dé­cadas de rechazo rotundo de la mayoría de los panameños a la presencia norteamericana en nuestro país.
 
Este preámbulo histórico, cuyos elementos centrales deben ser materia de un análisis más detenido en futuras investigaciones, ha sido necesario para que se comprenda el clima polí­tico reinante en diciembre de 1989 que posibilita la sangrienta invasión norteamericana y se en­tienda por qué algunos sectores del país, lejos de combatir al ejército invasor, lo reciben con los brazos abiertos.
 
Este preámbulo también sirve para comprender el comportamiento in­consecuente de la cú­pula militar norieguista. La dirección de las FDP no alertó a la población. Por el contrario, escon­dió desde días antes armas de alto calibre, únicas capaces de enfrentar exitosamente a la aviación y a los tanques enemigos (como los llamados “RPG”). Se negó a entregar armas a mu­chos miembros de los Batallo­nes de la Dignidad y civiles que se acercaron a los cuarteles. Final­mente, salvo honrosas excepciones, acabó  entregándose sin disparar un solo tiro.
 
Pero esta dramática situación política y militar, que presagiaba la vic­toria de la invasión norteamericana, engrandece la figura de aquellos cientos  y miles de hombres y mujeres pana­meños que esa madrugada y los días subsiguientes empuñaron un arma para defender la patria agredida.  Estas circunstancias otorgan el carácter de héroes nacionales a aquellos solda­dos y suboficiales de las Fuerzas de Defensa, a aquellos combatientes de los Batallones de la Dignidad y a aquellos civiles que murieron defendiendo nuestro inalienable derecho a ser un país sobe­rano e independiente.
El año de 1989 estuvo completamente marcado por la agudización de la crisis política in­terna y por el aumento descarado de las maniobras militares norteamericanas en áreas no de­signadas para ese efecto por los tratados Torrijos-Carter.
 
Estos acontecimientos se sucedieron de manera vertiginosa: La anulación de las elecciones del 7 de mayo; el envío de dos mil nuevos soldados norteamericanos a las bases acantonadas en Panamá; el fallido intento de mediación de la OEA; la instalación del gobierno provisional del presidente Francisco Rodríguez; el no re­conocimiento diplomático de Estados Unidos; el intento golpista del 3 de octu­bre, con su saldo de muertos;  el Senado otorgó plenos poderes a George Bush para actuar en Pa­namá; nuevas san­ciones contra el gobierno y empresas privadas panameñas anunciadas el 19 de octubre por Was­hington; la aprobación de las llamadas “leyes de guerra”; el aumento de las maniobras militares norteamericanas en áreas civiles pa­nameñas y los primeros enfrentamientos “verbales” de los Batallones de la Dignidad con los marines; el anuncio de mayores sanciones a partir de 1990 con el no reconocimiento del nuevo administrador del Canal propuesto por Panamá y la prohi­bición de arribo de buques de bandera panameña a puertos norteamericanos.
 
Los cinco días anteriores a la invasión los hechos se suceden con mayor velocidad aún:  El día 15 de diciembre la Asamblea Nacional de Representantes de Corregimientos designan al ge­neral Manuel A. Noriega como jefe de Gobierno para "conducir al país mientras persista el estado de guerra que sufre la República de Panamá, como consecuencia de la constante y despiadada agresión desarrollada por Estados Unidos de Norteamérica”.  Otra resolución “declara a la Re­pública de Panamá en estado de guerra, mientras dure la agresión desatada contra el pueblo pa­nameño por el gobierno de Estados Unidos de América...(Los acuerdos de la Asamblea de Repre­sentantes no tenían fuerza de ley.  Más bien reflejaban el sentir de un sector cercano al gobierno de turno).
 
Al día siguiente, sábado 16, a las 9 de la noche, un vehículo conducido por soldados nortea­mericanos vestidos de civil rompe las barreras de los retenes ubicados frente al Cuartel Central de las Fuerzas de Defensa de Panamá y abren fuego. Los soldados panameños apostados en el lu­gar, devuelven el fuego hiriendo de muerte al teniente Robert Paz Fisher.  El domingo 18, a las 11:30 a.m., un infante de marina dispara contra el cabo César Tejada en el área de Curundú frente a las oficinas del MIVI, hiriéndolo en el brazo izquierdo.
 
El día 19 transcurrió bajo una calma aparente. La po­blación se dedicó a sus actividades normales, comentando los incidentes ocurridos y sin saber lo que les esperaba. Pese a que a al­gunos funcionarios, especialmente de las Fuerzas de Defensa, como en Sanidad Militar, se les había recomendado acumular comida y no hacer los gastos sun­tuarios acostumbrados para Na­vidad, lo cierto es que la mayoría de los panameños dudaba que una invasión se fuera a produ­cir.  Al caer la noche los noticieros televisi­vos estadounidenses, que se reciben por cable en Pa­namá, reportaban un inusual movimiento de aviones hacia Panamá. 
 
Las agencias de prensa empezaron a pedir confirmación a sus reporte­ros en Panamá.  Aproximadamente a las 9:00 p.m. el poblado de Veracruz empieza a notar el arribo constante y masivo de aviones a la base de Howard.  Ya a esa hora se encontraban aposta­dos a lo largo de la Avenida de los Mártires solda­dos panameños, conocidos como los “Macho de Monte”.  Poco antes de la medianoche era ata­cada la estación de las Fuerzas de Defensa de Balboa (frente al YMCA) y las patrullas de la poli­cía canalera eran neutralizadas, luego fueron atacadas las oficinas del DENI y de la Dirección de Tránsito. A las 12:45 a.m. empezaba el bombardeo aéreo al Cuartel Central y en el barrio de El Chorrillo.