lunes, 1 de febrero de 2016

Frei Betto: Descuidar la educación ideológica, grave error.

Por Luis M. Arce y Anubis Galardy.

La Habana (PL) Para el fraile dominico brasileño Frei Betto, una de las causas principales de retrocesos en gobiernos progresistas en América Latina es el descuido en la formación ideológica de la sociedad.

A juicio de uno de los gestores de la teología de la liberación, no se trata de un fenómeno nuevo ni propio del continente, pues ya se había dado en la antigua Unión Soviética y en el resto de Europa del Este.

En una detallada entrevista con periodistas de Prensa Latina durante su participación en la II Conferencia Internacional Con todos y para el bien de todos, dedicada a José Martí, Betto defendió esos criterios a la luz del pensamiento político y antimperialista martiano.

Hemos avanzado mucho en los últimos años, se logró elegir jefes de Estado progresistas, conquistar conexiones continentales importantes como la alianza bolivariana, Celac, Unasur, pero se cometieron errores.

Según precisó, desde el punto de vista humano lo más fuerte fue no cuidar la organización popular, el trabajo de educación ideológico y allí entra en juego José Martí porque él siempre se preocupó por el trabajo ideológico.

Ahora tenemos que hacernos una autocrítica fuerte y preguntarnos cómo vamos a rescatar esos gobiernos progresistas desde el punto de vista de países como Venezuela, Argentina, Brasil. ¿Cómo evitar en Venezuela y Brasil, por ejemplo, la catástrofe de lo que acaba de suceder en Argentina?
A una pregunta sobre si retrocesos de esa naturaleza fueron advertidos en las ideas martianas, Betto responde positivamente.

Sí. Los retrocesos en una sociedad desigual significan que hay una permanente lucha de clases. No podemos engañarnos, pues no se garantiza el apoyo popular a los procesos dando al pueblo sólo mejores condiciones de vida, porque eso puede originar en la gente una mentalidad consumista.

En Brasil, ejemplifica, mucha gente ya está aburrida porque no puede consumir como antes. Yo diría que, con todos los logros del gobierno del Partido de los Trabajadores con los presidentes Lula y Dilma, lamentablemente hemos desarrollado una conciencia más consumista que ciudadana.

¿Cuál es el problema? No se politizó a la nación, no se hizo un trabajo político, ideológico, de educación, sobre todo en los jóvenes, y ahora la gente se queja porque ya no puede comprar carros o pasar vacaciones en el exterior.
Estamos volviendo atrás, sobre todo, porque no hemos desarrollado una política sostenible; no hemos hecho reforma estructural, reformas agrarias, tributarias, presidenciales, políticas. Encauzamos una política buena pero cosmética, o sea, carente de raíz, sin fundamentos para su sustentabilidad.

Por eso si me preguntan qué va a pasar en Brasil, yo espero que no pase lo peor, que es el regreso de la derecha al poder. Ahora depende mucho de Dilma en los próximos dos o tres años.

Pero lamentablemente, por lo pronto, no hay señal de que va a cambiar la política económica que hace daño a los más pobres y favorece a los más ricos.

Los periodistas indagan si el consumismo y la corrupción que denuncia tanto están matando la utopía en pueblos de nuestra América, como Argentina y otros, y el entrevistado responde con un sí rotundo.
Sí, porque si la gente no tiene perspectivas de sentido altruista, solidario, revolucionario, de la vida, se va hacia el consumismo, y eso afecta toda perspectiva socialista y cristiana, que es desarrollar en la gente valores solidarios. La solidaridad es el valor mayor tanto del socialismo como del cristianismo.

En la perspectiva capitalista, al contrario, sustenta, la competitividad y la seducción de ese modo de producción es muy fuerte. Toda la presión de los medios de comunicación, publicidad, películas, telenovelas va dirigida a evitar que la gente quiera cambiar el mundo.

Según esos postulados, usted puede cambiar de camisa, de cabello, de anteojos, de carro o de cerveza, pero jamás cambiar su realidad política.

Betto insiste en que en eso radica la falla en gobiernos progresistas, no hicimos un trabajo de base, de formación ideológica de la gente, a pesar de saber que todos nosotros somos egoístas por naturaleza, desde niños.

La educación para el amor, para la solidaridad, es un proceso que hay que desarrollar pedagógicamente, y como eso no se cuidó desde un primer momento, ahora afrontamos las consecuencias, lamentablemente, particulariza.

Al abordar el proceso de distopía, es decir, los intentos de presentar la utopía como algo del pasado, reitera que en los países como Brasil o Venezuela, los gobiernos se equivocaron al creer que garantizar los bienes materiales equivalía a garantizar condiciones espirituales, y no es así.

En ese sentido Betto es también muy agudo en el caso de Cuba al opinar que el gobierno revolucionario, que ha hecho un trabajo ideológico de educación política con el pueblo, ha sido demasiado paternalista según su punto de vista.

Explica que la gente ha mirado a la revolución como  una gran vaca que le da leche a cada boca, pero con eso no se moviliza a la gente para un trabajo más efectivo en la consolidación ideológica relacionada, por ejemplo, con la producción agrícola e industrial.

También cree, aunque admite poder equivocarse, que la dependencia de la Unión Soviética llevó a Cuba a acomodarse un poco, y hoy importa del 60 al 70 por ciento de productos especiales de consumo y se convirtió prácticamente en una nación que exporta servicios médicos, educadores, profesionales e importa turistas para conseguir más divisas.

Tenemos que reflexionar todos para definir cuál es el camino entre una perspectiva consumista y una paternalista. Y ahí hay que contar con José Martí, recomienda.

Educación política, participación, compromiso efectivo con la lucha, adecuación de la teoría y la práctica, es lo correcto y ahí están los ejemplos de Martí, de Fidel Castro que han vivido dentro del monstruo, como el caso de Martí, y el de Fidel que proviene de una familia latifundista y se convirtió en revolucionario.

¿Qué pasó en la conciencia de José Martí y de Fidel Castro, quienes tenían la oportunidad de hacerse un lugar en la burguesía pero tuvieron una dirección evangélica para los pobres y asumieron la causa de la liberación?, se pregunta.

La respuesta es la que va a indicarnos el camino que vamos a seguir para evitar que el futuro de América Latina sea de nuevo un lugar de mucha desigualdad, de mucha pobreza, porque corremos el riesgo de ser de nuevo neocolonia de Estados Unidos y de Europa Occidental.

Tomando esas últimas afirmaciones recuerda algo en lo que viene insistiendo desde hace largo tiempo, relacionado con los cambios de paradigma en las sociedades nuestras.

Ya no son paradigmas altruistas, solidarios, como el Che, Camilo, Fidel, Raúl. La gente quiere imitar a los consumistas, sus cantantes, deportistas, porque son las imágenes que el capitalismo proyecta y los jóvenes quieren una razón de vivir, todos nosotros la queremos, y es una disputa permanente entre quienes quieren llevar a los jóvenes a su redil.

Pero no es fácil vivir en un mundo en el que el neoliberalismo proclama que la utopía está muerta, que la historia ha terminado, que no hay esperanza ni futuro, que el mundo siempre va a ser capitalista, que siempre va a haber pobres, miserables, y ricos, y que, como en la naturaleza, siempre va a haber día y noche y eso no se puede cambiar.

¿Pero cómo se resuelve un problema como ese, como en el caso de Argentina, donde hay decenas de partidos y una división atroz?, preguntamos y responde con una conceptualización política.

La derecha se une por interés, y la izquierda por principios, y cuando la izquierda pierde los principios, ahí está el lío.

Qué izquierda esta, afirma, que en Brasil admite corrupción, que hace políticas de ajuste fiscal para penalizar a los pobres y favorecer a los ricos. Entonces, cuando la izquierda viola el horizonte de los principios y va por los intereses, le hace el juego a la derecha.

En Brasil hay una frase definidora: "con esta izquierda no necesitamos tener la derecha porque ya está". Hay gobiernos progresistas pero con una tremenda corrupción y creen que se puede movilizar a un pueblo a través de consignas. No es así.

¿Cuál es la salida entonces?, preguntamos.
La tarea de la izquierda es movilizarse en la línea de una alta formación política y por ese camino es que debemos trabajar.

A corto plazo no hay salida, a corto plazo es que Cuba logre cómo establecer buenas relaciones con Estados Unidos y administrar bien la suspensión del bloqueo sin tornarse vulnerable a la seducción capitalista.

Eso es lo que me preocupa cuando veo a jóvenes irse del país para aprovechar la ley de ajuste porque es señal de que la gente está corriendo contra el tiempo para tornarse ciudadano de Estados Unidos porque en el momento en que termine el bloqueo esa ley va abajo. Pero Cuba tiene que preguntarse por qué jóvenes formados en la revolución quieren ser ciudadanos de Estados Unidos.

Esa visión suya de un asunto al que el gobierno cubano presta la máxima atención sirve de entrada para abordar uno de sus temas preferidos: el quiebre de los sueños.

El peligro que hay aquí, dice, es que la revolución la ven esos jóvenes como un hecho del pasado y no un desafío del futuro, y cuando la gente la ve como un hecho del pasado ya mira las cosas no por sus valores, por su horizonte revolucionario, sino por el consumismo también: quiero tener esto, lo otro, todas las cosas, y entonces aquí no pueden ahora, estiman que demora mucho y ven solo a aquellos pocos a quienes las cosas les han ido bien afuera.

El socialismo, asegura, ha cometido el error de socializar los bienes materiales, y no socializó suficientemente los bienes espirituales, porque un pequeño grupo podía tener sueños de cosas distintas que se podían hacer, y los demás los han tenido que aceptar.

El capitalismo lo hizo al revés, socializó los sueños para privatizar los bienes materiales. Miras la telenovela de O Globo, socializó los sueños, una familia está en la favela pero con el sueño de que un día será como esa heroína de la novela, yo también voy a llegar al mundo de los ricos ,y eso es el opio de los pueblos.

Es algo que el capitalismo descubrió para garantizar los bienes, no para compartirlos ni sacarlos de los sueños. Todos deben soñar y que cada uno alimente esa esperanza de que un día podrá ser también rico, un Pelé, una Lady Gaga, un Michael Jackson es su propuesta.


Y ahí llega el sufrimiento de los jóvenes que ponen en su vida cuatro cosas: dinero, fama, poder y belleza, y cuando no alcanzan ninguno de esos parámetros van siempre a los ansiolíticos, las drogas, viene la frustración de los falsos valores, la cual viene siempre desde donde hemos puesto nuestra expectativa.

Prensa Latina.

sábado, 23 de enero de 2016

Lo que está ocurriendo en Haití es una auténtica rebelión popular antiimperialista.

Por Carlos Aznárez

Resumen Latinoamericano, 23 de enero 2016.- Puerto Príncipe y otras ciudades de Haití son hoy el escenario de la más grande rebelión popular de las últimas décadas de la sufrida nación haitiana.  Decenas de miles de manifestantes se han lanzado a la calle para demostrar su repulsa contra el actual gobierno presidido por Michell Martelly, que había decidido, contra el pensamiento de la gran mayoría, mantener la fecha del domingo 24 para realizar una "mascarada electoral", tal cual la califican los partidos opositores. Sin embargo, un griterío ensordecedor comenzó a subir desde los rincones más pobres de la ciudad e incluso invadió con inusitada violencia las calles residenciales de Petion-Ville: es pueblo en toda la magnitud de su capacidad de resistencia, haciendo honor a sus orígenes independentistas y anti-esclavistas de 1804, que se ha puesto de pie para generar una ofensiva antiimperialista y escribir en las páginas de su propia historia un descomunal:
“¡¡Basta!!”.

-Basta de utilizar el territorio haitiano como un laboratorio invasivo por parte de Estados Unidos y sus aliados. -Basta de tropas invasoras de la Minustah, que muy por el contrario de lo que enuncian sus promotores cuando hablan de “ayudar al pueblo haitiano y ejercer una misión humanitaria”, todo lo que ha dejado su accionar es represión, ocupación, violación de niños y niñas por parte de soldados entrenados para matar, transmisión del cólera, cuya epidemia causó decenas de miles de muertos.

-Basta de complicidad latinoamericana con las tropas invasoras de las Naciones Unidas. -Basta de la burla e hipocresía internacional, derivada de las vergonzosas "misiones de ayuda", encabezadas por el genocida norteamericano Bill Clinton, que solo persiguen afianzar aún más los lazos de dependencia y dominación del pueblo haitiano.

Es por ello que durante las últimas semanas Haíti se fue convirtiendo en un escenario claramente pre- revolucionario, produciéndose estos últimos días una masiva rebelión popular. Frente a la tozudez criminal de Martelly y sus secuaces de querer que el acto electoral se realizara de todas maneras, y la tibia y epistolar respuesta de la partidocracia opositora (salvo honrosas excepciones), miles de jóvenes decidieron tomar el futuro en sus manos y en grandes oleadas comenzaron a recorrer las calles, primero pacíficamente, levantando consignas contra el Consejo Electoral y pidiendo la renuncia del Presidente. Frente a la brutal represión policial y de las tropas de la Minustah, quienes se movilizaron comenzaron a ejercer, en respuesta, la lógica y necesaria violencia popular. Esa que cuando surge, en las circunstancias límites (y esta, vaya si lo es) siempre provoca reacciones de repudio en los sectores oligárquicos y pequeño burgueses (incluso en algunos sectores de cierta izquierda boba) que no pueden comprender que la paciencia de los pueblos tiene límites muy claros. En el Haití de hoy, todo lo que haga el pueblo en su autodefensa, frente a políticos venales y uniformados invasores, está más que justificado.

Los ejemplos de estas últimas horas son contundentes: Estudiantes, trabajadores y luchadores de todas las generaciones atravesaron a la carrera el bulevard La Saline. luego irrumpieron en el barrio Bel-Air y en la ruta Delmas, al grito de “Martelly se tiene que ir. Nosotros somos el gobierno”. En la plaza Saint-Pierre la policía y no pocos cascos azules de la Minustah atacaron a la multitud con gases, balas de goma y chorros de líquido irritante para la vista y la piel, pero los jóvenes no cedieron y comenzaron a levantar barricadas y a encender neumáticos en los cortes de calle. Las bombas molotov, las piedras y otros objetos similares, eran la respuesta a la violencia de los uniformados que convirtieron en pocos minutos el clima irrespirable por los gases en un verdadero pandemónium.  Coches incendiados, locales del partido oficialista destruidos y el boca a boca advirtiendo que “nadie abandone las calles, somos el poder popular”. Cuando un grueso de los manifestantes invadieron con sus cantos y protestas el bastión “martellista” de Petion-Ville, los comerciantes cerraron sus puertas y algunos energúmenos ligados al partido de Martelly golpearon a un joven, que fue defendido rápidamente por otros, mientras la ira popular se desató en toda su magnitud contra vehículos y algunos establecimientos oficiales.

Fue en ese preciso momento, que una noticia recorrió cada una de las manifestaciones como un reguero de pólvora: “el gobierno ha decidido no realizar los comicios el 24 por razones de seguridad”. El estallido de alegría atronó en todo el territorio, y se redoblaron las consignas que exigen que Martelly abandone el cargo. “Mientras él no renuncie, nadie se irá a su casa”, gritó subido al techo de un vehículo uno de los luchadores haitianos. Y miles de brazos se levantaron haciendo la V de la victoria.


Así está el panorama por estas horas, a pesar del ninguneo y la tergiversación mediática, en una nación a la que América Latina y el Caribe le deben tanto. Entre otras cosas: los vientos libertarios de 1804 que iluminaron las luchas independentistas posteriores.  Ahora, lo que hace falta, es que en cada uno de los países donde los malos gobiernos impulsaron invadir Haití con tropas latinoamericanas, se haga todo lo posible para que esa vergüenza concluya de una buena vez.  Y que a cambio, las organizaciones populares del continente eleven su solidaridad concreta con quienes en las calles están peleando con todos los medios a su alcance por la definitiva independencia.

martes, 12 de enero de 2016

Oportunidad para la revolución, puesta en bandeja.

Javier Del Valle Monagas Maita

      Pasa, que generalmente pasamos años tras años, incluso siglos.  Activando política, ideológica y hasta militarmente. Para crear las condiciones apropiadas para generar los cambios sociales que den al traste con la dominación de las elites en sus diferentes etapas históricas.  Cuando al fin se logra, entonces las revoluciones nacen y así sigue la dinámica hasta fortalecerlas.  El asunto es: que si no se lleva una continuidad o una dialéctica que nos sirva de guía. Se corre el riesgo del estancamiento y el fácil retorno de los enemigos al poder.  Debemos recordar que el tiempo y la memoria juegan en contra de las revoluciones. Por aquello, de que las nuevas generaciones que no vivieron y sintieron el horror del pasado y la barbarie de las oligarquías, no se dan por enteradas y afectadas.  Si a eso sumamos el descuido del uso de la comunicación permanente y la educación histórica inductiva, manteniendo fresco siempre ese pasado de terror y tortura. Hacemos que diez años se conviertan en cien años de olvido y por lo tanto ponemos el retorno del mal muy fácil.

Debernos tener claro, que la gran fortaleza del enemigo imperial colonialista radica en la disposición y buen uso para su beneficio del aparataje mediático, llegando incluso a crear realidades alternas a la verdad, sustituyéndola por maquillajes fantasiosos y concepciones erróneas, que sirven la imponer anti valores y conductas contrariaras al deber ser.
      
Aunque parezca risible decirlo, debo aclarar que comunicación no es solo hablar, prensa, radio, televisión. También lo es el cine y sus contenidos que pueden ser reales o distorsionados.  También lo subliminal manipulado, según los intereses, sean honestos o de imposición: es la inducción sicológica, de odio, amor, paz, guerra, coloniaje, liberación, terror alegría, armonía, presión.  Haciendo que esos conceptos puedan ser captados y digeridos por las mentes humanas según lo quieran imponer sus inductores.
    
Dicho lo anterior.  Veo con mucha claridad que a esta revolución bolivariana le han puesto casi como regalo, la oportunidad de fortalecerse. por eso dije el 7 D lo que se lee en http://planetaenpeligro.blogspot.com/2015/12/trampa-la-mud-y-al-sion-imperio.html (No lo digo por jactancia o vanidad) Si no, por percibir en el ambiente  el nacimiento de las condiciones optimas para que esta revolución se radicalice y asuma los papeles necesarios,  para con fuerza. Desplazar a la burguesía de los espacios de poder  que aun tiene y que son muchos, que no se desperdicie como perdimos aquella ocasión del retorno del líder el 14 de abril en la madrugada del 2002.  No es tarea fácil, pero es una acción obligadamente necesaria de emprender.  Ningún proceso de cambio político - social, se consolida sin la fuerza del pueblo armado.  Mas aun, si se tiene a un enemigo que nunca a escatimado en el uso de la fuerza, el terror y el crimen para sus objetivos.
     
No voy a caer aquí en señalar culpables de fracasos o victorias electorales.  Solo destaco lo oportuno que es el momento en sus características para que se asuman acciones contundentes para avanzar ¿Qué el Sion imperio va a atacar? Si ya somos blancos de ataques, es que acaso saquearle los bolsillos al pueblo y el acoso terrorista sicológico y físico no es un ataque criminal. ¿Creen que la guerra económica y sicológica ya se acabó con la juramentación de los monigotes piti yanquis  en la asamblea nacional?  No señores, la agresión continuará y se fortalecerá. El objetivo  Sion imperial, no es esa asamblea, ni siquiera el gobierno en si.  Es ocupar a Venezuela y expoliarla en su totalidad, sin importar la gente.  Lo que le espera a esta nación de la mano de los payasos al servicio del capital sanguinario mundial, es mas que sangre sudor y lagrimas.  Al menos si hemos de pagar una cuota de esos pesares, que sean para nuestro provecho y para mal del enemigo.  Si asumimos la acción iniciativa nosotros, el sufrimiento será menor y el pesar del enemigo será mayor. No tenemos alternativa. O somos nosotros, o son ellos.  En todo caso, la inacción juega en nuestra contra. No pretendo ser alarmista.  Solo soy realista. Solo debemos ver el panorama mundial para entender.  Es nuestra lucha.  No esperemos que otros la libren por nosotros.  Los apoyos, solidaridades y amigos son bienvenidos. Pero nosotros los venezolanos, somos los que debemos dar el paso necesario para no lamentarnos luego.  Hoy tenemos fortalezas, armas y masas.  Mañana ¿Quién sabe?
      
Con sus aciertos y errores, Maduro es la Revolución.  Sumemos, no restemos.  Las apetencias egoístas se deben enterrar. Si no,  los entierra el Sion imperio ¿Qué prefieren? Aprovechemos el momento.

¡VENCEREMOS!

martes, 5 de enero de 2016

Problemas de la política económica progresista.

Gustavo Codas

La reciente derrota del kirchnerismo en la Argentina y las dificultades político-económicas por las que atraviesan otros países gobernados por fuerzas de izquierda (Venezuela, Brasil, Ecuador), han estimulado la tesis del fin del ciclo progresista iniciado en 2003 en América Latina.

Eso fue saludado tanto por la derecha que cree que se abre un nuevo período de “tiempos conservadores” – para usar la denominación que el ecuatoriano Agustín Cueva dio al ascenso neoliberal en los ´80 – pero también por diversos sectores de la izquierda críticos del progresismo por motivos diferentes tales como:  (i) su falta de voluntad de hacer una transición al socialismo o (ii) el uso de recursos del extractivismo para financiar las políticas sociales o (iii) lo que consideran serían rasgos autoritarios frente a los sectores populares que le hacen oposición.  Aquí vamos a trabajar una tesis diferente, que reconoce impasses en la estrategia progresista – en general, resultantes de sus éxitos sociales en un contexto adverso del capitalismo globalizado – a la vez que apunta  a las potencialidades para seguir hacia adelante.

Políticas comunes

Hay que partir reconociendo una gran heterogeneidad que dificulta el tratamiento de los problemas desde un punto de vista general.  En el mismo ciclo están incluidos “pequeños países periféricos” (ej. Bolivia, El Salvador, Nicaragua) hasta uno del grupo de los “emergentes” (el caso de Brasil) pasando por otros considerados intermedios, en tamaño e industrialización (como Argentina y Venezuela).

Sin embargo, hay rasgos comunes relevantes.  En casi todos los casos hubo un rescate del papel económico del Estado.  El menú ha sido variado: nacionalizaciones de empresas transnacionales, fortalecimiento de empresas que habían permanecido públicas; mayor presión fiscal para capturar una parte adicional de las rentas extraordinarias de empresas productoras-exportadoras de commodities agrícolas, minerales o energéticas;  reglas más rigurosas en las concesiones de servicios públicos al sector privado, entre otras medidas.

En general, esos países desarrollaron fuertes políticas sociales buscando retirar directamente de la extrema pobreza a segmentos importantes de la población con resultados significativos e inéditos en términos históricos.  Y verificaron una disminución de la desigualdad en la distribución del ingreso monetario – única región del mundo que registró ese fenómeno en el período que estamos tratando –.  Hubo países con aumentos de salarios reales – o sea, por sobre la inflación registrada – y por encima de los aumentos de la productividad del trabajo.

Fases del ciclo económico

En términos económicos, el ciclo debe ser desglosado en, por lo menos, tres fases: (i) hasta el 2008, cuando hay condiciones externas muy favorables – entre otras, el denominado “superciclo” de commodities, que se reflejó en mejoras substanciales de los términos de intercambio del comercio exterior de la región.  Luego, (ii) el primer momento de impacto de la crisis del capitalismo desarrollado que tiene su epicentro en EE.UU. y Europa al que los países progresistas latinoamericanos responden con medidas contra-cíclicas con buenos resultados.  Finalmente hacia 2012-13, (iii)  hay un agotamiento de esa respuesta que combinada con una reversión de los precios del mencionado “superciclo” constituyen el terreno de la disputa que hoy está en curso.  Esta tercera fase registra no solo problemas de desaceleración fuerte llegando a la recesión, como también reflejos en el empeoramiento de la situación social – por ejemplo, vuelve a crecer en números absolutos el total de pobres extremos –.

Hay un “telón de fondo” de esas fases que atraviesa el ciclo progresista: la globalización económica capitalista que alcanzó desde los años 1990 niveles inéditos, históricos, resultado de los “trabajos de Hércules” emprendidos por el neoliberalismo en respuesta a la crisis general capitalista de los años 1970.  Se abrió un nuevo escenario de mayor liberalización del comercio en todos los países que se tradujo rápidamente en las estrategias de deslocalización productiva que permitían a las empresas migrar las inversiones al país que ofrecía más bajos costos – impositivos y laborales – desde donde se podría vender a cualquier mercado alrededor del mundo.  Un viejo comunista europeo sintetizó el siglo XX así: “lo que (el miedo a) la URSS nos dio en la post Segunda Guerra Mundial  (el Estado de Bienestar), la (competencia de bajos costos de) China nos lo quitó en los años 1990-2000”.  Pero la globalización no fue sólo de la producción (la aclamada “fábrica mundial”) sino del  comercio (con sus tratados de libre comercio y la OMC). 

El gobierno de los EE.UU. tomó una serie de medidas desde inicios de los años 1970 e impuso a través del FMI y el Banco Mundial otras tantas que resultaron en lo que conocemos hoy como la “financierización” capitalista.  Un crecimiento monstruoso de la dimensión financiera – con mercados que especulan con tasas de cambio, tierras, inmuebles, producción futura de commodities, acciones de compañías, expectativas en relación a esas acciones, etc.  – en una frenética escalada que no corresponde a la economía capitalista real, sus tasas de lucro, etc.  Esa riqueza financiera provoca periódicamente “burbujas” especulativas de las que los gobiernos deben salvarlas – como quedó patente en la crisis del 2008 –.  Vivimos un período histórico donde en el capitalismo mundial no hay un “modo de regulación” que  tienda mínimamente a estabilizarlo – como fue el fordismo-keynesianismo en los “30 gloriosos años” de la post guerra –.

Progresismo y globalización

Considerando que todos nuestros países mantuvieron su inserción en el mercado mundializado, ¿es posible desarrollar políticas económicas progresistas – como las reseñadas arriba – en ese contexto de globalización capitalista?

Hasta los años 1980 era posible que un país definiera un patrón diferente de desarrollo y acudiera a la URSS en busca de tecnología, mercado y apoyo para inversiones.  El desarrollo del socialismo en Cuba desde los años 1960 estuvo marcado por esa  opción.  En 2006 defendimos la tesis de que la integración regional podría ser un sucedáneo a la ausencia de la retaguardia estratégica de la URSS que había desaparecido en 1991[1].  Esa estrategia avanzó – en relación al histórico latinoamericano – pero fueron progresos insuficientes o lentos en relación a las necesidades urgentes de nuestras economías – nos referimos al comercio intra-regional con monedas nacionales, el Banco del Sur, la complementación productiva regional, entre otras iniciativas de una “nueva arquitectura” regional.

Pero volvamos a la pregunta sobre política económica del progresismo en la globalización.  En 1966 el economista marxista heterodoxo polaco M. Kalecki afirmaba, en un artículo titulado “La diferencia entre los problemas cruciales de las economías capitalistas desarrolladas y subdesarrolladas”, que en el primer caso se trataba de la “adecuación de la demanda efectiva”, mientras que en el segundo sería “el aumento  considerable de la inversión (…) para acelerar la expansión de la capacidad productiva indispensable al rápido crecimiento de la renta nacional”.

El progresismo trató de resolver el desafío kaleckiano con un mix de utilización de divisas del boom de las exportaciones, aprovechamiento fiscal de las rentas extraordinarias del superciclo y atrayendo a capitales internacionales.  Pero, al mismo tiempo, y esto fue un diferencial del período, buscó hacer del mercado interno (o regional) de masas, impulsando mejores estándares socio-laborales y la expansión de políticas sociales dirigidas a los más pobres, la principal palanca de la demanda efectiva.  El ciclo progresista invirtió el adagio conservador  (de “hacer crecer la torta para luego repartirla”) afirmando que era necesario y posible “distribuir para crecer”.  Lo hizo.

Necesitaríamos realizar un análisis más detallado de cada caso nacional.  Pero, si hablamos del país con mayor peso y liderazgo en la región, el Brasil, fue de esas fuentes de recursos que vino el estrangulamiento, cuando cambió el mercado mundial de commodities y los capitales decidieron presionar contra las medidas gubernamentales que reducían sus tasas de lucro – y favorecían a los trabajadores –.  Fue en ese momento, hacia el 2013, que las medidas contra-cíclicas dejaron de funcionar y el país cayó en la estagnación – mientras el gobierno buscaba mantener en expansión el mercado interno –.  La respuesta de los industriales paulistas a la continuidad de los esfuerzos gubernamentales contra-cíclicos fue convertirse en importadores de manufacturas provocando un gigantesco déficit en la balanza comercial industrial.  Bajo el ropaje de dilemas de la política económica se trataba de pura lucha de clases en torno a la tasa de lucro de las empresas, es decir, a la apropiación del producto neto de la sociedad que a lo largo del ciclo progresista había sido favorable a los trabajadores (a fines del 2014 el país todavía tenía la tasa de desempleo más baja de su historia)[2].

Profundizar el debate

No es posible una estrategia progresista con los resultados sociales y laborales como los antes reseñados sin alterar la relación entre nuestros países y el mercado mundial globalizado, porque éste es el escenario construido por las fuerzas del capital a lo largo de décadas de iniciativa neoliberal sobre la derrota de los trabajadores y para continuar derrotándolos.  Pero por las características capitalistas periféricas y dependientes de nuestros países se hace necesario que tal respuesta sea dada con procesos de integración regional – justamente una de las materias pendientes del ciclo – para tener peso en las disputas políticas globales y escala en la estrategia económica.  Parafraseando otro debate ocurrido hace ya casi cien años: “no es posible el progresismo en un solo país”.

No estamos en los años 1980 para que vuelvan los sombríos “tiempos conservadores”.  El pueblo y sus organizaciones han probado que es posible mejorar las condiciones de vida y trabajo de las mayorías.  La derecha que ha asomado ruidosamente la cabeza no tiene un programa económico alternativo al del progresismo capaz de conquistar a la población – aunque en una primera elección se puede beneficiar del desgaste de los impasses progresistas, acto seguido no consigue mantener la adhesión popular con sus recetas retrógradas –.  Todo indica que a Macri en Argentina le espera el camino del acelerado desgaste sufrido por Sebastián Piñera, en Chile y Horacio Cartes, en Paraguay, que de empresarios exitosos y profetas neoliberales eufóricos terminan como políticos fracasados.

Las izquierdas, para retomar la iniciativa, deben profundizar el debate estratégico más allá de la gestión macroeconómica de corto plazo y responder la cuestión de cómo conseguir un “aumento  considerable de la inversión” continuando la estrategia de “distribuir para crecer” en la actual coyuntura histórica capitalista. 


- Gustavo Codas es economista paraguayo.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Feliz 2016.



Feliz año a todas y todos los compañeros que han hecho posible la realización de este espacio.

Feliz 2016.

martes, 22 de diciembre de 2015

Estados Unidos nos invadió porque quería abrogar los tratados.

Hoy hace 26 años, el 20 de diciembre de 1989, el ejército de Estados Unidos (EE.UU.) invadió Panamá. Muchos han catalogado aquel ataque como el más violento y desigual de la historia del Istmo. A pesar de ser uno de los sucesos más importantes del pasado reciente del país, aún hay muchas incógnitas en torno a lo sucedido en aquella fecha. El internacionalista Julio Yao conversa con La Estrella de Panamá sobre este evento y expresa una visión nueva de lo que llevó a EE.UU. a utilizar la violencia en nuestra contra.

¿CÓMO SE DEBE VER LA INVASIÓN, 26 AÑOS DESPUÉS?
Es un hecho muy complejo, que no se ha analizado sistemáticamente de manera integral.

¿NO LO ENTENDEMOS EN SU JUSTA MEDIDA?
No lo entendemos, en gran parte, porque la invasión todavía está bajo el efecto de la percepción que tenemos, en gran parte inculcada y sembrada, tanto a los panameños como a nivel internacional. Buena parte de esa percepción se debe a hechos que no son ciertos.

SI HAY UNA FALSA PERCEPCIÓN, ¿QUÉ ES LO QUE NO CONOCEMOS?
Lo que no se ve es la mano oculta. La verdadera razón de la invasión reposa en documentos que aún siguen siendo clasificados. Yo tengo uno de esos documentos y puedo hablar de él.

SE NOS HA DICHO QUE LA INVASIÓN FUE PORQUE HABÍA QUE SACAR A MANUEL ANTONIO NORIEGA DEL PODER...
No es cierto. Sacar a Noriega era un pretexto, el verdadero objetivo era abrogar los Tratados Torrijos-Carter para que Estados Unidos mantuviera el control del Canal por mucho tiempo, aún después del año 2000. También, para plantar las bases de una política exterior que fuera más afín a los intereses de Estados Unidos.

¿LOS TRATADOS TORRIJOS-CARTER FUERON UN ERROR DEL QUE ESTADOS UNIDOS SE ARREPIENTE?
La mayor parte de los investigadores, quizás todos, coinciden en que la invasión fue un error. Voy a mencionar dos altos funcionarios estadounidenses: Fred Woerner, quien fue jefe del Comando Sur. Él se opuso totalmente a la invasión y a las provocaciones a las Fuerzas de Defensa. Él dijo que nada de eso era necesario. Como se opuso, lo sacaron del poder. El otro funcionario es Vernon Walters, embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas. Él le dijo al presidente George Bush que estaba en contra de todo lo que se estaba haciendo contra Panamá y Noriega, que no eran acciones necesarias. Mientras él hablaba con Bush para que no tomara acciones, un grupo de panameños fueron al Congreso a pedir la invasión.

DICE QUE ESTADOS UNIDOS QUERÍA REVERTIR LOS TRATADOS. ¿EL MUNDO LO HUBIERA PERMITIDO?
Las grandes potencias, Estados Unidos en concreto, hacen lo que les da la gana. Ellos querían abrogar los tratados completamente. Incluso se lo pidieron a Omar Torrijos, pero como se negó a eso y a cortar relaciones con los japoneses, lo mataron, dice John Perkins en su libro ‘Confesiones de un sicario económico'.

¿CUÁL ERA EL MIEDO DE ESTADOS UNIDOS CON JAPÓN?
En esa época eran la segunda potencia del mundo, en ese momento, con posibilidades de ser la primera gran potencia, según Estados Unidos, en un periodo de 20 años después de 1986 según el documento en mi poder y el que dice por qué había que desestabilizar a Panamá. Japón había negociado con Torrijos, y luego con Noriega, hacer un canal a nivel o estudiar qué otra alternativa era mejor.

JAPÓN QUERÍA CONSTRUIR OTRO CANAL, ENTONCES...
Estaban interesados en un nuevo Canal o en una transformación para aumentar la demanda.

¿NORIEGA FUE UN CHIVO EXPIATORIO?
Noriega fue un chivo expiatorio para la geopolítica estadounidense en relación con los llamados ‘intereses vitales de Estados Unidos'.

¿POR ESO NORIEGA ES EL ÚNICO QUE HA SIDO CONDENADO?
Cada uno tendrá que resolver sus responsabilidades legales, si aún están pendientes.

QUE SOLO ÉL ESTÉ PAGANDO, ¿ES ALGO PLANEADO?
¡Sí! Henry Kissinger decía que para resolver un problema, había que crearlo primero. El problema no existía, porque Noriega no era problema para Estados Unidos. Noriega era muy amigo de los Estados Unidos. El problema lo crearon a raíz de sus intereses, porque se metió la guerra en Centroamérica y el Congreso prohibió ayudar a la contra y hubo que utilizar métodos encubiertos. Quisieron involucrar a Noriega y él se negó. Eso fue lo que pasó: como se negó, lo amenazaron y le dijeron que tenía que atenerse a las consecuencias.

¿NORIEGA SABÍA QUE VENÍA LA MASACRE?
Noriega sabía que iba a haber una presión muy grande; pero ignoraba que los estadounidenses se decidirían a invadir. Los documentos que tengo no hablan de invadir, hablan de sacar a Noriega, poder abrogar los Tratados, y mantener buenas relaciones con las Fuerzas de Defensa, eso es lo que dicen. Querían abrogar unos tratados firmados de forma tan solemne ante los ojos del mundo a través de una invasión. Eso es completamente ilegal.

¿Y POR QUÉ JAPÓN NO REACCIONÓ ANTE TODO ESTO?
Hay que recordar que Japón tiene acuerdos de seguridad con Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. No pueden tener ejército ni hacer la guerra, aunque tienen autodefensas que les da cierto poderío militar. Los estadounidenses presionaron fuertemente a los japoneses para que se separaran de Panamá (primero de Torrijos y luego de Noriega, ya que ambos tenían la misma línea sobre el rol que debían jugar los japoneses). Ni Torrijos ni Noriega querían quedar, otra vez, bajo la dependencia de Estados Unidos y querían hacerles un contrapeso.

ESTAS TEORÍAS, EL ROL DE JAPÓN, ¿SON CONOCIDAS POR LA GENTE?
Lo de Japón no se conoce mucho.

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE CONOCER ESTOS HECHOS?
La historia es lo más importante, es lo que te guía hacia el futuro. Si no sabes de dónde vienes, no sabes hacia dónde vas. Más que la historia hay que saber la verdad. La verdad se divide en mi verdad, tu verdad y la verdad. Se debe buscar una aproximación lo más coherentemente posible de lo que sucedió.

LA VERDAD QUE SE CONOCE ¿CUÁL ES?
La impuesta por los Estados Unidos.

¿NORIEGA SE ATREVERÁ, EN ALGÚN MOMENTO, A DECIR LO QUE SABE?
En las memorias del general Noriega hay una cita de Lao Tse que dice lo siguiente: ‘Los que saben, callan; los que hablan, no saben'. Eso lo resume todo: Noriega sabe mucho, aunque quizás no todo. Hace poco pidió perdón, sin especificar por qué.

¿ESE SILENCIO LO MANTIENE CON VIDA?
A él lo mantienen con vida varias cosas: Es un hombre fuerte, mental y emocionalmente.

¿NO SERÍA PELIGROSO QUE ÉL EMPEZARA A HABLAR?
Pero no lo ha hecho. No conozco mucho la filosofía de los militares, pero he escuchado que a veces tienen un código de silencio.

¿QUIÉN MÁS, APARTE DE NORIEGA, DEBE HABLAR Y NO LO HA HECHO?
Los que todavía están vivos y estuvieron cortejando a los Estados Unidos, los que saben que hicieron cosas malas. Si Noriega pidió perdón, muchos otros deben pedirlo.

LAS VÍCTIMAS DE LA INVASIÓN AÚN SE DESCONOCEN...
Una vez el ex procurador de Estados Unidos, Ramsey Clark, dijo que en Panamá había entre 4 mil y 7 mil muertos. Nadie sabe la cifra exacta. Yo conduje una investigación de varios años, y sé que fueron varios miles. Si son 4 mil como dice Clark, es demasiado para un país tan pequeño que no tenía ejército ni fuerza aérea ni un radar. Ese es un crimen de lesa humanidad superior a cualquier otro ocurrido en el mundo (Vietnam, Irak, etc.). El mundo ha callado por hipocresía, temor, y por la gran manipulación mediática internacional. Los gringos en esto son muy eficientes, tienen un control mediático muy eficiente.
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‘[La invasión] es un crimen de lesa humanidad superior a cualquier otro ocurrido en el mundo (Vietnam, Irak, etc.). El mundo ha callado por hipocresía, por temor y por la gran manipulación mediática'.

José María Torrijos Legazpi

La invasión y las falacias históricas.

Por Olmedo Beluche

Sobre las razones de la invasión norteamericana contra Panamá, el 20 de Diciembre de 1989, al igual que sobre otras coyunturas políticas importantes, como la separación de Colombia en 1903, empiezan a tejerse una serie de falacias históricas mediante las cuales algunos sectores políticos quieren falsear su pasado dándole una envoltura heroica que no tuvieron. Las fuentes de esas falacias provienen de dos sectores contrapuestos: la oligarquía proimperialista y sus medios de comunicación, para quienes la invasión fue la "restauración de la democracia" perdida en 1968; la otra la constituyen sectores del Partido Revolucionario Democrático y el régimen militar, que intentan adornar el noriegato con unas luces antiimperialistas que no tuvo.

El régimen previo al 68 no fue democrático, como no lo es el actual

La corriente ideológica principal, idealiza al régimen político previo a 1968 presentándolo como una supuesta "democracia" interrumpida por un régimen militar odioso y odiado. La invasión del 89 se habría llevado al dictador y habría restaurado la democracia, según esa versión. La exaltación del régimen previo al golpe del 11 de octubre va de la mano con la supuesta democracia con que se describe al régimen post-invasión.

Cualquiera que escarbe un poco en los libros de historia y los diarios de la época puede darse cuenta que el régimen político panameño, anterior a 1968, aunque tenía elecciones periódicas como el actual, estaba compuesto por una corrupta institucionalidad al servicio de unas cuantas familias oligárquicas, serviles de los intereses norteamericanos, que decidían en el Club Unión la sucesiones presidenciales y las curules de diputados. Clase social que coqueteaba desde 1903 con la colonia zoneíta y que había intentado imponer los Tratado Tres en Uno.

Una oligarquía que había apoyado todos los fraudes electorales del Partido Liberal, hasta que Robles postuló a David Samudio, que pretendía una tímida reforma fiscal para que pagara impuestos el "club de los exonerados". Para impedirlo, se aliaron a su enemigo histórico, Arnulfo Arias, y desataron la crisis que culminó en el golpe de estado.

En una frase: el régimen anterior al 68 era tan corrupto, tan oligárquico, tan antidemocrático, tan antipopular, tan proimperialista, como el régimen actual. Así que, si alguien quiere conocer la verdad sobre esa "democracia", que murió el  11 de octubre, que asome la cabeza por la ventana y vea la "democracia" que impusieron los imperialistas yanquis el 20 de Diciembre del 89. Esa oligarquía, desplazada del gobierno por los militares, siguió gozando de las mieles del poder económico logrando amasar grandes fortunas bajo el auspicio de los coroneles.

Los sectores sociales y políticos de la derecha panameña se niegan a aceptar que el 20 de Diciembre del 89 hubo un genocidio en Panamá. Niegan el hecho o lo "justifican" insinuando que los muertos de la invasión eran "batalloneros", como queriendo decir "delincuentes". Y cuando ya no pueden argumentar más, sacan a relucir los asesinados por la dictadura entre 1968 y 1971, pero se les olvida el detalle de que esos otros muertos eran todos comunistas, revolucionarios de izquierda y que, entre ellos, no había ningún burgués, por supuesto. 

El régimen militar tuvo tres etapas diferenciadas

El régimen militar tuvo al menos tres momentos diferenciados: el primero 1968-69, claramente represivo y antiipopular; el segundo, 1971-77, de carácter populista, nacionalista y keynesiano; el tercero, 1978-89, pero más claramente 1981-89 (después de la muerte de Torrijos), neoliberal y antipopular.  Sí, el régimen militar bajo Manuel A. Noriega aunque tuvo rasgos heredados, no fue igual al de Omar Torrijos.

A partir de la década de 1980, nuestro continente y el mundo entraron en una nueva fase política caracterizada por la crisis económica, el fin del "boom" económico de la post guerra, el Consenso (neoliberal) de Washington, el triunfo de una serie de gobiernos reaccionarios en las principales potencias capitalistas y una ofensiva contra las conquistas sociales y económicas de los trabajadores. A Torrijos le tocó el inicio de esa transición, pero su propia y sospechosa muerte es parte del cambio de época en Centroamérica.

Noriega y su predecesor, Rubén D. Paredes, gobernaron cuando el signo de América Latina pasó a estar regido por el Consenso de Washington y el gobierno del ultraconservador Ronald Reagan y George Bush (padre). La cúpula militar panameña colaboró consciente y activamente en ese nuevo modelo económico y político, enterrando poco a poco las concesiones sociales y cambiando de la retórica anticolonialista de Torrijos a las  genuflexiones proimperialistas de Paredes y sus amenazas a Nicaragua sandinista.

Lo acuerdos entre el régimen militar panameño y el imperialismo yanqui a inicios de los 80

En la década de 1980 había tres objetivos centrales de la política norteamericana en Panamá, en coincidencia con la cúpula militar: 1. Que las elecciones de 1984 dieran la impresión de "retorno a la democracia"; 2. Que el gobierno surgido de esas elecciones aplicara un riguroso plan neoliberal; 3. Que la transición del canal se hiciera bajo control y seguridades para los intereses norteamericanos.

Los dos primeros objetivos se pretendieron cumplir con la imposición de Nicolás A. Barletta como candidato presidencial del PRD, el cual había sido funcionario del Banco Mundial. El tercer objetivo consistía en convertir la Guardia Nacional en un ejército (Fuerzas de Defensa) que sustituyera al ejército yanqui en el traspaso de 1999, objetivo en el que Noriega puso un empeño particular.

En 1983-84 hubo acuerdo completo entre el gobierno norteamericano y el régimen de Noriega en esos tres aspectos. La ley que creó las Fuerzas de Defensa contó con financiamiento del Pentágono hasta 1988. Se impuso a Barletta, primero en el PRD (del cual no era parte), y luego a nivel nacional mediante un fraude electoral escandaloso. El primer acto de gobierno de Barletta fue un decreto neoliberal que obligó a los empleados públicos a irse a una huelga general. Ahí empezó a torcerse la cosa.

Las luchas populares pusieron en jaque acuerdo Noriega-Bush

La ola de huelgas que sacudió al país entre 1984 y 1985 no ha tenido parangón en la historia. La creación de la FENASEP y sus constantes Jornadas de Lucha; el surgimiento de COCINA, como coordinadora docente, salud y estudiantil con sus huelgas; y los paros nacionales de CONATO; con incontables movilizaciones diarias, pusieron en crisis el acuerdo entre el imperialismo yanqui y el régimen del general Noriega.

Las luchas populares contra el plan neoliberal del gobierno de "Fraudito", son el punto de inicio de la crisis que desembocará en la invasión, porque esas luchas paralizaron la aplicación de las medidas neoliberales y llevaron a la crisis de credibilidad del gobierno y del régimen militar. Pese a que Noriega sacrificó un peón, con la deposición de Barletta, se mantuvo su acuerdo con Estados Unidos los años subsiguientes. Todavía en marzo de 1986 se impuso a sangre y fuego una reforma neoliberal al Código de Trabajo.

Con el trasfondo de movilizaciones y huelgas contra la continuidad del plan neoliberal por el régimen Del Valle - Noriega, es la disputa por el poder entre los coroneles (Díaz Herrera) la que vuelve a escalar la crisis en junio-julio de 1987.

A este punto, mediados de 1987, la fuerza de la movilización y la crisis de credibilidad del régimen llegó a tal grado que el imperialismo yanqui tomó dos medidas complementarias: 1. Solicitarle a Noriega que pusiera una fecha para su jubilación de manera que se disimulara que el "poder real estaba en los cuarteles"; 2. Empezar a construir una dirección burguesa de recambio, pero con la credibilidad de la que carecían los partidos tradicionales de la oligarquía, para lo cual apoyó la creación de la Cruzada Civilista, dirigida por los gremios empresariales.

Recién a mitad de 1987 es cuando empiezan las contradicciones entre el régimen de Noriega y el gobierno de Estados Unidos, las cuales escalan a inicios de 1988 cuando se formaliza la acusación contra Noriega por narcotráfico y cuando el Departamento de Estado ordena a Del Valle que intente destituir por la fuerza al general. Aquí ya se ha producido la ruptura definitiva del acuerdo que databa de 1983-84. Aquí es cuando sectores de la oligarquía que habían estado con los militares, como los hermanos Lewis Galindo, se apartan y crean el Grupo Modelo para lanzar la estrategia del recambio.

El imperialismo interviene para salvar su plan de democracia neoliberal y Noriega se disfraza de antiimperialista para seguir gobernando

Para defender su posición Noriega también cambia y, de aliado dócil de Estados Unidos, pasa a levantar un discurso nacionalista y antiintervencionista.  Pero ese ropaje "antiimperialista" no le sentaba muy bien al general que ya carecía de credibilidad en amplios sectores de la población por sus actos anteriores. Durante el crítico año de 1988, el régimen militar levanta un discurso que oscila entre confrontación y enamoramiento con el gobierno de Bush; se reprime a los sectores sindicales, a la vez que se crean milicias como los Batallones de la Dignidad, pero muy controlados por la oficialidad.

Los sectores independientes del movimiento popular estuvieron atrapados entre dos posiciones extremas encabezadas por fracciones opuestas de la burguesía que influían en la mentalidad de la gente: 1. El régimen militar que denunciaba la intromisión imperialista y la agresión creciente que presagiaba la invasión, pero que vulneraba los derechos económicos, sociales y democráticos; 2. La oposición nucleada en la Cruzada, que sólo enfatizaba el problema democrático, pero se hacia de la vista gorda ante la creciente agresión del Comando Sur y las sanciones contra el país.

Esa realidad hizo difícil a la izquierda panameña encontrar y explicar un discurso revolucionario que fuera antiimperialista sin claudicarle a los militares, y que fuera democrático y social sin parecer que se coqueteaba con la Cruzada Civilista y el intervencionismo yanqui.

La anulación de las elecciones de 1989 puso en evidencia las inconsecuencias del régimen: 1. Estas fueron pacíficas durante la campaña y conteo de votos, sólo se rompieron cuando Endara-EE UU se negaron a aceptar continuidad de Noriega en la Comandancia; 2.El mando militar usó policías disfrazados de "batalloneros" para apalear a la oposición en Santa Ana, tratando de cubrirse con que fueron los "comunistas".

El golpe de Giroldi, el 3 de octubre, demostró que el problema para EE UU no era solo Noriega, sino que había intenciones de invadir para destruir toda la institucionalidad precedente, creando un régimen político dócil a los dictados de Washington, que aplicara el esquema neoliberal, pero con apariencia "democrática" y se resolviera el tema del canal a manos seguras de acuerdo a los intereses yanquis.

La invasión y el comportamiento cobarde de Noriega y del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa, salvo contadas y honrosas excepciones, demostraron la inconsecuencia de su discurso antiimperialista. Ninguno de los altos oficiales cayó en combate. Ni siquiera organizaron la resistencia. Los que combatieron, oficiales, suboficiales, tropas, batalloneros y ciudadanos, lo hicieron por su cuenta e improvisando. Ni si quiera se advirtió a la población.

La invasión impuso el régimen oligárquico, corrupto y neoliberal que tenemos

Sobre las ruinas humeantes de El Chorrillo, sobre las fosas de cadáveres no identificados, y la economía destruida, en 1990, el gobierno norteamericano impuso el acuerdo político que dio nacimiento al actual régimen político panameño. Los dirigentes del PRD, de la Democracia Cristiana (PP), del Arnulfista (Panameñista) y del Molirena auspiciados por EE UU acordaron el reparto institucional sin mediar nuevas elecciones ni Asamblea Constituyente. Allí nació el régimen antidemocrático, oligárquico y corrupto que padecemos hoy en día.

El baño de sangre de diciembre de 1989 se vio seguido, en junio de 1990, con el llamado "Convenio de Donación", por el que Estados Unidos daría financiamiento al gobierno panameño a cambio de someterse a los planes dictados por Banco Mundial, el FMI y el BID. Ese detallado plan económico ha sido seguido al pie de la letra por todos los gobiernos que han pasado estos 25 años, no importa la camisa de qué partido político se pongan. Privatizaciones, despidos de empleados públicos, alzas de impuestos al consumo y baja de impuestos a los que más ganan, reformas a la seguridad social, descomposición de las escuelas y centros de salud del estado, etc.

La liquidación de la soberanía nacional en 1989, creo las condiciones para que los partidos del régimen de la invasión pactaran el nuevo título constitucional sobre el canal que permitió convertir a la vía revertida en una nueva "zonita" fuera del control del pueblo panameño y en manos de un puñado de oligarcas. De esa manera se le da el "uso menos colectivo posible", y los millones del canal son desviados a gastos superfluos de los que se benefician algunos empresarios, mientras la deuda social sigue creciendo.

Incluso con el gobierno de Pérez Balladares, los norteamericanos intentaron mantener una base militar disfrazada de combate al narcotráfico, el CMA. Fracasado ese plan han ejecutado con los sucesivos gobiernos acuerdos de seguridad, que les garantizan su presencia e intervención solapada, como: el Salas-Beker, el Plan Mérida y las bases aeronavales. Todo ello arropado por el Pacto de Neutralidad de 1977, que nos cubre "bajo el paraguas del Pentágono (Torrijos dixit), verdadero Hay- Bunau Varilla del siglo XXI.

Así que toda la irracionalidad que pueda haber detrás del genocidio de Diciembre de 1989, obedece a una racionalidad con arreglo a fines para los intereses del imperialismo yanqui, que se ha venido ejecutando durante un cuarto de siglo.

Así que, los jóvenes de hoy, no piensen que la invasión fue un hecho del pasado que le sucedió a una gente por aquel tiempo. No. La invasión y sus consecuencias se siguen sintiendo cada día y la sufren las generaciones presentes: con el régimen corrupto, con la falta de empleos, con el desastre de los servicios públicos, con un canal ajeno alas necesidades del pueblo panameño.