viernes, 26 de febrero de 2016

Las guerras globales y las potencias emergentes (III).

Marco A. Gandásegui, hijo, profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA.

La semana pasada interrumpimos la segunda parte de este artículo cuando analizábamos los enfrentamientos militares del siglo XXI.

Aunque no aparecen enfrentados militarmente en escenario alguno, los principales actores del siglo XXI son EEUU y China. El primero defiende sus posiciones conquistadas en el siglo XX, el segundo se mueve rápidamente para convertirse en la potencia dominante del siglo XXI. Pareciera que los dos países se movieran por rieles paralelos. Sin embargo, hay un enfrentamiento sordo entre ambas potencias que es contenido por la diplomacia de ambas potencias. China rara vez muestra su poderío en forma directa utilizando, en su lugar, terceras fuerzas (proxies). Sólo cuando EEUU se introduce en su territorio reacciona: la Plaza Tiananmen, Tibet, Hong  Kong, Taiwán o el Mar del Sur de China.

La estrategia de EEUU consiste en dominar las redes financieras globales que aseguren su control sobre la economía mundial. Hace varios lustros perdió su primacía en el mundo de la producción industrial y su clase obrera disminuye con el paso de los años. Cuenta con dos cartas adicionales: Por un lado, su hegemonía ideológica-cultural y, por el otro, su inmenso arsenal militar que le permite intervenir en casi cualquier rincón del mundo. Con estas dos herramientas intenta socavar las alianzas de Pekín con sus vecinos (Rusia e India), así como con potencias medianas en otros continentes (Alemania, Brasil, Africa del Sur).

La estrategia de China consiste en convertirse en el motor industrial del mundo, objetivo que ya logró. Además, la acumulación capitalista le permite, en la actualidad,  competir en el plano financiero global y colocarse en la punta de la carrera armamentista y espacial. China también pretende lograr estos objetivos sin chocar directamente con EEUU. Mejoró sus relaciones con Moscú y está trabajando para establecer un eje euro-asiático cuyos polos serían Pekín y Berlín.

La respuesta de EEUU a la estrategia China tiene dos grandes vertientes que no siempre se complementan. Las mismas se traducen en las propuestas de los consejeros presidenciales, Kissinger y Brzezinski. Ambas tienen un fuerte contenido militarista ya que la capacidad financiero-económica del viejo orden, basado en el eje nor-Atlantico, se debilita cada vez más. En el caso del primero, sería encerrar a China definitivamente mediante una alianza entre Washington y Moscú. Es la estrategia de la contención que dio buenos resultados durante la “Guerra Fría” del siglo XX. La posibilidad de que esta alianza se realice fue descartada por EEUU en la década de 1990 cuando la OTAN ocupó los países del antiguo Pacto de Varsovia y las ex-repúblicas soviéticas. La dirección rusa actual acusa a EEUU de traición por no cumplir con su palabra cuando negoció con Gorbachev, en 1991, el desmantelamiento de la Unión Soviética.

Los gobernantes norteamericanos desde 1991 se han inclinado más hacía la propuesta de Brzezinski quien sostiene que el desmantelamiento de la antigua Unión Soviética y la actual Rusia tiene que ser completa y terminal. El asesor de Seguridad Nacional del presidente Carter (1977-1981) sugiere una Rusia dividida en tres partes: la parte europea, la Siberia asiática y el extremo oriente (Vladivostok). De esta manera EEUU podría mover las fronteras de la OTAN hacia el norte y oeste de China.

En la actual campaña electoral de EEUU ha surgido un candidato extemporáneo y aparentemente díscolo en el Partido Republicano. En sus discursos siempre incluye algo inusitado que desconcierta a los políticos tradicionales (establishment). Está siempre dispuesto a hablar mal de los mexicanos, insultar a las mujeres o denigrar a los musulmanes. Lo que no aparece en el radar de los medios de comunicación sobre el candidato favorito del Partido Republicano, Donald Trump, es su interés en llegar a un acuerdo con Rusia.

Trump es el primer candidato con posibilidades de ganar la convención de un partido importante en la historia de EEUU que no surge de las filas partidistas. Su popularidad es producto de la existencia de una enorme masa de norteamericanos descontenta con la decadencia de la economía de ese país. Son miembros de las capas medias que sienten frustración al ver que sus niveles de vida son inferiores a los de sus padres. Es decir, sienten que la actual generación ha retrocedido en su nivel de bienestar comparada con la anterior.

La próxima semana entregamos la cuarta y última parte de este análisis.


Febrero de 2016.

jueves, 25 de febrero de 2016

Defensoría: ¡ungido no!

Julio Yao Villalaz

La elección del próximo defensor o defensora del Pueblo por parte de la Asamblea Nacional puede exponer algunos vicios de nuestro sistema político, si no se advierten los errores en que podrán incurrir los ‘padres' y ‘madres' de la Patria y se evita una contradicción fundamental con los principios democráticos, tanto del Órgano Legislativo como de la Ley 7 de 1997 que crea la Defensoría del Pueblo.

De la Ley 7 de 5 de febrero de 1997, cito el Artículo 13 del Capítulo II sobre Incompatibilidades y Prerrogativas: ‘El ejercicio del cargo de Defensor o Defensora del Pueblo es incompatible con la filiación partidista y con el desempeño de cualquier otra actividad político-partidista profesional o comercial, ya sea remunerada o no remunerada...'.

La Defensoría del Pueblo es el instrumento más idóneo (si no el único) de la sociedad, específicamente de las grandes mayorías, para protegerse de las arbitrariedades del poder y la desigualdad social y es el arma democrática por excelencia de los sectores menos favorecidos en su permanente bregar.

Los sectores mayoritarios deben defenderse del hegemonismo que se abate sobre ellos en nombre del neoliberalismo, las empresas transnacionales, las élites bancarias, el cambio climático, el sistema anacrónico de salud, la burocracia, la injusticia, la corrupción y la falta de diligencia oficial.

Por esa razón, la Defensoría del Pueblo debe administrarse con total independencia de los poderes estatales, gubernamentales e institucionales que la rodean y tratan de ahogarla y descarrilarla para que no cumpla sus objetivos en bien de la sociedad.

La Defensoría es una ventana abierta, un cauce, a la democracia. Sin ella, la sociedad se convierte en una olla de presión que pronto podría estallar en una revolución social. Por ese motivo, es sabia la Ley 7 que enfatiza la independencia de la Defensoría, así como el Artículo 13 que hace incompatible con el cargo de defensor cualquier filiación partidista o el desempeño de toda actividad político-partidista.
En efecto, ¿qué independencia frente al Ejecutivo, el Legislativo o el Judicial, o ante su propio gremio, tendrá un defensor que llegó al cargo por ser miembro de un partido político, por ser funcionario en el actual Gobierno o el anterior, por haber sido testaferro, colaborador o consejero de diputados y caciques políticos?

Nada más hay que leer o escuchar los medios de comunicación para percatarse que ya la opinión pública percibe que los conspiradores de siempre ya tienen un ungido. Y, aunque sean creíbles las negativas de algunos voceros de los partidos políticos, el pueblo percibe que El Ungido (no es novela de Semana Santa) será coronado y eso es lo que cuenta (‘¡Vox Populi, Vox Dei!'). ¡Gana la Partidocracia, pierde el Pueblo!

De poco vale el Artículo 13, si el Artículo 14 le abre una puerta de escape a un posible infractor: ‘A los treinta días de su nombramiento, el titular de la Defensoría del Pueblo tendrá que haber cesado en toda situación de incompatibilidad, presumiéndose, en caso contrario, que renuncia tácitamente al cargo'.

Lindo, ¿no es cierto? Puedo ser miembro de un partido y, aunque toda la vida haya hecho carrera (y chupado) bajo esa tolda, basta con que me nombren defensor, porque antes de los 30 días oprimo la tecla ‘delete' o cancelar y ¡zas!, a la papelera. Total, en 30 días a nadie se le olvidan las lealtades, los favores ni todas las golosinas de la Partidocracia.

Nadie que no sea un tonto deja de pertenecer al ‘Establishment' en 30 días. Tan es así que un banco local tiene un número de teléfono para aquellos clientes que cierran sus cuentas, pero quieren permanecer leales al banco: se le conoce como ‘el número de la lealtad'.

El Artículo 14 debilita, daña, el Artículo 13 e introduce una contradicción que raya en la inconstitucionalidad.

Si, encima de que se nos cuele El Ungido, tomamos en cuenta que las opiniones del defensor no son obligatorias —especialmente si afectan mi relación con mis electores (patrones)— me pregunto: ¿qué clase de independencia tendrá El Ungido? ¿Para qué crear una Defensoría del Pueblo venida a menos y rebajada desde su cuna? ¡Mucho dinero para un simple ‘Buzón de Quejas'!


Aunque sea la única vez, debe permitirse a los diputados elegir conforme a su conciencia al próximo defensor del Pueblo y eximírseles de su obediencia al partido para salvar el último bastión de la democracia popular.

lunes, 1 de febrero de 2016

Frei Betto: Descuidar la educación ideológica, grave error.

Por Luis M. Arce y Anubis Galardy.

La Habana (PL) Para el fraile dominico brasileño Frei Betto, una de las causas principales de retrocesos en gobiernos progresistas en América Latina es el descuido en la formación ideológica de la sociedad.

A juicio de uno de los gestores de la teología de la liberación, no se trata de un fenómeno nuevo ni propio del continente, pues ya se había dado en la antigua Unión Soviética y en el resto de Europa del Este.

En una detallada entrevista con periodistas de Prensa Latina durante su participación en la II Conferencia Internacional Con todos y para el bien de todos, dedicada a José Martí, Betto defendió esos criterios a la luz del pensamiento político y antimperialista martiano.

Hemos avanzado mucho en los últimos años, se logró elegir jefes de Estado progresistas, conquistar conexiones continentales importantes como la alianza bolivariana, Celac, Unasur, pero se cometieron errores.

Según precisó, desde el punto de vista humano lo más fuerte fue no cuidar la organización popular, el trabajo de educación ideológico y allí entra en juego José Martí porque él siempre se preocupó por el trabajo ideológico.

Ahora tenemos que hacernos una autocrítica fuerte y preguntarnos cómo vamos a rescatar esos gobiernos progresistas desde el punto de vista de países como Venezuela, Argentina, Brasil. ¿Cómo evitar en Venezuela y Brasil, por ejemplo, la catástrofe de lo que acaba de suceder en Argentina?
A una pregunta sobre si retrocesos de esa naturaleza fueron advertidos en las ideas martianas, Betto responde positivamente.

Sí. Los retrocesos en una sociedad desigual significan que hay una permanente lucha de clases. No podemos engañarnos, pues no se garantiza el apoyo popular a los procesos dando al pueblo sólo mejores condiciones de vida, porque eso puede originar en la gente una mentalidad consumista.

En Brasil, ejemplifica, mucha gente ya está aburrida porque no puede consumir como antes. Yo diría que, con todos los logros del gobierno del Partido de los Trabajadores con los presidentes Lula y Dilma, lamentablemente hemos desarrollado una conciencia más consumista que ciudadana.

¿Cuál es el problema? No se politizó a la nación, no se hizo un trabajo político, ideológico, de educación, sobre todo en los jóvenes, y ahora la gente se queja porque ya no puede comprar carros o pasar vacaciones en el exterior.
Estamos volviendo atrás, sobre todo, porque no hemos desarrollado una política sostenible; no hemos hecho reforma estructural, reformas agrarias, tributarias, presidenciales, políticas. Encauzamos una política buena pero cosmética, o sea, carente de raíz, sin fundamentos para su sustentabilidad.

Por eso si me preguntan qué va a pasar en Brasil, yo espero que no pase lo peor, que es el regreso de la derecha al poder. Ahora depende mucho de Dilma en los próximos dos o tres años.

Pero lamentablemente, por lo pronto, no hay señal de que va a cambiar la política económica que hace daño a los más pobres y favorece a los más ricos.

Los periodistas indagan si el consumismo y la corrupción que denuncia tanto están matando la utopía en pueblos de nuestra América, como Argentina y otros, y el entrevistado responde con un sí rotundo.
Sí, porque si la gente no tiene perspectivas de sentido altruista, solidario, revolucionario, de la vida, se va hacia el consumismo, y eso afecta toda perspectiva socialista y cristiana, que es desarrollar en la gente valores solidarios. La solidaridad es el valor mayor tanto del socialismo como del cristianismo.

En la perspectiva capitalista, al contrario, sustenta, la competitividad y la seducción de ese modo de producción es muy fuerte. Toda la presión de los medios de comunicación, publicidad, películas, telenovelas va dirigida a evitar que la gente quiera cambiar el mundo.

Según esos postulados, usted puede cambiar de camisa, de cabello, de anteojos, de carro o de cerveza, pero jamás cambiar su realidad política.

Betto insiste en que en eso radica la falla en gobiernos progresistas, no hicimos un trabajo de base, de formación ideológica de la gente, a pesar de saber que todos nosotros somos egoístas por naturaleza, desde niños.

La educación para el amor, para la solidaridad, es un proceso que hay que desarrollar pedagógicamente, y como eso no se cuidó desde un primer momento, ahora afrontamos las consecuencias, lamentablemente, particulariza.

Al abordar el proceso de distopía, es decir, los intentos de presentar la utopía como algo del pasado, reitera que en los países como Brasil o Venezuela, los gobiernos se equivocaron al creer que garantizar los bienes materiales equivalía a garantizar condiciones espirituales, y no es así.

En ese sentido Betto es también muy agudo en el caso de Cuba al opinar que el gobierno revolucionario, que ha hecho un trabajo ideológico de educación política con el pueblo, ha sido demasiado paternalista según su punto de vista.

Explica que la gente ha mirado a la revolución como  una gran vaca que le da leche a cada boca, pero con eso no se moviliza a la gente para un trabajo más efectivo en la consolidación ideológica relacionada, por ejemplo, con la producción agrícola e industrial.

También cree, aunque admite poder equivocarse, que la dependencia de la Unión Soviética llevó a Cuba a acomodarse un poco, y hoy importa del 60 al 70 por ciento de productos especiales de consumo y se convirtió prácticamente en una nación que exporta servicios médicos, educadores, profesionales e importa turistas para conseguir más divisas.

Tenemos que reflexionar todos para definir cuál es el camino entre una perspectiva consumista y una paternalista. Y ahí hay que contar con José Martí, recomienda.

Educación política, participación, compromiso efectivo con la lucha, adecuación de la teoría y la práctica, es lo correcto y ahí están los ejemplos de Martí, de Fidel Castro que han vivido dentro del monstruo, como el caso de Martí, y el de Fidel que proviene de una familia latifundista y se convirtió en revolucionario.

¿Qué pasó en la conciencia de José Martí y de Fidel Castro, quienes tenían la oportunidad de hacerse un lugar en la burguesía pero tuvieron una dirección evangélica para los pobres y asumieron la causa de la liberación?, se pregunta.

La respuesta es la que va a indicarnos el camino que vamos a seguir para evitar que el futuro de América Latina sea de nuevo un lugar de mucha desigualdad, de mucha pobreza, porque corremos el riesgo de ser de nuevo neocolonia de Estados Unidos y de Europa Occidental.

Tomando esas últimas afirmaciones recuerda algo en lo que viene insistiendo desde hace largo tiempo, relacionado con los cambios de paradigma en las sociedades nuestras.

Ya no son paradigmas altruistas, solidarios, como el Che, Camilo, Fidel, Raúl. La gente quiere imitar a los consumistas, sus cantantes, deportistas, porque son las imágenes que el capitalismo proyecta y los jóvenes quieren una razón de vivir, todos nosotros la queremos, y es una disputa permanente entre quienes quieren llevar a los jóvenes a su redil.

Pero no es fácil vivir en un mundo en el que el neoliberalismo proclama que la utopía está muerta, que la historia ha terminado, que no hay esperanza ni futuro, que el mundo siempre va a ser capitalista, que siempre va a haber pobres, miserables, y ricos, y que, como en la naturaleza, siempre va a haber día y noche y eso no se puede cambiar.

¿Pero cómo se resuelve un problema como ese, como en el caso de Argentina, donde hay decenas de partidos y una división atroz?, preguntamos y responde con una conceptualización política.

La derecha se une por interés, y la izquierda por principios, y cuando la izquierda pierde los principios, ahí está el lío.

Qué izquierda esta, afirma, que en Brasil admite corrupción, que hace políticas de ajuste fiscal para penalizar a los pobres y favorecer a los ricos. Entonces, cuando la izquierda viola el horizonte de los principios y va por los intereses, le hace el juego a la derecha.

En Brasil hay una frase definidora: "con esta izquierda no necesitamos tener la derecha porque ya está". Hay gobiernos progresistas pero con una tremenda corrupción y creen que se puede movilizar a un pueblo a través de consignas. No es así.

¿Cuál es la salida entonces?, preguntamos.
La tarea de la izquierda es movilizarse en la línea de una alta formación política y por ese camino es que debemos trabajar.

A corto plazo no hay salida, a corto plazo es que Cuba logre cómo establecer buenas relaciones con Estados Unidos y administrar bien la suspensión del bloqueo sin tornarse vulnerable a la seducción capitalista.

Eso es lo que me preocupa cuando veo a jóvenes irse del país para aprovechar la ley de ajuste porque es señal de que la gente está corriendo contra el tiempo para tornarse ciudadano de Estados Unidos porque en el momento en que termine el bloqueo esa ley va abajo. Pero Cuba tiene que preguntarse por qué jóvenes formados en la revolución quieren ser ciudadanos de Estados Unidos.

Esa visión suya de un asunto al que el gobierno cubano presta la máxima atención sirve de entrada para abordar uno de sus temas preferidos: el quiebre de los sueños.

El peligro que hay aquí, dice, es que la revolución la ven esos jóvenes como un hecho del pasado y no un desafío del futuro, y cuando la gente la ve como un hecho del pasado ya mira las cosas no por sus valores, por su horizonte revolucionario, sino por el consumismo también: quiero tener esto, lo otro, todas las cosas, y entonces aquí no pueden ahora, estiman que demora mucho y ven solo a aquellos pocos a quienes las cosas les han ido bien afuera.

El socialismo, asegura, ha cometido el error de socializar los bienes materiales, y no socializó suficientemente los bienes espirituales, porque un pequeño grupo podía tener sueños de cosas distintas que se podían hacer, y los demás los han tenido que aceptar.

El capitalismo lo hizo al revés, socializó los sueños para privatizar los bienes materiales. Miras la telenovela de O Globo, socializó los sueños, una familia está en la favela pero con el sueño de que un día será como esa heroína de la novela, yo también voy a llegar al mundo de los ricos ,y eso es el opio de los pueblos.

Es algo que el capitalismo descubrió para garantizar los bienes, no para compartirlos ni sacarlos de los sueños. Todos deben soñar y que cada uno alimente esa esperanza de que un día podrá ser también rico, un Pelé, una Lady Gaga, un Michael Jackson es su propuesta.


Y ahí llega el sufrimiento de los jóvenes que ponen en su vida cuatro cosas: dinero, fama, poder y belleza, y cuando no alcanzan ninguno de esos parámetros van siempre a los ansiolíticos, las drogas, viene la frustración de los falsos valores, la cual viene siempre desde donde hemos puesto nuestra expectativa.

Prensa Latina.

sábado, 23 de enero de 2016

Lo que está ocurriendo en Haití es una auténtica rebelión popular antiimperialista.

Por Carlos Aznárez

Resumen Latinoamericano, 23 de enero 2016.- Puerto Príncipe y otras ciudades de Haití son hoy el escenario de la más grande rebelión popular de las últimas décadas de la sufrida nación haitiana.  Decenas de miles de manifestantes se han lanzado a la calle para demostrar su repulsa contra el actual gobierno presidido por Michell Martelly, que había decidido, contra el pensamiento de la gran mayoría, mantener la fecha del domingo 24 para realizar una "mascarada electoral", tal cual la califican los partidos opositores. Sin embargo, un griterío ensordecedor comenzó a subir desde los rincones más pobres de la ciudad e incluso invadió con inusitada violencia las calles residenciales de Petion-Ville: es pueblo en toda la magnitud de su capacidad de resistencia, haciendo honor a sus orígenes independentistas y anti-esclavistas de 1804, que se ha puesto de pie para generar una ofensiva antiimperialista y escribir en las páginas de su propia historia un descomunal:
“¡¡Basta!!”.

-Basta de utilizar el territorio haitiano como un laboratorio invasivo por parte de Estados Unidos y sus aliados. -Basta de tropas invasoras de la Minustah, que muy por el contrario de lo que enuncian sus promotores cuando hablan de “ayudar al pueblo haitiano y ejercer una misión humanitaria”, todo lo que ha dejado su accionar es represión, ocupación, violación de niños y niñas por parte de soldados entrenados para matar, transmisión del cólera, cuya epidemia causó decenas de miles de muertos.

-Basta de complicidad latinoamericana con las tropas invasoras de las Naciones Unidas. -Basta de la burla e hipocresía internacional, derivada de las vergonzosas "misiones de ayuda", encabezadas por el genocida norteamericano Bill Clinton, que solo persiguen afianzar aún más los lazos de dependencia y dominación del pueblo haitiano.

Es por ello que durante las últimas semanas Haíti se fue convirtiendo en un escenario claramente pre- revolucionario, produciéndose estos últimos días una masiva rebelión popular. Frente a la tozudez criminal de Martelly y sus secuaces de querer que el acto electoral se realizara de todas maneras, y la tibia y epistolar respuesta de la partidocracia opositora (salvo honrosas excepciones), miles de jóvenes decidieron tomar el futuro en sus manos y en grandes oleadas comenzaron a recorrer las calles, primero pacíficamente, levantando consignas contra el Consejo Electoral y pidiendo la renuncia del Presidente. Frente a la brutal represión policial y de las tropas de la Minustah, quienes se movilizaron comenzaron a ejercer, en respuesta, la lógica y necesaria violencia popular. Esa que cuando surge, en las circunstancias límites (y esta, vaya si lo es) siempre provoca reacciones de repudio en los sectores oligárquicos y pequeño burgueses (incluso en algunos sectores de cierta izquierda boba) que no pueden comprender que la paciencia de los pueblos tiene límites muy claros. En el Haití de hoy, todo lo que haga el pueblo en su autodefensa, frente a políticos venales y uniformados invasores, está más que justificado.

Los ejemplos de estas últimas horas son contundentes: Estudiantes, trabajadores y luchadores de todas las generaciones atravesaron a la carrera el bulevard La Saline. luego irrumpieron en el barrio Bel-Air y en la ruta Delmas, al grito de “Martelly se tiene que ir. Nosotros somos el gobierno”. En la plaza Saint-Pierre la policía y no pocos cascos azules de la Minustah atacaron a la multitud con gases, balas de goma y chorros de líquido irritante para la vista y la piel, pero los jóvenes no cedieron y comenzaron a levantar barricadas y a encender neumáticos en los cortes de calle. Las bombas molotov, las piedras y otros objetos similares, eran la respuesta a la violencia de los uniformados que convirtieron en pocos minutos el clima irrespirable por los gases en un verdadero pandemónium.  Coches incendiados, locales del partido oficialista destruidos y el boca a boca advirtiendo que “nadie abandone las calles, somos el poder popular”. Cuando un grueso de los manifestantes invadieron con sus cantos y protestas el bastión “martellista” de Petion-Ville, los comerciantes cerraron sus puertas y algunos energúmenos ligados al partido de Martelly golpearon a un joven, que fue defendido rápidamente por otros, mientras la ira popular se desató en toda su magnitud contra vehículos y algunos establecimientos oficiales.

Fue en ese preciso momento, que una noticia recorrió cada una de las manifestaciones como un reguero de pólvora: “el gobierno ha decidido no realizar los comicios el 24 por razones de seguridad”. El estallido de alegría atronó en todo el territorio, y se redoblaron las consignas que exigen que Martelly abandone el cargo. “Mientras él no renuncie, nadie se irá a su casa”, gritó subido al techo de un vehículo uno de los luchadores haitianos. Y miles de brazos se levantaron haciendo la V de la victoria.


Así está el panorama por estas horas, a pesar del ninguneo y la tergiversación mediática, en una nación a la que América Latina y el Caribe le deben tanto. Entre otras cosas: los vientos libertarios de 1804 que iluminaron las luchas independentistas posteriores.  Ahora, lo que hace falta, es que en cada uno de los países donde los malos gobiernos impulsaron invadir Haití con tropas latinoamericanas, se haga todo lo posible para que esa vergüenza concluya de una buena vez.  Y que a cambio, las organizaciones populares del continente eleven su solidaridad concreta con quienes en las calles están peleando con todos los medios a su alcance por la definitiva independencia.

martes, 12 de enero de 2016

Oportunidad para la revolución, puesta en bandeja.

Javier Del Valle Monagas Maita

      Pasa, que generalmente pasamos años tras años, incluso siglos.  Activando política, ideológica y hasta militarmente. Para crear las condiciones apropiadas para generar los cambios sociales que den al traste con la dominación de las elites en sus diferentes etapas históricas.  Cuando al fin se logra, entonces las revoluciones nacen y así sigue la dinámica hasta fortalecerlas.  El asunto es: que si no se lleva una continuidad o una dialéctica que nos sirva de guía. Se corre el riesgo del estancamiento y el fácil retorno de los enemigos al poder.  Debemos recordar que el tiempo y la memoria juegan en contra de las revoluciones. Por aquello, de que las nuevas generaciones que no vivieron y sintieron el horror del pasado y la barbarie de las oligarquías, no se dan por enteradas y afectadas.  Si a eso sumamos el descuido del uso de la comunicación permanente y la educación histórica inductiva, manteniendo fresco siempre ese pasado de terror y tortura. Hacemos que diez años se conviertan en cien años de olvido y por lo tanto ponemos el retorno del mal muy fácil.

Debernos tener claro, que la gran fortaleza del enemigo imperial colonialista radica en la disposición y buen uso para su beneficio del aparataje mediático, llegando incluso a crear realidades alternas a la verdad, sustituyéndola por maquillajes fantasiosos y concepciones erróneas, que sirven la imponer anti valores y conductas contrariaras al deber ser.
      
Aunque parezca risible decirlo, debo aclarar que comunicación no es solo hablar, prensa, radio, televisión. También lo es el cine y sus contenidos que pueden ser reales o distorsionados.  También lo subliminal manipulado, según los intereses, sean honestos o de imposición: es la inducción sicológica, de odio, amor, paz, guerra, coloniaje, liberación, terror alegría, armonía, presión.  Haciendo que esos conceptos puedan ser captados y digeridos por las mentes humanas según lo quieran imponer sus inductores.
    
Dicho lo anterior.  Veo con mucha claridad que a esta revolución bolivariana le han puesto casi como regalo, la oportunidad de fortalecerse. por eso dije el 7 D lo que se lee en http://planetaenpeligro.blogspot.com/2015/12/trampa-la-mud-y-al-sion-imperio.html (No lo digo por jactancia o vanidad) Si no, por percibir en el ambiente  el nacimiento de las condiciones optimas para que esta revolución se radicalice y asuma los papeles necesarios,  para con fuerza. Desplazar a la burguesía de los espacios de poder  que aun tiene y que son muchos, que no se desperdicie como perdimos aquella ocasión del retorno del líder el 14 de abril en la madrugada del 2002.  No es tarea fácil, pero es una acción obligadamente necesaria de emprender.  Ningún proceso de cambio político - social, se consolida sin la fuerza del pueblo armado.  Mas aun, si se tiene a un enemigo que nunca a escatimado en el uso de la fuerza, el terror y el crimen para sus objetivos.
     
No voy a caer aquí en señalar culpables de fracasos o victorias electorales.  Solo destaco lo oportuno que es el momento en sus características para que se asuman acciones contundentes para avanzar ¿Qué el Sion imperio va a atacar? Si ya somos blancos de ataques, es que acaso saquearle los bolsillos al pueblo y el acoso terrorista sicológico y físico no es un ataque criminal. ¿Creen que la guerra económica y sicológica ya se acabó con la juramentación de los monigotes piti yanquis  en la asamblea nacional?  No señores, la agresión continuará y se fortalecerá. El objetivo  Sion imperial, no es esa asamblea, ni siquiera el gobierno en si.  Es ocupar a Venezuela y expoliarla en su totalidad, sin importar la gente.  Lo que le espera a esta nación de la mano de los payasos al servicio del capital sanguinario mundial, es mas que sangre sudor y lagrimas.  Al menos si hemos de pagar una cuota de esos pesares, que sean para nuestro provecho y para mal del enemigo.  Si asumimos la acción iniciativa nosotros, el sufrimiento será menor y el pesar del enemigo será mayor. No tenemos alternativa. O somos nosotros, o son ellos.  En todo caso, la inacción juega en nuestra contra. No pretendo ser alarmista.  Solo soy realista. Solo debemos ver el panorama mundial para entender.  Es nuestra lucha.  No esperemos que otros la libren por nosotros.  Los apoyos, solidaridades y amigos son bienvenidos. Pero nosotros los venezolanos, somos los que debemos dar el paso necesario para no lamentarnos luego.  Hoy tenemos fortalezas, armas y masas.  Mañana ¿Quién sabe?
      
Con sus aciertos y errores, Maduro es la Revolución.  Sumemos, no restemos.  Las apetencias egoístas se deben enterrar. Si no,  los entierra el Sion imperio ¿Qué prefieren? Aprovechemos el momento.

¡VENCEREMOS!

martes, 5 de enero de 2016

Problemas de la política económica progresista.

Gustavo Codas

La reciente derrota del kirchnerismo en la Argentina y las dificultades político-económicas por las que atraviesan otros países gobernados por fuerzas de izquierda (Venezuela, Brasil, Ecuador), han estimulado la tesis del fin del ciclo progresista iniciado en 2003 en América Latina.

Eso fue saludado tanto por la derecha que cree que se abre un nuevo período de “tiempos conservadores” – para usar la denominación que el ecuatoriano Agustín Cueva dio al ascenso neoliberal en los ´80 – pero también por diversos sectores de la izquierda críticos del progresismo por motivos diferentes tales como:  (i) su falta de voluntad de hacer una transición al socialismo o (ii) el uso de recursos del extractivismo para financiar las políticas sociales o (iii) lo que consideran serían rasgos autoritarios frente a los sectores populares que le hacen oposición.  Aquí vamos a trabajar una tesis diferente, que reconoce impasses en la estrategia progresista – en general, resultantes de sus éxitos sociales en un contexto adverso del capitalismo globalizado – a la vez que apunta  a las potencialidades para seguir hacia adelante.

Políticas comunes

Hay que partir reconociendo una gran heterogeneidad que dificulta el tratamiento de los problemas desde un punto de vista general.  En el mismo ciclo están incluidos “pequeños países periféricos” (ej. Bolivia, El Salvador, Nicaragua) hasta uno del grupo de los “emergentes” (el caso de Brasil) pasando por otros considerados intermedios, en tamaño e industrialización (como Argentina y Venezuela).

Sin embargo, hay rasgos comunes relevantes.  En casi todos los casos hubo un rescate del papel económico del Estado.  El menú ha sido variado: nacionalizaciones de empresas transnacionales, fortalecimiento de empresas que habían permanecido públicas; mayor presión fiscal para capturar una parte adicional de las rentas extraordinarias de empresas productoras-exportadoras de commodities agrícolas, minerales o energéticas;  reglas más rigurosas en las concesiones de servicios públicos al sector privado, entre otras medidas.

En general, esos países desarrollaron fuertes políticas sociales buscando retirar directamente de la extrema pobreza a segmentos importantes de la población con resultados significativos e inéditos en términos históricos.  Y verificaron una disminución de la desigualdad en la distribución del ingreso monetario – única región del mundo que registró ese fenómeno en el período que estamos tratando –.  Hubo países con aumentos de salarios reales – o sea, por sobre la inflación registrada – y por encima de los aumentos de la productividad del trabajo.

Fases del ciclo económico

En términos económicos, el ciclo debe ser desglosado en, por lo menos, tres fases: (i) hasta el 2008, cuando hay condiciones externas muy favorables – entre otras, el denominado “superciclo” de commodities, que se reflejó en mejoras substanciales de los términos de intercambio del comercio exterior de la región.  Luego, (ii) el primer momento de impacto de la crisis del capitalismo desarrollado que tiene su epicentro en EE.UU. y Europa al que los países progresistas latinoamericanos responden con medidas contra-cíclicas con buenos resultados.  Finalmente hacia 2012-13, (iii)  hay un agotamiento de esa respuesta que combinada con una reversión de los precios del mencionado “superciclo” constituyen el terreno de la disputa que hoy está en curso.  Esta tercera fase registra no solo problemas de desaceleración fuerte llegando a la recesión, como también reflejos en el empeoramiento de la situación social – por ejemplo, vuelve a crecer en números absolutos el total de pobres extremos –.

Hay un “telón de fondo” de esas fases que atraviesa el ciclo progresista: la globalización económica capitalista que alcanzó desde los años 1990 niveles inéditos, históricos, resultado de los “trabajos de Hércules” emprendidos por el neoliberalismo en respuesta a la crisis general capitalista de los años 1970.  Se abrió un nuevo escenario de mayor liberalización del comercio en todos los países que se tradujo rápidamente en las estrategias de deslocalización productiva que permitían a las empresas migrar las inversiones al país que ofrecía más bajos costos – impositivos y laborales – desde donde se podría vender a cualquier mercado alrededor del mundo.  Un viejo comunista europeo sintetizó el siglo XX así: “lo que (el miedo a) la URSS nos dio en la post Segunda Guerra Mundial  (el Estado de Bienestar), la (competencia de bajos costos de) China nos lo quitó en los años 1990-2000”.  Pero la globalización no fue sólo de la producción (la aclamada “fábrica mundial”) sino del  comercio (con sus tratados de libre comercio y la OMC). 

El gobierno de los EE.UU. tomó una serie de medidas desde inicios de los años 1970 e impuso a través del FMI y el Banco Mundial otras tantas que resultaron en lo que conocemos hoy como la “financierización” capitalista.  Un crecimiento monstruoso de la dimensión financiera – con mercados que especulan con tasas de cambio, tierras, inmuebles, producción futura de commodities, acciones de compañías, expectativas en relación a esas acciones, etc.  – en una frenética escalada que no corresponde a la economía capitalista real, sus tasas de lucro, etc.  Esa riqueza financiera provoca periódicamente “burbujas” especulativas de las que los gobiernos deben salvarlas – como quedó patente en la crisis del 2008 –.  Vivimos un período histórico donde en el capitalismo mundial no hay un “modo de regulación” que  tienda mínimamente a estabilizarlo – como fue el fordismo-keynesianismo en los “30 gloriosos años” de la post guerra –.

Progresismo y globalización

Considerando que todos nuestros países mantuvieron su inserción en el mercado mundializado, ¿es posible desarrollar políticas económicas progresistas – como las reseñadas arriba – en ese contexto de globalización capitalista?

Hasta los años 1980 era posible que un país definiera un patrón diferente de desarrollo y acudiera a la URSS en busca de tecnología, mercado y apoyo para inversiones.  El desarrollo del socialismo en Cuba desde los años 1960 estuvo marcado por esa  opción.  En 2006 defendimos la tesis de que la integración regional podría ser un sucedáneo a la ausencia de la retaguardia estratégica de la URSS que había desaparecido en 1991[1].  Esa estrategia avanzó – en relación al histórico latinoamericano – pero fueron progresos insuficientes o lentos en relación a las necesidades urgentes de nuestras economías – nos referimos al comercio intra-regional con monedas nacionales, el Banco del Sur, la complementación productiva regional, entre otras iniciativas de una “nueva arquitectura” regional.

Pero volvamos a la pregunta sobre política económica del progresismo en la globalización.  En 1966 el economista marxista heterodoxo polaco M. Kalecki afirmaba, en un artículo titulado “La diferencia entre los problemas cruciales de las economías capitalistas desarrolladas y subdesarrolladas”, que en el primer caso se trataba de la “adecuación de la demanda efectiva”, mientras que en el segundo sería “el aumento  considerable de la inversión (…) para acelerar la expansión de la capacidad productiva indispensable al rápido crecimiento de la renta nacional”.

El progresismo trató de resolver el desafío kaleckiano con un mix de utilización de divisas del boom de las exportaciones, aprovechamiento fiscal de las rentas extraordinarias del superciclo y atrayendo a capitales internacionales.  Pero, al mismo tiempo, y esto fue un diferencial del período, buscó hacer del mercado interno (o regional) de masas, impulsando mejores estándares socio-laborales y la expansión de políticas sociales dirigidas a los más pobres, la principal palanca de la demanda efectiva.  El ciclo progresista invirtió el adagio conservador  (de “hacer crecer la torta para luego repartirla”) afirmando que era necesario y posible “distribuir para crecer”.  Lo hizo.

Necesitaríamos realizar un análisis más detallado de cada caso nacional.  Pero, si hablamos del país con mayor peso y liderazgo en la región, el Brasil, fue de esas fuentes de recursos que vino el estrangulamiento, cuando cambió el mercado mundial de commodities y los capitales decidieron presionar contra las medidas gubernamentales que reducían sus tasas de lucro – y favorecían a los trabajadores –.  Fue en ese momento, hacia el 2013, que las medidas contra-cíclicas dejaron de funcionar y el país cayó en la estagnación – mientras el gobierno buscaba mantener en expansión el mercado interno –.  La respuesta de los industriales paulistas a la continuidad de los esfuerzos gubernamentales contra-cíclicos fue convertirse en importadores de manufacturas provocando un gigantesco déficit en la balanza comercial industrial.  Bajo el ropaje de dilemas de la política económica se trataba de pura lucha de clases en torno a la tasa de lucro de las empresas, es decir, a la apropiación del producto neto de la sociedad que a lo largo del ciclo progresista había sido favorable a los trabajadores (a fines del 2014 el país todavía tenía la tasa de desempleo más baja de su historia)[2].

Profundizar el debate

No es posible una estrategia progresista con los resultados sociales y laborales como los antes reseñados sin alterar la relación entre nuestros países y el mercado mundial globalizado, porque éste es el escenario construido por las fuerzas del capital a lo largo de décadas de iniciativa neoliberal sobre la derrota de los trabajadores y para continuar derrotándolos.  Pero por las características capitalistas periféricas y dependientes de nuestros países se hace necesario que tal respuesta sea dada con procesos de integración regional – justamente una de las materias pendientes del ciclo – para tener peso en las disputas políticas globales y escala en la estrategia económica.  Parafraseando otro debate ocurrido hace ya casi cien años: “no es posible el progresismo en un solo país”.

No estamos en los años 1980 para que vuelvan los sombríos “tiempos conservadores”.  El pueblo y sus organizaciones han probado que es posible mejorar las condiciones de vida y trabajo de las mayorías.  La derecha que ha asomado ruidosamente la cabeza no tiene un programa económico alternativo al del progresismo capaz de conquistar a la población – aunque en una primera elección se puede beneficiar del desgaste de los impasses progresistas, acto seguido no consigue mantener la adhesión popular con sus recetas retrógradas –.  Todo indica que a Macri en Argentina le espera el camino del acelerado desgaste sufrido por Sebastián Piñera, en Chile y Horacio Cartes, en Paraguay, que de empresarios exitosos y profetas neoliberales eufóricos terminan como políticos fracasados.

Las izquierdas, para retomar la iniciativa, deben profundizar el debate estratégico más allá de la gestión macroeconómica de corto plazo y responder la cuestión de cómo conseguir un “aumento  considerable de la inversión” continuando la estrategia de “distribuir para crecer” en la actual coyuntura histórica capitalista. 


- Gustavo Codas es economista paraguayo.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Feliz 2016.



Feliz año a todas y todos los compañeros que han hecho posible la realización de este espacio.

Feliz 2016.